Leonardo del Cio
1 Comience desde la infancia, dando a su hijo todo lo que pida. De esta manera, crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece, y siempre se sentirá con el derecho de exigir todo lo que se le antoje.

2 Nunca se preocupe por su educación ética o espiritual. Que él se imagine lo que quiera acerca del bien y el mal. No lo presione, espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

3 Cuando su pequeño diga las primeras leperadas, festéjeselas. Esto lo animará, a hacer cosas cada vez más "graciosas".
1 Comience desde la infancia, dando a su hijo todo lo que pida. De esta manera, crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece, y siempre se sentirá con el derecho de exigir todo lo que se le antoje.

2 Nunca se preocupe por su educación ética o espiritual. Que él se imagine lo que quiera acerca del bien y el mal. No lo presione, espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

3 Cuando su pequeño diga las primeras leperadas, festéjeselas. Esto lo animará, a hacer cosas cada vez más "graciosas".

4 Nunca lo regañe, ni le diga que está mal en algo de lo que hace, podría así crearle indeseables complejos de culpabilidad.

5 Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así su pequeño se acostumbrará a echarle la responsabilidad a los demás, de su desordenada existencia.

6 Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.

7 Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño. Así a él no le dolerá demasiado, el día en que la familia quede destrozada para siempre. Total, la violencia intrafamiliar actualmente está tan de moda.

8 Déle todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es imprescindible trabajar. Hágalo sentir merecedor, sin serlo. Prémielo sin que haya sudado, sin haberse esforzado.

9 Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres, incluyendo por supuesto las drogas, el tabaco y el alcohol. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

10 Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos, incluyendo a la policía, tan solo tienen prejuicios contra su hijo, y que únicamente desean fastidiarlo.

Cuando con el paso de los años, y de manera inevitable su pequeño se convierta en un delincuente, por favor, no olvide implorar a los cielos:

 

- ¡Dios Mio! ¿Qué hice para merecer esto?

Emilio Calatayud, juez de menores en Granada, España. Autor del libro: "Reflexiones de un juez de menores"

leonardodelcio@hotmail.com

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