Con fogatas se dan calores habitantes de tejabanes en Saltillo

Saltillo
/ 12 enero 2021

Decenas de familias duermen en chozas donde es lo único que les da calor... aunque podría ser letal

Leña quemándose en un tambo, calcetas como guantes y té de laurel, es con lo que hacen frente al frío decenas de familias que habitan en las faldas de la sierra.

El termómetro desciende a dos grados centígrados bajo cero en las faldas de la sierra, al oriente de la ciudad donde los hogares con techos de láminas y paredes de cartón se convierten en un congelador con temperaturas bajo cero en su interior.

Las paredes de sus casas están cubiertas con cobijas, colchas y hules sobre cartón para evitar que se remojen con la niebla; la hoguera de leña se enciende al centro y el café hierve, cuando hay buena venta de chatarra, cuando no, solo té de manzanilla o laurel.

Así pasan los días gélidos los habitantes de la colonia Cerrito de la Cruz, Ampliación Morelos y Nueva Mirasierra, donde sus techos humean con calentadores de leña, aunque también queman trozos de madera, cartón, palos de escoba, carbón, basura y hojas de tamal.

“Lo prende uno en ratos cuando está muy helado el aire (un tambo de basura con maderas) pero ya en la noche no hay forma de calentarse y pues ya que de perdido el humo se quede adentro o la llama bajita”, comenta Doña Guillermina Flores, sin considerar los riesgos al despedir gases tóxicos sin olor que se acumulan, y ante la falta de ventilación, te intoxica o asfixia.

Recolectan el hule y lonas de plástico, con eso cubren los techos de tablas y las ventanas, cubren sus macetas en un rincón de la casa, guardan a sus mascotas bajo la cama y lavan la ropa solo cuando sale el sol.

“No hay de otra, no hay trabajo, no hay comida y ahora el frío, le ponemos cartones a la lámina pero es muy fría, haga de cuenta un congelador”, expresó la habitante del sector, quien se niega a dejar su hogar para refugiarse en un albergue, por el temor a ser despojada del terreno o perder sus pocas pertenencias.

Niños que visten chanclas y sudaderas, recorren la colonia en bicicleta para buscar alimento o “patrullar” la zona en caso de que algún benefactor acuda con regalos, alimentos o ropa.

Los ingresos de sus familias no alcanzan para tres comidas al día, sino una que muchas veces se reduce a un huevito con tortilla y “chetos” con salsa, por la tarde.

Durante los últimos días al menos tres eventos donde se ve involucrada la muerte, la intoxicación o pérdida total de una vivienda entre brasas, aparecen en las portadas de noticias policiacas, sin que esto represente una alarma para que los habitantes de la periferia apaguen el fuego que hasta hoy, los mantiene vivos durante el invierno.