Salvador Hernández Velez
En una entrevista, Uday Al Zaidi; uno de los organizadores de las revueltas en Irak en 2011, y que desde ese año vive casi en la clandestinidad, a salto de mata; declaró que no duerme más de tres noches seguidas en el mismo lugar, que ha sido torturado y arrestado en nueve ocasiones.
En una entrevista, Uday Al Zaidi; uno de los organizadores de las revueltas en Irak en 2011, y que desde ese año vive casi en la clandestinidad, a salto de mata; declaró que no duerme más de tres noches seguidas en el mismo lugar, que ha sido torturado y arrestado en nueve ocasiones.

A pregunta expresa de Olga Rodríguez del El Diario, de España, a través de Skype: ¿Cuánto tiempo hará falta para que Irak se recupere de los efectos de la ocupación y la guerra? Contestó:  "Las heridas de los iraquíes no cicatrizarán fácilmente. Los trágicos resultados de la invasión afectarán a generaciones enteras, se necesitará todo un siglo para la recuperación de Irak. Las terribles consecuencias durarán todo un siglo, porque nos ha dejado con millones de muertos y heridos, con millones de viudas y huérfanos, con una infraestructura prácticamente destruida, con la ignorancia y el analfabetismo expandiéndose por el país, que se ha quedado sin casi tejido social, sin posibilidad de ofrecer una buena vida a nuestros jóvenes" ¿Valió la pena la guerra de Estados Unidos contra Irak?

Durante los años del panista Felipe Calderón, el País sufrió una guerra social, a consecuencia de la guerra declarada al narcotráfico, cuyo costo en vidas humanas ronda ya los 100 mil muertos, la mayoría pobre y joven. Mientras la sociedad se encuentra presa de incertidumbre sobre el futuro de las familias, y se habla de más de 70 millones de mexicanos viviendo en la pobreza, nos preguntamos: ¿cuándo acabará?

Con la esperanza puesta en que esto termine pronto, también surge en muchas de nuestras mentes el cuestionamiento: ¿En cuánto tiempo nos recuperaremos de los efectos de la guerra contra el crimen organizado? Ahora padecemos una decisión con una pésima estrategia. ¿Felipe Calderón y sus asesores alguna vez se preguntaron qué consecuencias acarrearía la aventura de declararle la guerra a los delincuentes? ¿O simplemente fue una acción de legitimación, dado el desgaste político con el que llegó a gobernar como Presidente?

En medio de las crisis de todo el planeta, la recuperación de nuestro País para regresar a los niveles de estabilidad y de seguridad que percibíamos antes del inicio de la administración de Calderón en el 2006, se llevará seguramente un período mayor al que dure la guerra contra la delincuencia.

En Coahuila, en los años ochenta la Universidad Autónoma de Coahuila atravesó por una crisis de violencia, secuestrada por grupos porriles que, desde el Gobierno, fueron solapados por funcionarios irresponsables. Dichos grupos violentos, en el caso de las escuelas y facultades de Torreón, vivían en algunos de los recintos universitarios. Asaltaban a plena luz del día a los integrantes de la comunidad universitaria y se escondían en los recintos de la propia universidad después de cometer sus fechorías en establecimientos y gasolineras de la ciudad.

La voluntad política del maestro Remigio Valdés Gámez permitió sentar las bases para el restablecimiento del orden y la institucionalidad de la vida académica. Pero regresar a la Universidad al cumplimiento de los objetivos sustantivos de la misma: docencia, investigación y extensión universitaria, llevó varios años, fue tarea de los siguientes rectores.

Una estrategia equivoca, preocupada sólo en el control de la Universidad, condujo a la misma a una situación de inestabilidad y violencia. La universidad ha sabido sortear los retos y desafíos que le impone el desarrollo del País. Se funda en 1957 y, 15 años después, los universitarios lucharon por su autonomía, respondiendo a las exigencias de su tiempo. Luego, en los ochenta enfrentaron el porrismo.

Los países en el mundo pasaron, en la década de los noventa, de una economía cerrada a una de libre competencia y de globalización. Hoy la hiperglobalización y el gran desarrollo tecnológico que estamos viviendo, exigen que la universidad plantee cómo va a abordar esta nueva circunstancia.

Los egresados, además de su licenciatura y otras habilidades, deben acreditar al menos dos idiomas, porque así lo demandan las plazas del mercado laboral diseminadas por el mundo. Entre los egresados de mi generación del Tecnológico de La Laguna, algunos de nuestros hijos laboran fuera del País. En mi caso, tengo ahora dos hijos trabajando en China. Si la universidad no afronta su circunstancia en el mundo global, ¿qué consecuencias tendremos que enfrentar en los años siguientes? ¿Ninguna?

jshv0851@gmail.com