Alfredo García
Tributo

Falleció Armando Sánchez Quintanilla, sin dejar una pista o un aviso: eso quiso el azar, si él no lo quiso, no es lógica la muerte, ni sencilla. Ya no estreché su mano en esta orilla,

todo fue tan precipitado; hizo como quien no miraba, e indiviso, cambió de plato, de manjar, de silla. La penumbra que impera en su oficina, en el repiqueteo de la ausencia, exige que el teléfono responda.

El viento que entreabre la cortina, más por costumbre que por penitencia, en la violada luz crece y se ahonda.
Tributo

Falleció Armando Sánchez Quintanilla, sin dejar una pista o un aviso: eso quiso el azar, si él no lo quiso, no es lógica la muerte, ni sencilla. Ya no estreché su mano en esta orilla,

todo fue tan precipitado; hizo como quien no miraba, e indiviso, cambió de plato, de manjar, de silla. La penumbra que impera en su oficina, en el repiqueteo de la ausencia, exige que el teléfono responda.

El viento que entreabre la cortina, más por costumbre que por penitencia, en la violada luz crece y se ahonda.

II
Maestro de amistad y de elegancia, de tolerancia y de condescendencia, con quien los libros no tenían más ciencia que la experiencia y que la circunstancia. Maestro, desde hoy, de la distancia, de otra pulcritud y otra decencia; es la muerte ligera penitencia para alguien que vivió con tal constancia.

Tal vez nos mira desde su penumbra, tratando de fundar otra costumbre, pues la amistad jamás fue cancelada. Desde la otra orilla nos vislumbra: su generosidad, su reciedumbre se sienten aunque aún no diga nada.