Carlos Monsiváis tenía sus restaurantes favoritos. No eran lugares pomadosos, pero sí se sentía a gusto.
Uno era el salón de té Auseba, hasta que lo cerraron. Otra, la cafetería llamada Carels, frente a la Medalla Milagrosa. Ya tampoco existe.

Total que una tarde, en Carels, estaba sentado Carlos Monsiváis platicando con un par de amigas, Consuelo Sáizar y Julia de la Fuente. Junto a ellos, cosa común, un altero de libros.
Carlos Monsiváis tenía sus restaurantes favoritos. No eran lugares pomadosos, pero sí se sentía a gusto.
Uno era el salón de té Auseba, hasta que lo cerraron. Otra, la cafetería llamada Carels, frente a la Medalla Milagrosa. Ya tampoco existe.

Total que una tarde, en Carels, estaba sentado Carlos Monsiváis platicando con un par de amigas, Consuelo Sáizar y Julia de la Fuente. Junto a ellos, cosa común, un altero de libros.

De pronto, entraron a robar unos delincuentes. Tras el típico anuncio de que es un asalto, nadie se mueva, etcétera. los ladrones ubicaron a Monsiváis y acompañantes, dos de sus mejores amigas durante años, sobre todo Sáizar, quien ahora es presidenta de Conaculta.

- A usted, maestro, sólo respeto- le dijeron.

No sólo eso, sino que después de robar a todos regresaron y volvieron a preguntar:

-¿Estos libros son de usted?

Él respondió que no y perdieron de inmediato interés. Se fueron. Así era Monsiváis: querido hasta por la delincuencia; conocido en la calle. de tan enorme generosidad que nunca negó una entrevista a nadie, aunque fuéramos estudiantes universitarios o reporteros mundialmente desconocidos. Él que decía que no sabía decir que no y por eso estaba en todos lados. Un intelectual -aunque él prefería llamarse sólo "un lector"- respetado por personajes de izquierda y de derecha con los que nunca dejó de dialogar a pesar de que muchas veces no estaba de acuerdo con ellos. De uno y otro bando.

No desearía nunca que Monsiváis descanse en paz; eso le hubiera dado, creo, pereza infinita. Más bien que a donde llegó siempre esté rodeado de belleza, de música y de buenas conversaciones. Se le extrañará mucho, eso sí.

En estos días de audioescándalos (y los que faltan, dicen) me he acordado mucho de otra cosa que tampoco ya existe: la Casa de la Risa. Esa que, poblada de espejos que distorsionaban la figura de las personas, estaba al pie del Castillo de Chapultepec. Así es la política nacional ahora.

Si es verdad que el Cisen es el que grabó las conversaciones de destacados personajes -no precisamente por loables- de la política nacional, como Fidel Herrera, Mario Marín y Ulises Ruiz, habría que cambiarle el nombre de Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional a Centro de Investigación en Sicopatología y Encueramiento Nacional. Logran que ellos se pregunten si son o no son. que rima, por cierto, aunque con otras letras, con Cisen.

Pasa igualito que en la Casa de la Risa: uno entraba ahí, se reía, se sorprendía. pero al final salía diciendo: "Ese no soy yo". Es de risa loca (de "río para no llorar") que los expiados, digo, espiados, digan que no reconocen su voz. Sí, ¿cómo no? También da risa que un gobierno, panista, celoso de la "cultura de la legalidad", difunda grabaciones ilícitas -un delito en sí mismo- para denunciar otro delito. Más risa (de río para no llorar) si tomamos en cuenta que es el mismo gobierno que está tratando de linchar a Purificación Carpinteyro, ex subsecretaria de Comunicaciones, por el delito de "revelación de secretos". que es justo lo que hace César Nava.

Si creen que los delitos son tan graves -que yo creo que sí-, ¿por qué no tratan de que se encauce una denuncia legalmente? De risa que el PRI se dé golpes de pecho por las grabaciones cuando en este país deberíamos decir: "Quien esté libre del pecado de espionaje que arroje el primer mp3".

Ahora que por esto estamos entre el diván y el desván. Una lucha de "máscara vs. máscara" en pleno lodo. ¿A alguien en serio le importa el país o sólo ganar las elecciones para, supuestamente, entonces arreglar el país?

Lo que me queda claro es que deberíamos instituir el "Gran Premio al Doblaje". y no sólo por el supuesto "doblaje" de voces, sino tantas cosas que nuestra clase política hace: dobles contabilidades, dobles raseros, dobles morales, dobles discursos.

Hoy recuerdo a Daniel Alberto Gayzueta Cabanillas, quien no debió morir en la Guardería ABC.

Ayer renunció Rafael Rangel Sostmann a la rectoría del sistema Tec de Monterrey. No dio muchas razones. ¿Tendrá algo qué ver con sus repetidas peticiones de que se investigue el asesinato de dos estudiantes del Tec?

katia.katinka@gmail.com