Su personaje en "Salt", que promocionará la próxima semana en Washington para su estreno el 23 de julio en EU, es el de una agente de la CIA acusada de pertenecer a un programa secreto para infiltrar a espías desde niños en el país.
Washington, EU.- La ficción y la realidad parecen haber coincidido en el momento ideal para la última película de Angelina Jolie, que a pocas semanas de su estreno encuentra en los titulares periodísticos su argumento principal: supuestos espías rusos "americanizados".

Su personaje en "Salt", que promocionará la próxima semana en Washington para su estreno el 23 de julio en EU, es el de una agente de la CIA acusada de pertenecer a un programa secreto para infiltrar a espías desde niños en el país, con el fin de que asimilen sus costumbres y se conviertan en "súper espías".

La historia y la detención el pasado 27 de junio de diez supuestos agentes secretos a las órdenes de Rusia en suelo estadounidense comparten tantas similitudes con la película que perece la estrategia de marketing perfecta.

Y es que los ecos de la Guerra Fría en el caso real han rellenado páginas de periódicos y minutos de televisión en los medios de comunicación estadounidenses, que han rebuscado entre los documentos judiciales para desvelar las intrigantes vidas de los detenidos.

Las averiguaciones muestran a los supuestos agentes en su día a día adaptados como cualquier ciudadano del país, con años de vida familiar y profesional al más estilo estadounidense y el típico matrimonio que acompañaba a sus hijos a la parada del autobús en las urbanizaciones de las afueras de la ciudad.

Sin embargo, todo apunta a que su destino era dictado desde Moscú, según la Agencia Federal de Investigaciones (FBI) que les ha seguido la pista durante años, y buscaban introducirse sutilmente en los círculos políticos o económicos de alto nivel.

Aún así, sobre todos ellos no penden acusaciones por espionaje ni tampoco por haber obtenido material clasificado, sino por "conspirar para actuar como agentes de un Gobierno extranjero sin informar al Departamento de Justicia" de EEUU, y algunos, además, de blanqueo de capitales.

Los parecidos del personaje de Jolie con esas vidas sorprenden, sobre todo, con la de una de las detenidas, Anna Chapman, cuyas fotografías han ocupado la portada de muchos tabloides neoyorquinos y es descrita como la "matahari pelirroja".

Al igual que el personaje que interpreta la actriz, esta "espía" cambiaba su color de pelo, de rojo a moreno, y era "una agente entrenada a alto nivel", según explican los fiscales citados por el periódico "New York Daily News".

Mientras la justicia revisa las pruebas y prepara las audiencias que se celebrarán en distintas ciudades, el equipo de comunicación y prensa de "Salt" prepara la presentación a la prensa de la película en Washington con un "tour de espías" por los rincones secretos de la capital donde se han rodado parte de las escenas.

De hecho, en su convocatoria a la prensa, los publicistas tampoco olvidaron añadir una noticia del caso de los espías para abrir boca a un recorrido que acabará con una rueda de prensa en el Museo Internacional de los Espías, que contará con la participación de ex agentes de la KGB, la mítica agencia de espionaje soviética.

La historia del cine guarda muchas otras coincidencias entre la realidad y la ficción, pero no todas ellas han ayudado a promocionar los filmes.

Entre las más recientes de estas coincidencias fatídicas, está "Collateral Damage", una película de acción de Arnold Schwarzenegger sobre un ataque terrorista en los Estados Unidos que iba a estrenarse en octubre de 2001.

El atentado a las Torres Gemelas del 11 de septiembre en Nueva York de ese año obligó a los productores a cambiar el tráiler de la cinta y retrasó su llegada a los cines a febrero de 2002.

Curiosamente, la productora de "Salt", Columbia Pictures, estuvo a punto de tener que lidiar con un episodio parecido en 1979, cuando estrenó "The China Syndrome", una película sobre un desastre nuclear.

Aquella vez contó de nuevo con la misteriosa suerte de que el estreno fue doce días antes -y no después- de un fatal accidente en la estación nuclear de Pensilvania, Three Mile Island.

Por descontado, su estrategia giró entonces en la dirección contraria a la de la película de Jolie y los productores huyeron de las analogías y hasta cancelaron entrevistas y apariciones en televisión de actores como Michael Douglas y Jack Lemmon.