LA JORNADA
Madrid, España.- En el almacén polvoriento de una empresa de mudanzas de Santiago de Compostela, en Galicia, desde 1997 permanecían guardadas más de mil 800 piezas de arte precolombino, la mayoría fruto del expolio y del tráfico ilegal.
Entre las obras figuran máscaras olmecas, vasos mayas, incensarios y jades aztecas, así como piezas de oro moche, que fueron localizadas en enero pasado gracias a una comisión rogatoria girada por el gobierno de Perú.

Hasta la fecha el gobierno de México no ha llevado a cabo ningún tipo de gestión para reclamar las piezas, catalogadas de "incalculable valor", lo que sí han hecho otros países, como Perú, Argentina y El Salvador.

La historia de cómo llegaron hasta el Atlántico español estas obras de arte es sorprendente y oscura.

Según diversas fuentes consultadas por La Jornada, tanto de la Brigada de Patrimonio de la Policía Nacional española como de la propia Xunta de Galicia, en 1997 comenzó el trajín peninsular de la que se presentó como la "colección privada" más importantes de arte precolombino.

Para el traslado y posterior exhibición pública de las mil 800 piezas precolombinas intervinieron tres personajes clave de la trama: Leonardo Patterson, ciudadano costarricense conocido en los círculos de la Interpol (Policía Internacional), como uno de los traficantes de arte prehispánico más hábiles y escurridizos, quien además es la figura central del supuesto expolio de piezas precolombinas desde los Andes hasta el río Bravo.

Patterson, cuyo paradero se desconoce, tiene antecedentes penales en Suiza por tráfico de animales exóticos y ha estado preso en Estados Unidos.

La conexión de Patterson con Galicia fue posible gracias a la intervención de Mario Tagliaferri, quien entonces fungía como nuncio del papa Juan Pablo II en España, quien puso en contacto al traficante de obras de arte con el anterior presidente de la Xunta de Galicia y tercer personaje en esta trama, Manuel Fraga Iribarne, también fundador del derechista Partido Popular y ministro durante la dictadura de Francisco Franco.

La exposición se llevó a cabo en el Auditorio de Galicia en junio de 1997 y fue inaugurada por el propio Fraga Iribarne y por la Nobel de la Paz guatemalteca, Rigoberta Menchú, quien inclusive prestó para la exhibición una pieza de oro moche de su propiedad.

La muestra estuvo abierta al público casi cuatro semanas, sin que nadie -ni autoridades ni coleccionistas ni público- sospecharan sobre el origen turbio de las piezas exhibidas.

Una vez finalizada la exposición, Patterson comenzó a maniobrar para realizar el que era su fin último: vender las piezas robadas en América Latina al gobierno autonómico de Galicia. El precio fijado por el también ex diplomático costarricense fue de 18 millones de euros, pese a que otros peritajes elevaban el monto a 72 millones de euros.

Cuando la operación estaba a punto de cerrarse, una experta en arte precolombino alertó a las autoridades gallegas de que las piezas podrían tener un origen ilícito, incluso llegó a advertir que algunas de las obras expuestas procedían del saqueo del cerro de la Mina, pirámide mochica en Perú, levantada en el siglo I.

Una vez frustrada la compra-venta, Patterson, antes de desaparecer, decidió guardar las piezas precolombinas en ese almacén de Santiago de Compostela, donde han permanecido en condiciones poco óptimas para su conservación.

Una fuente de la policía española reconoció que algunas obras se "encuentran deterioradas".

Si la historia de cómo llegaron las piezas precolombinas hasta Galicia es sorprendente y oscura, la forma en que se descubrió el origen ilícito de la colección es todavía más increíble. Según una fuente del gobierno gallego, en enero pasado un "funcionario intermedio" de la Xunta viajó a Madrid para recibir un curso sobre tráfico de obras de arte, impartido por expertos en este tipo de delitos, entre ellos un agente de la Interpol Perú.

En un momento de la clase, este agente-profesor sacó a colación el nombre de Leonardo Patterson, lo que llevó al funcionario gallego a relacionar la exposición que hace 10 años había visto en Santiago de Compostela, con el tráfico ilícito de obras de arte.

La policía española localizó unas semanas después las piezas robadas en ese almacén, al tiempo que el gobierno peruano inició los trámites para la devolución de más de 200 obras, de las cuales 31 fueron entregadas ayer por autoridades españolas.

Perú realizó con diligencia los peritajes y trámites necesarios para recuperar su patrimonio, algo que también han hecho autoridades de El Salvador y de Argentina.

Según una fuente del gobierno español, una vez que las piezas precolombinas fueron identificadas se envió a varios países, "entre ellos México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Perú y Argentina", un "reportaje gráfico", es decir, un video en el que se mostraba de forma pormenorizada las piezas incautadas.

Este "reportaje gráfico", que se envió a "principios de año", tenía la intención de que "cada gobierno evalúe e identifique las piezas que puedan ser originarias de su país", para que a su vez inicien los trámites necesarios para su repatriación.

En la embajada de México en Madrid confirmaron a este periódico que hasta el momento no se ha llevado a cabo ninguna gestión al respecto, ya que "es un asunto muy tardado y se está estudiando enviar una comisión de peritos del Instituto Nacional de Antropología e Historia para que examinen in situ las piezas".

Mientras tanto, las más de mil 800 piezas siguen guardadas en el almacén de la empresa de mudanzas a la espera de que los respectivos países las reclamen para que crucen de regreso el Atlántico.