José Sulaimán
Quienes estamos en la recta final de la vida, tomamos algún tiempo para la reflexión. También para
Quienes estamos en la recta final de la vida, tomamos algún tiempo para la reflexión. También para
hacer un recuento de nuestro pasado y, desde luego, para lo que quisiéramos dejar a las nuevas generaciones. Esta reflexión me hace meterme en algo que no es mío. Pero que sí lo es como mexicano con hijos, nietos y profundo amor a la patria, que abrió los brazos a mis padres. Soy un amante de la libertad, de la libre expresión, y me complace la oportunidad de los estudiantes para expresarse. No soy inocente; sin embargo, para no ver que las movilizaciones actuales son claramente orquestadas, por la facilidad de mover gente.

¿Quién las está orquestando?. No lo sé, pero con mi voz modesta, sin poder ni autoridad, creo que debe ser investigada por las autoridades, para deslindar responsabilidades. Debe tratarse siempre de salvar a la patria de tantas desgracias como las pasadas, como la de 1968. México y los mexicanos están por encima de cualquier movimiento que pueda lastimarnos aún más de lo que ahora estamos. Pienso que todos los actuales candidatos a la presidencia, así también lo desean.

Volviendo a lo nuestro, el boxeo es un deporte formado por quienes nacen en las cunas más pobres y casi no tienen ni para comer. Son rechazados por la sociedad por su falta de educación y de dinero. La mano amiga del boxeo viene para los que tienen el don de saber usar sus puños. Con él llegan a conquistar la gloria, la idolatría y, a veces, a vivir una vida de lujo. Riqueza que se esfuma cuando se les apagan las luces del ring y ven que su gloria vuela al pasado, dejándolos con la madurez de la vida, pero ahora con hambre y desesperación.

He visto y sido testigo de las vidas de casi todos los grandes del boxeo de toda la segunda parte del siglo XX. Un Ray Robinson, el inmenso Sugar, que viajaba con su peluquero, su cocinero y hasta con su cómico. Terminó su carrera peleando con cualquiera y donde pudiera sacar algunos dólares, aunque terminó con dignidad... Joe Louis, viviendo en su final con el apoyo de Frank Sinatra y hasta del presidente John F. Kennedy... Un grande, Beau Jack,quien terminó de bolero por las calles de Nueva York. Mantequilla Nápoles, uno de los mejores welters de la historia, a quien reclamé en alguna ocasión que haya gastado 30 mil dólares en el juego. Me contestó: "Yo fui bolerito en Cuba y ahora soy un campeón y viviré como rey aunque vuelva a lo que fui"... Alphonse Halimi, argelino vencedor de El Ratón Macías, pasó sus últimos cinco años en un asilo en Francia... Y aquí prefiero detenerme, porque me llevaría varios gigabytes en la descripción de todos los héroes de nuestro boxeo que han terminado en la miseria.

Durante sus épocas de gloria llenaron por horas las pantallas de televisión, las ocho columnas de los periódicos. Los gimnasios estaban pletóricos de aficionados en espera de la foto o el autógrafo. Los periodistas siempre tras ellos. Viajando en avión y hasta en primera clase. Cubiertos de amigos como las abejas en el panal. Ofertas de negocios que los llevarían hasta Wall Street, abusando de su inocencia financiera... O como le hacía el famosísimo Pajarito Moreno, gustoso de ir a cabarets y dejar una propina de cinco mil pesos por una cuenta de mil 500. También Víctor Rabanales, a quien le vendieron el Popo y lo compró. Podría seguir con tantas y tantas historias que a veces pueden llevar hasta las lágrimas. Quisiera quedarme con la respuesta de Mantequilla Nápoles, quien me dijo: "yo era tan pobre, tan pobre, que no tengo con qué pagarle al boxeo por la vida tan bonita que me dio y que sin él jamás hubiera conocido".

En estos años de reflexión, como antes decía, yo tampoco tengo cómo pagarles a todos los boxeadores la pasión, el drama, las explosiones de alegría y felicidad que han llenado mi vida, entregada totalmente al deporte de mis amores. Por ello, no podemos en el Consejo Mundial continuar con felicidad, si vemos su hambre y su tristeza. Por eso, hemos iniciado ya un programa de varias actividades para hacernos de dinero y otorgar una pensión vitalicia a todos aquellos que viven ahora en su tercera edad. La Copa Mundial de Boxeo destinará los ingresos totales del CMB como un mensaje de que el boxeo nunca olvida a sus ídolos. Que todos los que estamos todavía en las trincheras del deporte, entregaremos lo mejor de nosotros mismos para darles tranquilidad y dignidad a nuestros grandes héroes del pasado.