Orestes Gómez Rodrìguez
Hasta mediados de 1985, el panorama para quienes cruzaban a través del puente internacional que une las ciudades de Piedras Negras en Coahuila y Eagle Pass en Texas, denotaba miseria y abandono.

Una veintena de chozas de carrizo, perros famélicos, desvencijadas camionetas y ropa recién lavada en los tendederos, sintetizaban la presencia de la comunidad kicapoo o kicapú en la región.
Hasta mediados de 1985, el panorama para quienes cruzaban a través del puente internacional que une las ciudades de Piedras Negras en Coahuila y Eagle Pass en Texas, denotaba miseria y abandono.

Una veintena de chozas de carrizo, perros famélicos, desvencijadas camionetas y ropa recién lavada en los tendederos, sintetizaban la presencia de la comunidad kicapoo o kicapú en la región.

Herederos de una cultura que los condenó al nomadismo (su nombre significa "los que andan por la tierra"), habían sido víctimas unos años atrás del despojo de su cementerio, enclavado en lo que ahora es el Mall de Río en esa ciudad y condenados a organizar una "pulga" semanal en las laderas del río para subsistir.

Su jefe, Makateonenodua, o para mejores señas "Búfalo Negro" o Raúl Díaz en cristiano, se propuso desde su nominación en 1976, conseguir un terreno suficiente para la nación kicapú, necesario para el sostenimiento de la tribu y el asentamiento de la comunidad. Difícil era adivinar que la solución les fuera dada por el negocio de las "suertes", a través de un casino.

Originarios de la región de Los Grandes Lagos, en donde llegaron a poseer 13 millones de acres, el conglomerado fue objeto de diversos enfrentamientos y hasta matanzas que redujeron su número entre 1763 y 1835, año en que fueron obligados a emigrar a Oklahoma a través de la famosa "caminata de las lágrimas".

Dueños originarios en co-propiedad de prácticamente todos los territorios del noreste de Estados Unidos, comprueban su dicho con el nombre que tomaron por ejemplo ciudades como Chicago, que deriva de la palabra kicapu chicagua, o ríos como el Mississippi, de la palabra mesecipue, que significa río grande.

Lo cierto es que, enviados a reservaciones como castigo, un grupo de indígenas decidió establecerse en la frontera tejana cercana al Fuerte Duncan y otro se adentró a la región de Múzquiz, Coahuila, en donde el presidente Juárez les otorgó asilo y tierras por los servicios prestados al Gobierno mexicano en la lucha contra los comanches y apaches en 1859, dotándoles de 3 mil 510 hectáreas en Nacimiento, Coahuila.

Con graves problemas de discriminación con los gringos, su subsistencia como grupo se veía amenazada por la única fuente de ingresos a través de la ayuda gubernamental o Welfare, que se hizo costumbre entre muchos pobladores
para justificar la no existencia de oportunidades laborales para gozar del subsidio.

En nuestro país, al contrario, el presidente Cárdenas
dotó de tierras ejidales al grupo otorgándoles 7 mil 022 hectáreas bajo la modalidad de sitios de ganado mayor, que originalmente fueron utilizados para la siembra y crianza de ganado y posteriormente vendidas a diversos terratenientes vecinos por la reforma al ejido en tiempos del mago Carlos Salinas de Gortari.

Hoy día, con una población de entre 3 mil 500 a 4 mil personas, la tribu se reparte entre Kansas, Oklahoma, Texas y Múzquiz, siendo la localidad de Oklahoma la de mayor tamaño.

Organizados a través de un consejo tradicional conformado por 5 miembros adultos, su jefe es elegido por el voto de la tribu a propuesta del consejo. El jefe debe ser masculino, tener "un cuarto de sangre" kicapú y tres años de residencia en la reservación.

Su difícil condición social es mezcla de la tradicional ignorancia en la que fueron condenados, sirviendo de ejemplo la anécdota que cuenta don Roberto Orozco Melo cuando en tiempos del gobernador Cepeda Flores fue construida una escuela en Nacimiento, misma que fue incendiada por los indígenas. Cuando el jefe Kicapú llegó ante el Gobernador, éste le profirió una serie de argumentos acerca de la enseñanza, finalizando con "por eso todos ustedes son tan pendejos". En respuesta, el jefe, observando sus tehuas, replicó: "Sí, kiacapúes todos pendejos, pero todos iguales, Gobernador".

Volviendo al sueño de Raúl Díaz, el jefe logró la autorización de un casino en el territorio de la nación indígena y a través de un préstamo considerable el lugar pasó de ser un apilamiento de remolques a un edificio circular con 350 máquinas tragamonedas, mesas de black jack y restaurantes.

Las ganancias anuales del casino fluctúan entre los 42 y 45 millones de dólares anuales, que son repartidos entre todas las comunidades de la tribu, al mismo tiempo dan empleo a la totalidad del grupo en Eagle Pass.

El destino de los hijos de Kitzihiata (su dios principal) parece haber desenterrado la riqueza abandonada en sus originales territorios y nutrió de un orgullo a sus pobladores. Mil años de vida a los kicapúes.