Alejandro Dávila Flores
El Banco de México anunció el martes que sus reservas internacionales rebasaron, por vez primera, un valor equivalente a los 100 mil millones de dólares. Cuando se toca el tema, más de uno comienza a salivar con abundancia pues, como reza el refrán, al ver caballo ensillado, sobran los antojados que se precipitan a trepar sus patas en los estribos de tan cebado animal.
El Banco de México anunció el martes que sus reservas internacionales rebasaron, por vez primera, un valor equivalente a los 100 mil millones de dólares. Cuando se toca el tema, más de uno comienza a salivar con abundancia pues, como reza el refrán, al ver caballo ensillado, sobran los antojados que se precipitan a trepar sus patas en los estribos de tan cebado animal.

Los medios de comunicación se inundan de opiniones de legos, políticos, periodistas y hasta "expertos" financieros, que nos sugieren las más creativas formas de chutarse esos dinerillos. Unos quieren usar los bilimbiques para "acabar con la pobreza", otros pretenden "invertirlos en infraestructura pública", algunos más, muy dados a la desconfianza, externan su preocupación de que vayan a ser transferidos a las cuentas bancarias de vividores públicos.

Los más "sofisticados" pontifican informándonos que el Banco de México está pagando un enorme "costo de oportunidad" por tener reservas en dólares, pues las tasas de interés que pagan esos activos financieros son casi del 0%, mientras que si se invirtieran en valores del Gobierno Federal, por ejemplo, recibirían un rendimiento del 4.5%. ¡Cómo si el propósito de un banco central fuera obtener la mayor tasa de retorno!

La ignorancia es el común denominador de estas opiniones, pues quienes las expresan olvidan o desconocen el rol del banco central en el manejo de las políticas monetaria y cambiaria en una economía global, así como los
instrumentos de los cuales dispone para realizar
la tarea.

Tampoco parece importarles de dónde provienen
esos dólares y muestran poca curiosidad en saber si, como llegaron, pueden "volar" en dirección contraria. No mencionan palabra alguna acerca del efecto que tendrían sus propuestas sobre el tipo de cambio, la inflación, el empleo u otras variables económicas.

En el mercado de cambios pesodólar se compran y venden dólares a un precio determinado (pesos por dólar). Si la oferta de dólares supera a la demanda, su precio baja, es decir, pagaríamos menos pesos por un dólar (el peso se aprecia o se "fortalece"). Esto produce un encarecimiento de las exportaciones y un abaratamiento de las importaciones, es decir, una menor competitividad de nuestras exportaciones (algo poco conveniente para una economía como la de Coahuila). Lo contrario ocurre si la oferta de dólares es mayor a su demanda.

Con libre movilidad de capitales, los mercados cambiarios son muy inestables, por lo cual las intervenciones de los bancos centrales son indispensables para tratar de reducir esa volatilidad. México tiene un déficit recurrente en su balanza en cuenta corriente (el año pasado fue de 5 mil 500 millones de dólares).

Este debe de cubrirse con entradas en la balanza de capital o con variaciones en la reserva del Banco de México. El año pasado la cuenta de capital registró un superávit de 15 mil 630 millones
de dólares. Si el Banco de México no hubiera incrementado las reservas, el peso se habría apreciado aún más, perdiendo competitividad nuestras exportaciones.

Aun más importante, los agregados monetarios en dólares, los activos financieros de no residentes y la captación de las instituciones financieras mexicanas en el extranjero, tienen un valor equivalente a 59 mil 690 millones de dólares (es decir el 60% de la famosa reserva). Si estos pasivos de corto plazo salen del país y no hay dólares en la reserva, tendríamos una macrodevaluación (recordemos 1981-82 y 1994-95).

El panel de la semana
Bloquea casi por completo la banqueta oriente del bulevar Nazario Ortiz, unos metros al sur del cruce con Valdés Sánchez. Anuncia la megacaguama de conocida marca de cerveza a un costado del edificio que alberga la tienda de los Saraperos de Saltillo. Constituye una auténtica amenaza para los aficionados al rey de los deportes, pues los obliga a descender a la calle. A la fecha Everardo Quezada, director de Desarrollo Urbano, tiene un porcentaje de .000, pues no ha conectado un solo imparable en seis turnos al bat. ¿Hasta cuándo Ing.? adavila_mx@yahoo.com.mx