Karla Garza
Conocer al adolescente le ha valido a Martha Elena lograr respeto
Décadas atrás, la presencia constante de los padres en el hogar y el férreo apego a valores universales dentro de la familia hacían más asimilable para los estudiantes la noción de la autoridad de sus maestros. Pero las necesidades de la vida actual obligan a los padres a estar fuera del hogar y el vacío de autoridad que se genera tiene repercusiones en las aulas.


Así lo explica la profesora Martha Elena Mancillas, docente de la secundaria Profesor Federico Berrueto Ramón: "En este momento los chicos tienen ese problema, de distinguir quién es el que manda, quién es el adulto, pero en la escuela, nosotros como maestros tenemos esa función. Esa es nuestra labor, saber ser autoridad. También saber ser sus amigos, tener empatía, pero no puedes dejar de ser el adulto tú y conducir a los chicos, guiarlos".


En las aulas de los más de 300 alumnos a los que imparte clases diariamente, asegura, se distingue perfectamente quién es la maestra y quiénes son los alumnos: "Al principio del curso se hace ese planteamiento, vemos temas como el reglamento, para que ellos distingan que en la sociedad ellos van a tener que sujetarse a autoridades".


A la maestra Mancillas no le hace falta levantar la voz para poner orden, lo logra sólo con su presencia, lo que atribuye a su trabajo interior y a la utilización de nuevas herramientas como la neurolingüística, a través de la cual descubrió "cómo hablarles a los chicos, cómo leerlos, porque todos somos un texto, he aprendido a través de los diplomados que he estudiado y la maestría que tengo, cómo trabajar con los adolescentes, cómo llegarles para tener una comunicación efectiva".


Señala que mantener el respeto y la autoridad frente a los alumnos, especialmente en esa etapa tan proclive a la rebeldía, requiere conocimiento del adolescente, de los cambios que sufre, del proceso al que se enfrenta.


La autoridad bien ejercida va vinculada a la disciplina y al amor, sentencia la maestra "Mayte", como le llaman cariñosamente. "Si tú quieres a tus hijos, tú les vas a llamar la atención. Sucede lo mismo con nosotros como educadores, si queremos a nuestros alumnos, vamos a llamarles la atención con disciplina y con amor, porque si tú sólo te impones como maestro y ejerces una autoridad impositiva pero sin decirles que van a sacar un fruto de esa autoridad, claro que el chico no te va a hacer caso, pero si haces el planteamiento de que los quieres y quieres que sean mejores personas, ellos entienden".


En este mismo centro educativo cursó la educación secundaria la maestra Martha Elena. Eran otros tiempos, rememora, y la autoridad era totalmente coercitiva, "nos hincaban, nos medían la falda y si no traías la medida exacta te bajaban la bastilla". Distinto por completo, agrega, de lo que los muchachos viven ahora, a partir del conocimiento del adolescente, de las nuevas tendencias psicológicas, del constructivismo como corriente pedagógica, "que nos ha dado un horizonte más amplio para tratar a los chicos, para entenderlos y ayudarlos".


Los métodos correctivos también han cambiado. "Sigue habiendo reportes de prefectura, tenemos una hoja de control en donde anotamos si cumplió o no cumplió con el uniforme y ellos mismos van dándose cuenta hasta dónde llega su límite de libertad y hasta dónde llega la autoridad en este caso de prefectura que es la autoridad inmediata con ellos".


Una suspensión de dos días es la sanción máxima que los adolescentes pueden recibir. Y eso sucede cuando ya han recibido varias amonestaciones verbales, reportes escritos y citatorios a los padres.


Finalmente, puntualiza, enseñarlos a relacionarse con la autoridad, es un rubro más del trabajo de los docentes, "un aprendizaje integral, lo que es ser persona, que tengan un proyecto de vida y que a través del ejercicio de la autoridad sepan ellos también ser autoridad el día de mañana cuando formen parte de la sociedad activa".