Jesús R. Cedillo
El siguiente cuentecillo es del dominio común, pero vale la pena contarlo una y otra vez. Dícese que alguna vez un discípulo le preguntó al sabio Aristóteles en la antigüedad, que qué gana un hombre al mentir. A lo cual el sabio contestó en el acto: "No ser creído cuando diga la verdad."
El siguiente cuentecillo es del dominio común, pero vale la pena contarlo una y otra vez. Dícese que alguna vez un discípulo le preguntó al sabio Aristóteles en la antigüedad, que qué gana un hombre al mentir. A lo cual el sabio contestó en el acto: "No ser creído cuando diga la verdad."

Y lo anterior y no otra cosa viene a mi escasa materia gris, luego de observar y padecer como mexicano, las mentiras y embustes de los miembros del PAN (Felipe Calderón, César Nava, Gómez Mont y sus candidatos a gobernadores en los diferentes estados donde habrá elecciones). De tanto mentir, éstos han logrado a la perfección lo que dijo Aristóteles: nadie les cree, si es que alguna vez dicen la verdad.

Debido a una serie de columnas en este mismo y generoso espacio publicadas, varios miembros del conservador partido de Acción Nacional, se han comunicado con quien esto escribe. También, me han llegado no pocos comentarios, apostillas y datos a favor o en contra de las opiniones aquí vertidas. Agradezco lo anterior. Una panista, señora ella, de posición holgada económicamente, me hizo llegar un email que transcribo literalmente: "Señor Cedillo, empiezo a creer que es mejor que regresen los `malos', pero que se vayan los pendejos". Más claro ni el agua de Tlacote.

También, un inteligente panista se entrevistó con este columnista. Moroso y dilatado, mostraba una preocupación genuina por la serie de columnas aquí pergeñadas, donde no les ha ido muy bien a los miembros del partido que huele a incienso, sacristía y mortaja.

Le espeté entonces, que en este mismo diario, hay un pool de colaboradores, los cuales si no militan en el PAN, si escriben todo el tiempo a su favor y simpatizan con su errática manera de gobernar.

Mi inteligente interlocutor panista, mientras dejaba sobre la mesa su café humeante, rápido me arrebató la palabra y me espetó: "Mire Cedillo, salvo la diputada Quintana, los que usted acaba de mencionar son `panistas de clóset', son de nosotros; pero la opinión que me interesa es la suya." Los mariachis callaron.

Una vez más entro al tema álgido que me ha valido no pocos comentarios y apostillas. Vamos por partes, dijo Jack, el destripador. Quienes mienten, compran, engañan y estafan de un buen tiempo a la fecha, son los miembros conspicuos del PAN y luego de hacerlo, es tal su cinismo, que piden aplausos. Es el caso muy reciente de César Nava y Felipe Calderón.

Esquina-bajan
En el mes de abril, justo cuando se destapó la cloaca con la cual se hicieron y forjaron las alianzas entre el PAN-PRD y otros partidos menores de edad, César Nava y Fernando Gómez Mont, negaban lo que ya circulaba en todos lados: se había pactado de espaldas a los ciudadanos, se habían repartido candidaturas y privilegios y había documentos firmados abalando aquella podredumbre.

Seguían diciendo que no. hasta que los documento se hicieron públicos. En la refriega estratégica, Gómez Mont abjuró de su credo político y el alambicado César Nava, no obstante que mintió, estafó y engañó, fue "avalado" por sus correligionarios del PAN y pidió aplausos. El cinismo.

Felipe Calderón no canta mal las rancheras. Pidió permiso a la ciudadanía mediante encuesta, para ir al Mundial de Sudáfrica. Luego cerró su encuesta. Finalmente le pegó lo que le vino en gana y se fue a ver empatar a un grupo de mexicanos que dan risa. Entonces, si de todas maneras se iba a ir al otro lado del mundo a aplaudir a los "ratones verdes" y al nuevo padre de la patria, Javier Aguirre y Costilla, ¿para que mentir, para que engañar?

Letras minúsculas
Amigo panista, por esto y no otra cosa nadie, nadie cree en el PAN y menos en sus apologistas. Continuará.