LA JORNADA
Guanajuato, Guanajuato.- La compañía de Deborah Colker apuesta a lo diferente y novedoso en la danza. Crea un mundo de diversión; llena de colores, emociones y fantasía el escenario, con las bailarinas sin el clásico tutú blanco y los bailarines sin el ajustado pantalón, pero todos sin perder la técnica del ballet, que combinan con la danza contemporánea y la acrobacia.
Con el espectáculo Rota, que presenta la agrupación brasileña en la versión 35 de la fiesta cervantina, le da un giro a todo lo que se ha visto de danza en el festival.

El cuerpo, además de bailar, también vuela; el bailarín puede sonreír y gritar. Las mujeres bailan con mujeres e intercambian bofetadas, mientras hombres con hombres dan giros y hacen piruetas.

Los movimientos aparentemente son los de la gente que va a divertirse a un parque, donde hay una rueda, un pasamanos, una escalera, pero la diferencia es que los bailarines pueden permanecer de cabeza en la escalera, sujetar a su compañero mientras gira la enorme rueda, y caminar sobre los hombros de los demás.

La propuesta de Deborah Colker confirma que para la danza no hay límites. Se puede jugar con los ritmos electrónicos y la música clásica, al tiempo que experimentan con el cuerpo qué es la gravedad.

El espectáculo se inicia con dos bailarinas con vestidos coquetos y muy coloridos, que para bailar no necesitan a los hombres, pues también se pueden levantar y girar. Enseguida entra el resto del grupo, en total 18 bailarines, quienes con la música de Mozart ejecutan un moderno vals en el que terminan acostados en el piso, para virar; levantan las piernas y los brazos, y mueven la cabeza. Caminan en todas direcciones, hacen círculos, saltan y corren, se desplazan por el escenario.

La compañía reinventa el espacio con sus movimientos, porque también se puede bailar acostado en el piso, girar con el cuerpo, brincar al compañero y de nuevo terminar en el suelo.

En otra coreografía mueven la cabeza, se tapan la boca con la mano, se tocan la pierna, el hombro y el brazo, como si estuvieran jugando en el recreo; además gritan cuando el juego termina.

Para la exploración del espacio, la coreógrafa Deborah Colker incluyó en el espectáculo una enorme rueda en la que los bailarines trabajan con el peso, el volumen y el equilibrio, como una escena de un circo.

En el segundo acto los bailarines, vestidos de blanco, se acercan a la gran rueda que representa al mundo y sus distintas direcciones, porque en la vida nada es plano.

Al ver girar la rueda con los bailarines, todos desean que llegue el turno de subirnos, aunque sea sólo con la imaginación, o al menos hacer girar la rueda, como hace el bailarín Jefferson Antonio.

Algunos bailarines suben y otros bajan de la rueda. Los movimientos son exactos. El pie izquierdo primero y con la mano derecha se sostiene, mientras un bailarín se sienta, su compañero se levanta; uno brinca y otro vuela. Todo lo que sube tiene que bajar.

Esta escena es similar a la de un circo, pero aquí nadie lo hace con los ojos vendados. Necesitan estar concentrados porque son varias personas las que giran en la misma rueda, son diversas figuras las que forman un círculo y son diferentes las escaleras que convergen en el escenario.

Al final, cuatro hombres y cuatro mujeres se suben a la rueda para columpiarse y que el espectador vea cómo giran los cuerpos, imitando la rotación de la Tierra.

El espectáculo Rota, de Deborah Colker, se presentó este jueves en el Auditorio del Estado de Guanajuato.