Carlos Manuel Valdés
De tiempo en tiempo uno se pregunta por la veracidad de las noticias y frecuentemente uno se responde que fue un ingenuo al creer en lo que los políticos estaban informando y, entonces, viene la siguiente interrogación preguntándose si las palabras significan algo conocible; es decir, si al menos podemos tener la certeza de la lengua. Pero no, desgraciadamente no. Lo que significan las palabras, de acuerdo al diccionario castellano no me aclara lo que debo entender al escuchar o leer a los políticos.
De tiempo en tiempo uno se pregunta por la veracidad de las noticias y frecuentemente uno se responde que fue un ingenuo al creer en lo que los políticos estaban informando y, entonces, viene la siguiente interrogación preguntándose si las palabras significan algo conocible; es decir, si al menos podemos tener la certeza de la lengua. Pero no, desgraciadamente no. Lo que significan las palabras, de acuerdo al diccionario castellano no me aclara lo que debo entender al escuchar o leer a los políticos.

Enrique Peña Nieto nos lanzó a la incertidumbre si del español se trata. Sus palabras pueden significar lo que dicen, evidentemente, pero también lo contrario. Sucede que un linda criatura de nombre Paulette murió y su desgraciada muerte trastornó los espíritus de la nación (todos nos conmovemos ante el dolor ajeno y más cuando de un niño se trata); sin embargo, al infortunio siguió la marrullería y a través de un pavoroso caso (Lorenzo Blanco, dixit) quedamos todos preguntándonos: "si así hace las cosas hoy, ¿qué no hará una vez colocado en el trono?".

Veamos. Peña nos dice que los partidos políticos opuestos al suyo fueron los que lucraron con la desgracia ajena. No, me parece que no. Se equivoca, yo leí lo mismo que él y considero que mis inquietudes son las de todos o demasiados mexicanos, incluyendo a algunos priístas que tienen cierta independencia de criterio.

Los lectores juzgamos el caso no porque hayamos leído el expediente judicial; eso es imposible, sino por los datos que el mismo procurador fue entregando a la prensa cada día y por las deposiciones de las dos muchachas que
trabajaban para la familia, por los exabruptos de la señora madre de la difunta y las idioteces de su papá. Y sí, tal parece que Peña tiene otra lógica que la que nos rige a los humanos.

Los historiadores sabemos que no podemos confiar ciegamente en los documentos aunque sean muy antiguos. Siempre los aceptamos con reticencia y continuamos buscando algo más. Hay ocasiones en que la documentación desapareció y sometemos su ausencia a interrogatorio, seguimos huellas sutiles que encontramos o, incluso, intentamos
descifrar las cenizas; es decir, los datos que crearon los antepasados para engañar a sus coetáneos o los documentos que sabemos que desaparecieron los detentadores del poder. Por ello lo que aprendimos de la pequeña víctima es que atrás de su desaparición existen huellas que habrá que seguir o cenizas a interpretar. Por el contrario, lo que parece claro es que
Peña Nieto nos está mostrando de lo que es capaz. Y perdóneme que yo no me sume a la condena del señor Bazbaz sino que voltee la mirada más arriba. Los problemas conyugales del matrimonio Gebara tampoco tienen la menor importancia para los mexicanos; el cinismo de Peña Nieto, sí.

Viendo así las cosas debemos felicitarnos de que una linda niñita venga a mostrar el lodazal oculto en este Estado de México y en el Grupo Atlacomulco al que, de paso, un ser del más alto nivel, acusó en un escrito periodístico firmado, de haber matado a Luis Donaldo Colosio. Ellos (y sus voceros, como Televisa y TV Azteca) nos han acostumbrado a volver los ojos hacia el desgraciado estado de Chihuahua ocultándonos sistemáticamente que en el de México se han asesinado muchas más mujeres que en aquél. ¿Razones de la desinformación? El pago por servicios de maquillaje, de ocultamiento, de desvío de las miradas. Por ello el caso Paulette es importante: desnuda no sólo a un personaje sino a todo un modelo de hacer política, a un grupo, a un partido y también al futuro de la nación.

El caso criminal es tan absurdo que no se sostiene ni como cuento surrealista porque la suciedad salpica al lector. Necesitaría ponerse un traje de buzo, como dijera el "Pipo" Martínez, para no mancharse con la mierda que salta desde la tumba de una inocente a la que sus seres ¿queridos? han maltratado en muerte después de una vida de frialdad afectiva (exceptuada por el cariño de sus sirvientas). El caso Paulette, penosamente, significa (ojo: las palabras significan lo que significan, pero también significan otras cosas; lea, si no, a Peña Nieto) que los mexicanos no hemos logrado aún él mínimo derecho a la certeza.