Esperanza Dávila Sota
La plaga de todas las catedrales son las palomas, y la de Santiago, en Saltillo, no es la excepción. Las palomas moran y se reproducen en los tibios recovecos de las piedras labradas y constituyen un serio problema para la conservación y la limpieza de sus bellas fachadas, torres y cúpulas. Hasta no hace muchos años, lo fueron también para el funcionamiento del reloj de la Capilla del Santo Cristo, que debió ser protegido con telas de alambre para evitar la intromisión de las misteriosas aves.
La plaga de todas las catedrales son las palomas, y la de Santiago, en Saltillo, no es la excepción. Las palomas moran y se reproducen en los tibios recovecos de las piedras labradas y constituyen un serio problema para la conservación y la limpieza de sus bellas fachadas, torres y cúpulas. Hasta no hace muchos años, lo fueron también para el funcionamiento del reloj de la Capilla del Santo Cristo, que debió ser protegido con telas de alambre para evitar la intromisión de las misteriosas aves.

El problema se agrava con el paso del tiempo y se extiende a la Plaza de Armas, los portales, el Palacio de Gobierno y otros edificios cercanos. Más allá de la plaza, el problema llega hasta la esquina que forman las calles de Múzquiz y Bravo, en la que su constante presencia ha dado nombre a un estanquillo de barrio llamado "La Paloma". La paloma tiene un simbolismo profundo a través de la historia. El "Diccionario de los símbolos", de Udo Becker, la sitúa en el Oriente Próximo vinculada a Ishtar, y entre los fenicios se liga al culto de Astarté, ambas, diosas de la fecundidad; los griegos la consagraron a Afrodita, y en la India y algunas tribus germánicas, una paloma negra era la guía de las ánimas.

En las páginas de la Biblia la paloma surge desde los libros del Génesis, los Profetas y el Cantar de los Cantares. Cuando cesó el Diluvio Universal, después de 40 días y 40 noches, Noé mandó a la paloma por primera vez y regresó; esperó siete días, la mandó de nuevo y regresó con una rama de olivo en el pico; siete días después la volvió a mandar y ya no regresó. Se convirtió entonces en el símbolo de la reconciliación con Dios, el símbolo de la paz. Como símbolo del Espíritu Santo, inspiró a los escritores sagrados y aparece en la Anunciación, en la Venida del Espíritu Santo y en la Trinidad y desciende sobre Cristo en el Bautismo, por lo que aparece también como símbolo del
cristiano bautizado. Con el laurel en el pico o la corona del martirio, representa a los mártires. Una paloma posó en el hombro del profeta Mahoma cuando conversaba con el ángel Gabriel y le acompañó en su huída.

En el arte sagrado, una paloma inspira al oído lo que van a escribir Bernardino, Teresa y Tomás de Aquino, y le susurra a Gregorio Magno el canto sublime. Como atributo de los santos, una de estas aves, con una ampolla en el pico, es el de Remigio; apoyada sobre una vara florecida es el de San José; y dos palomas en un plato, con las alas extendidas, son el de Nicolás de Tolentino. En el arte universal, una paloma sostiene las manos de un niño en el famosísimo "Guernica", de Picasso; y presentes están en el "techo etrusco" de Braque en el Museo del Louvre, en los frescos de Giotto y en los "guaches" bíblicos de Chagall.

La leyenda dice que en los montes de Umbría, una paloma acompañaba siempre a un hombre humilde que vestía sandalias y hábito color marrón y que hablaba de paz y reconciliación, era "el varón que tiene corazón delis,/ alma de querube, lengua celestial,/ el mínimo y dulce Francisco de Asís.", el San Francisco que describe Rubén Darío.
La paloma, símbolo de inocencia, candor y sencillez, es la mensajera por excelencia: "Paloma blanca, piquito de oro,/ que con tus alas volando vas,/ pasas los montes, pasas los ríos,/ pasas las olas del ancho mar.". Eso y mucho más han sido las palomas en la historia de la humanidad. Pero en la historia de nuestra Catedral y los edificios viejos del centro de la ciudad, su proliferación es ya escandalosa. ¿Qué podrá hacerse al respecto? edsota@yahoo.com.mx