QUERIDA ANA:
Es imposible volver a encontrar el camino que en el pasado quedó. Sólo el recuerdo de los días que quedaron atrás se atesora y añora después de la tempestad que tanta desolación ha causado en mi hogar.
QUERIDA ANA:
Es imposible volver a encontrar el camino que en el pasado quedó. Sólo el recuerdo de los días que quedaron atrás se atesora y añora después de la tempestad que tanta desolación ha causado en mi hogar.

Sigo insistiendo, ahora a través de su columna, a los que me hicieron daño para que se despojen de los miedos y acepten mi invitación a un desayuno con mi familia en un restaurante de la localidad, en donde por el día el sol filtra sus rayos por sus ventanas y por la noche la luna desdibuja el claroscuro de sus arcos. Sol y Luna, creación de Dios que llena de ternura. Los estaré esperando, cuando superen el miedo, cualquier domingo de cualquier mes de todos los años que Dios me permita vivir, de las 9:30 a.m. en adelante.

Hey, hey, constructor de puentes, que te haces sordo, ciego y mudo cuando te hablo. Has de saber que de todas las hijas que tengo, a la que más quiero es a mi nieta. Espero aceptes la invitación.

Hey, hey, Secretario de Educación, que cuando lees interpretas mal lo leído, has de saber que de todas las hijas que tengo, a la que más quiero es a mi nieta. Espero aceptes la invitación.

Hey, hey, director de escuela, inspector de secundarias y profesor, que se dejaron manipular e invadieron la privacidad de mi familia, a la cual se debe respetar, han de saber que de todas las hijas que tengo, a la que más quiero es a mi nieta. Espero acepten la invitación.

Hey, hey, psicóloga con maestría en terapia familiar, que con tu rostro angelical fuiste malévola con mi nieta y nos destruiste con tu perversa maquinación, has de saber que de todas las hijas que tengo, a la que más quiero es a mi nieta. Y ni el animal mata y las flores del campo marchitarán mi cariño. Espero acepten la invitación.

Hey, hey, representante del Tribunal de Justicia que te quedas helado como el volcán don "Goyo" al darte cuenta de la verdad que no puede ser negada. Prefieres callar pues el miedo es grande y vaya si es grande el miedo. Has de saber que de todas las hijas que tengo, a la que más quiero es a mi nieta. Espero aceptes la invitación.

A todos ellos les debo recordar que: "reconocer y aceptar el miedo es sabiduría".
PROFR. SILVINO

QUERIDO PROFR. SILVINO:
Publico su carta ofreciéndole una sentida disculpa por haberla editado en algunas partes. Sé que lee mi columna, quizás no siempre pero sí algunas veces, y tal vez se haya dado cuenta, porque lo he manifestado en muy diversas ocasiones, que publico todas las cartas que me envían, exceptuando las que puedan lastimar, ofender o incomodar a alguien.

Usted, Profr. Silvino, me ha escrito varias veces y me ha complacido mucho publicar sus cartas, que en ratos han sido hasta tristes poemas referentes a una cruel adversidad que tiene en su vida, la que ha hecho que en su corazón haya anidado el dolor. Ignorando el motivo de ese infortunio, ha sido para mí, sin embargo, un honor, que usted haya elegido mi columna para desahogar de alguna manera su desventura.

Por ese motivo, y con todo el respeto que usted me merece, en esta ocasión, y por primera vez, como digo líneas arriba, he editado su carta cuando se dirige a esas personas de manera fuerte, aunque de ninguna manera descomedida, solamente descortés. Eso me hace comprender que su tristeza es tanta que la ira y el rencor han llegado al clímax. Y comprendo su desahogo. Y lamento infinitamente que la pena no solamente no termine o vaya aminorándose, sino que al parecer se ha intensificado.

Pero, por favor recuerde todos los días, que Dios no nos desampara y ve nuestras penas, y cuando Él decide que es el momento, nos da la consolación que estamos necesitando. Nuestro tiempo no es el tiempo de Dios, por ello podemos pensar o puede parecer que no nos escucha, sin embargo, su misericordia llega cuando debe llegar.

Dios nuestro Señor ponga en su mente el buen entendimiento de Su amor para frenar sus impulsos y cuidar en Su nombre su vida y la de su familia; le dé la serenidad para recordarlo en todo momento y lo cubra con las suaves alas de Su infinita misericordia. Hasta siempre.
ANA