Juan Alfredo Reyes Ramos
En un estudio reciente titulado "La Amenaza del Narcotráfico en América", la Oficina contra la Droga y el Delito de las Naciones Unidas, nos dice que América del Norte sigue siendo el consumidor más grande de cocaína en el mundo, con un estimado de 7 millones de usuarios que consumen la mitad de la oferta mundial del alcaloide, calculada en mil toneladas anuales, asunto que sumado al tráfico de otras drogas y armas, origina que México tenga hoy altas tasas de violencia criminal.
En un estudio reciente titulado "La Amenaza del Narcotráfico en América", la Oficina contra la Droga y el Delito de las Naciones Unidas, nos dice que América del Norte sigue siendo el consumidor más grande de cocaína en el mundo, con un estimado de 7 millones de usuarios que consumen la mitad de la oferta mundial del alcaloide, calculada en mil toneladas anuales, asunto que sumado al tráfico de otras drogas y armas, origina que México tenga hoy altas tasas de violencia criminal.

Este reporte está firmado por Antonio María Costa, director de la Oficina contra la Droga y el Delito de la ONU, con fecha del mes de octubre del 2008, casi dos años antes del extenso comunicado que Felipe Calderón nos endilgó la semana pasada titulado "La Lucha por la Seguridad Pública", mismo que afirma parte de lo dicho por Costa y donde las explicaciones no pedidas revelan culpas manifiestas.

Ahora bien, el caso de La Laguna es paradigmático y sorprende la laxitud con que dicho caso es tratado por Felipe Calderón y su gabinete de seguridad nacional. Recordemos que el reporte de la ONU afirma que los gringos consumen la mitad de la oferta mundial de cocaína y, asimismo, está calculado que el 70 por ciento de dicha droga, es introducida en los Estados Unidos por la frontera de Ciudad Juárez-El Paso, en una ruta que tiene su inicio en las ciudades de Torreón y Gómez Palacio, lo cual explica (lo dice Raymundo Riva Palacio) la violencia extrema que agobia a dichas ciudades hermanas de Coahuila y Durango.

Qué lástima que Felipe Calderón se haya equivocado en su "guerra" y que al iniciarla, no tomara en cuenta lo que "El Arte de la Guerra" dice al respecto: "La guerra es un asunto serio; da miedo pensar que los hombres puedan emprendewrla sin dedicar la reflexión que requiere".

Y claro que no hubo reflexión, todos sabemos que Calderón inició esa guerra con el propósito de legitimarse en el poder. Esa guerra innecesaria que ha causado tanto daño a México y en especial a la Comarca Lagunera. "¿Para qué diablos había que desatar una guerra sangrienta contra el narco, sabiendo que en el país la violencia venía a la baja?". Es la pregunta que Rubén Aguilar y Jorge Castañeda se plantean en su libro "El Narco: la Guerra Fallida" (Pág. 37).

Esos mismos autores, en el capítulo 5 de su libro, exponen asimismo conceptos inobjetables: que los gringos seguirán consumiendo drogas y que en su país, jamás iniciarán una guerra contra el narco. Mientras que en La Laguna, y en todo el país, la guerra de Calderón sigue sembrando la muerte debido a que el Presidente no ve el problema como un asunto de salud pública sino como un problema de seguridad al que hace frente con policías y militares.

Lo malo está cuando retira las fuerzas federales y deja desamparada a la población civil, como sucedió el pasado mes de marzo en Torreón, retirada que luego resulta catastrófica para las plazas que quedan desprotegidas. Otro error de Calderón,que afecta a todo el país y a La Laguna en particular, es pensar que los gringos van a controlar el flujo de armas hacia México por una simple petición diplomática.

Ellos, por petición de Felipe, jamás van a modificar la Segunda Enmienda de su Constitución.

Concluimos citando en este contexto las acciones opuestas de dos michoacanos muy diferentes: Lázaro Cárdenas del Río y Felipe Calderón Hinojosa. El primero sentó las bases institucionales para que las Fuerzas Armadas no volvieran a atentar contra el poder civil de nuestro país. En cambio, el más grave error del otro michoacano, el que no debió ser Presidente, consiste en permitir que las Fuerzas Armadas atenten contra la vida y los derechos humanos de la población civil. Algún día por ello, tendrá que rendir cuentas Felipe Calderón.