Jonathan Darman
Hillary Clinton ha estado en la política el tiempo suficiente para conocer el valor de la palabra "cambio". En 1992, el gurú de la política, James Carville, colgó un anuncio blanco en el cuarto de la campaña de Clinton donde se leía: "Change vs More of the Same" (Cambio vs más de lo Mismo). Bill Clinton ganó la presidencia ese año con 370 votos electorales.
En el curso del verano, ella observó a sus rivales por la nominación demócrata intentar una y otra vez definirse como cambio y Clinton como el status quo. "Nosotros estamos más interesados en ver hacia adelante, no hacia atrás", dijo Barack Obama a los reporteros. "Y los estadounidenses sienten de la misma manera". Pero ella no cedería al manto del cambio, no importa qué tan grande sea su ventaja en las encuestas nacionales, tampoco en la elección donde los votantes estaban fastidiados y enojados, no cuando Obama estaba diciendo que el "cambio" era todo lo que él significaba y John Edwards se estaba convirtiendo en una fuerte propuesta populista.

"La campaña estaba observando a Obama y a Edwards proclamar su opción falsa de cambio versus experiencia", dice alguien cercano a la campaña que no quiso ser identificado en la discusión de asuntos internos. "Ellos se dieron cuenta, `¡oh!, esta es una gran oportunidad de enfatizar una de sus fuerzas'", o más precisamente, fue una oportunidad para argüir que sus años en la capital le dieron a ella la experiencia para hacer que el cambio sucediera. ¿Alguna triangulación?

La dificultad de la radicalización

Y durante el mes de agosto, los colaboradores de Clinton adoptaron un nuevo lenguaje que podría expandir la definición de cambio para incluir a una mujer quien había estado en Washington, D.C. durante 15 años. "El cambio viene a través de trabajar dentro del sistema", Clinton finalmente declaró en el Día del Trabajo. "Ustedes no pueden aparentar que el sistema no existe".

Hillary Clinton siempre ha puesto una gran fe en el sistema. La respetuosa hija de Hug Rodham estuvo hasta muy tarde terminando las obligaciones de su tarea y conservó en su librero "Conscience of a Conservative", de Barry Goldwater. Mientras que otros en la generación de ella estaban en actitud vacilante, ella firmemente estaba compitiendo para presidenta del cuerpo estudiantil en el Wellesley College y presentando examen para la escuela de leyes en la Universidad de Yale. Cuando era joven a la Primera Dama se le atribuyó el obtener el plan de atención de salud de su marido a través del Congreso, sus intentos para embaucar al sistema casi le costó la vida política al matrimonio Clinton.

Ella encontró la redención en el Senado, bajando la cabeza y cumpliendo las reglas. Si ella gana en la nominación de su partido, el derecho puede una vez más identificarla como una agitadora radical de izquierda. Sin embargo, en verdad, una presidenta Hillary Clinton esencialmente sería la misma persona que ha sido siempre: una luchadora de mentalidad muy seria.

Ella puede ser justa en una causa justa -la atención de la salud es el ejemplo principal de esta infortunada e improductiva tendencia- pero al paso de los años ella también ha demostrado la capacidad para aprender de sus errores. (Su plan de atención de la salud, el cual será anunciado en las próximas semanas, se espera que sea audaz, perodifícilmente radical).

En 1993 Clinton le dijo a Newsweek: "Estoy mucho más experimentada en negociar con mi propio gobierno y entender tanto su potencial como sus limitaciones". El sistema, en otras palabras, es donde está la acción, donde están las verdaderas posibilidades para el cambio, y es donde Clinton quiere estar.

La presidenta Hillary Clinton -palabras que a muchos estadounidenses se les hace difícil decirlo fuerte. Sin embargo, ella está adelante de Obama, su más cercano competidor, por doble dígito en todas las encuestas nacionales y ha cerrado la brecha con Edwards en Iowa. Ella ha superado a sus rivales en casi todos los debates y ha llevado a cabo una campaña presidencial marcadamente disciplinada.

Mientras tanto, el Partido Republicano después de George W. Bush difícilmente se ve formidable en el momento. Al oponente de Clinton probablemente le gustaría ser ya sea un mormón de Massachussetts, un actor lacónico de Tennessee o un ex alcalde de Nueva York que es fuerte y obstinado -no exactamente un mensaje de cambio en una elección para reemplazar a Bush. Clinton supera a cada uno de los principales contendientes republicanos por mucho más en las encuestas. A un año antes de la elección, Clinton se vislumbra, asombrosamente, como el dinero más seguro en la carrera de 2008.

¿Cómo sería su estilo?

En sus 15 años en la arena política, la mujer quien una vez habló de comunicarse con Eleanor Roosevelt ha demostrado una estilizada afinidad con cualquier número de presidentes pasados. A veces, ella ha dejado ver una rigidez e insistencia ideológica en la lealtad. A veces, ha actuado con una secrecía casi nixoniana, y al parecer cayó víctima de la paranoia. Sin embargo, ella siempre ha demostrado una capacidad como Bill Clinton, para adaptarse a sus alrededores y aceptar eso en la política, el perfecto es siempre el enemigo del bueno.

"Mi compromiso y entendimiento del proceso que tiene que ser perseguido para hacer cambios en Estados Unidos es simplemente más grande de lo que habría sido en el pasado", dice Clinton a Newsweek. La historia de su viaje desde un crucero de política beata y la primera dama paranoica, hasta la senadora centrista y candidata presidencial líder en la cual Hillary Clinton bien podría terminar sirviendo como una líder del mundo libre.

Hillary Clinton llegó a Washington con un sentido de propósito de justicia. Su marido sería el primer presidente "baby boomer" (nacido después de la Segunda Guerra Mundial); al igual que los Kennedy, Bill y Hillary estuvieron cargando la antorcha para una nueva generación de estadounidenses. Cinco días después de su llegada a la Casa Blanca, el nuevo presidente anunció que su esposa haría un esfuerzo para proporcionar seguros de salud para todos, financiados por el Gobierno.

Esta sería una empresa masiva para la pareja presidencial, demasiada nueva en las maneras de Washington. Ningún presidente desde Lyndon B. Johnson habíaobligado a un nuevo programa de beneficios a través del Congreso. La industria de la salud ya había destinado millones de dólares para bloquear cualquier esfuerzo de reforma. Sin embargo, la esposa del Presidente tenía confianza en que un proyecto casi perfecto era posible. Ningún problema era demasiado grande para resolver por los herederos de Camelot.

En el desarrollo de su política, la Primera Dama fue clínica e inflexible. "Ella iba a impulsarla en todo lo posible y no estaba dispuesta a transigir", dice Leon Panetta, director de la Oficina de Dirección y Presupuesto en la época de Bill Clinton, "debido a que ella sentía que si transiges ahora obtendrás muy poco en el otro extremo".

Con la obligación de pasar un plan al Congreso al final de los primeros 100 días del Presidente Clinton en la oficina oval, ella y su compañero de políticas, Ira Magaziner, formaron un grupo de consejeros externos para los detalles de la política (éste consistía de algunos 500 consultores), y a los miembros del equipo no demócratas se les prohibió sacar copias de los documentos en borrador o llevar instrumentos escritos a algunas reuniones).

Tozudez imposibilita cambio real

Las políticas de políticas fueron más fáciles de clasificar. El Presidente presentó su plan al Congreso en el otoño de 1993. El resultado no fue promisorio. Los filtros de la prensa sugerían que el propio secretario del Tesoro de Clinton y director de OMB tenía grandes preocupaciones acerca del plan de la primera dama. Pronto hubo una enorme industria de seguros que levantó bombardeos y gritos de "medicina socializada". El plan de Hillary era demasiado grande, demasiado abultado. La pieza central del primer término de la agenda del Presidente parecía sentenciada a muerte.

Todavía quedaba una esperanza: un compromiso con el congresista demócrata de Tennesee Jim Cooper, quien había propuesto uno más moderado, pero aún progresista. Sin embargo, Hillary no lo escucharía: Cooper representaba más de lo mismo para ella. Al final de una reunión con senadores clave sobre la atención de la salud, Clinton urgió a los participantes a denunciar públicamente a Cooper. Uno de los participantes en la reunión, quien no sería identificado por temor a enajenar a los Clinton, dice que Hillary había llevado a un colaborador con una videocámara para que pudiera grabar sus denuncias. Hillary "quería arruinar mi carrera política", recordó recientemente Cooper.

Aunque pronto, las carreras de Hillary y su esposo parecían arruinadas. Para finales de ese verano, el plan de salud del Presidente estaba oficialmente muerto; ese otoño, los demócratas perdieron el control de ambas casas en el Congreso.

La candidata Clinton, por supuesto, está reforzando la lealtad en ella misma. Es claro para cualquiera que la observe, que Clinton tiene un fuerte sentido de lo que un presidente debe y no debe hacer. En el debate CNN - YouTube a principios de este verano, ella astutamente reprendió a Obama por poner en riesgo el prestigio del país cuando él dijo que estaría dispuesto a platicar con los dictadores.


Sin embargo, la verdadera evidencia acerca de qué clase de presidenta sería Hillary puede basarse en lo que ella está diciendo y lo que no dice aún. Los amigos y consejeros dicen que el actual debate de Irak oscurece una llana verdad acerca de Hillary Clinton: 15 años dentro de "El Sistema" la han hecho una ferviente creyente en la férrea dirección del poder estadounidense.

"En esa etapa de su campaña de 1991 Bill Clinton no sabía nada acerca del uso de la fuerza y solamente una limitada cantidad acerca de asuntos internacionales", dice un alto colaborador que estaba consciente de que se estaba desviando del libreto de campaña y haría comentarios sobre Clinton sólo de manera anónima".