Agencias
El personal de Servicios Secretos de EU acepta que la búsqueda ha sido más un juego de azar que información valiosa
Los estadounidenses se estaban acercando. Fue a inicios del invierno de 2004-5 y Osama bin Laden y sus acompañantes estaban localizados en una cueva en un escondite de montaña en la frontera entre Paquistán y Afganistán. De repente, un centinela que se encontraba a varios kilómetros de distancia, observó una patrulla de soldados estadounidenses que parecían llevar la dirección justo al escondite de Osama bin Laden.

El centinela dio la alerta por radio y rápidamente le fue comunicada a Osama y a los aproximadamente 40 guardaespaldas que lo protegían, quienes se prepararon de inmediato para cambiar al Sheik, como lo llaman, a un lugar más a la retaguardia.

Como luego lo relatara Shaik Said, un veterano operador egipcio de Al-Qaeda, el nivel de ansiedad estaba tan alto que los guardaespaldas estuvieron cerca de utilizar la palabra clave para matar a Bin Laden y luego suicidarse. De acuerdo con Said, Bin Laden ha decretado que él nunca debe ser capturado. "Si hubiera un 99 por ciento de probabilidades de que el Sheik fuera capturado, él le dijo a sus hombres que todos deberían morir y junto con él convertirse en mártires".

La palabra secreta nunca fue dada porque el centinela de Al-Qaeda observó que la patrulla de las tropas estadounidenses cambió de dirección. Los hombres de Bin Laden después concluyeron que los soldados estadounidenses casi se habían tropezado con ellos en su escondite por accidente.

Golpes de suerte

Ahora han pasado 6 años. El personal de los servicios secretos entrevistados por Newsweek, lamentablemente concuerda que la caza para encontrar a Bin Laden ha sido más un juego de azar que buenos servicios secretos.

Desde que Bin Laden se fugó de Tora Bora en diciembre del 2001, los servicios secretos estadounidenses nunca tuvieron una mejor probabilidad de capturarlo que un 50 por ciento. "No ha habido una pista seria para encontrar a Bin Laden desde inicios de 2002", dice Bruce Riedel, quien recientemente se retiró como experto de la CIA en el sur de Asia. "Lo que ahora estamos haciendo es disparar a ciegas al espacio exterior. Las probabilidades de atinarle a algo es simplemente cero".

¿Pero, como es posible, con todos sus satélites espías y aviones no tripulados, sus comandos asesinos y millones de dólares para recompensas? ¿Cómo es que la superpotencia mundial no puede encontrar a un hombre de mediana edad, probablemente enfermo, fanático religioso con un juego de pensamientos medievales? La respuesta corta a veces no dada a conocer es que un buen servicio de inteligencia en tiempo real es difícil conseguir en cualquier guerra y la cacería humana casi siempre es muy difícil, especialmente si el fugitivo puede desaparecer en una región remota con una población simpatizante. El Gobierno estadounidense ha hecho más difícil la búsqueda retirando personal y medios económicos.

El relato de la historia de la búsqueda del hombreconocido para los soldados y espías estadounidenses como "blancos de alto valor 1 y 2 (high value targets 1 & 2, HVT 1 y HVT 2) -Osama bin Laden y probablemente más peligroso, el número 2 Ayman al-Zawahiri- es uno frustrante, a veces agonizante, de oportunidades fallidas, de decisiones en las cuales las personas son condenadas si las hacen y son condenadas si no las hacen, además de fracasos absolutos.

Sin embargo, también es verdad que Al-Qaeda se ha estado reconstituyendo en las montañas de Paquistán y Afganistán, y que la organización terrorista está determinada a crear más septiembres 11 y tal vez pronto.

Antes de septiembre 11 la cacería de Bin Laden estuvo marcada por ciertas tentativas, un rechazo oficial estadounidense a meterse al negocio sucio de los asesinatos políticos o de que las tropas del país murieran. En unos cuantos días después del 9/11, el presidente Bush estaba prometiendo capturar a Bin Laden "muerto o vivo". De acuerdo con el secretario de defensa, Donald Rumsfeld, "vaporizaba" impacientemente mientras los militares se marchitaban golpeados por el clima y renegando con el complejo respaldo y arreglos de rescate antes de que los militares comprometieran tropas.

Para mediados de octubre, los oficiales de la CIA, el Ejército, la Naval y las unidades especiales de la Fuerza Aérea, ya estaban trabajando inusualmente en armonía usando soporte aéreo de alta tecnología y en una ocasión Rumsfeld animosamente la denominó "la primera carga de caballería del siglo 21" para matar, capturar o perseguir a miles de jihaidistas. Los talibanes huyeron a las montañas. Bin Laden, parecía, sería arrinconado.

Ciertamente, en diciembre 15, los operativos de la CIA escucharon en la radio de un jihaidista capturado, al mismísimo Bin Laden decir a sus seguidores "perdónenme" cuando estaba acorralado en sus cuevas de montaña cerca de Tora Bora.

Para atrapar a Bin Laden la CIA tuvo que depender de los jefes tribales locales, lo cual era muy poco confiable. Newsweek recientemente entrevistó a 2 de los 3 jefes tribales locales involucrados en la operación: Hajji Zahir y Hajji Zaman. Ellos afirmaron que la CIA dependieron más de la cuenta en wel tercer jefe tribal local, Hazrat Alí y que a Alí le pagaron 6 millones de dólares a cuenta de Osama bin Laden para dejarlo escapar. Alí no pudo ser localizado para que hiciera un comentario. Otros dicen que no hay evidencia confiable y que esto hacía que los jefes tribales locales recibieran dádivas de ambos lados.

Una sociedad impenetrable

Bin Laden no estaba tanto buscando refugio, sino ir a casa cuando desapareció en las abruptas serranías a lo largo de la frontera noroeste de Pakistán. A él siempre le había gustado la cacería y cabalgar en las montañas, y aún se construyó una burda alberca con una vista panorámica espectacular cerca de Tora Bora. A pesar de ser un saudita rico, Bin Laden desde hacía mucho había aprendido a vivir modestamente, insistiendo a sus seguidores a aprender a sobrevivir sin el conforts moderno del agua entubada y aire acondicionado.

Los jefes tribales locales de Pashtun no estaban dispuestos a denunciar a Bin Laden por una recompensa, aunque fuera una de 25 millones de dólares. La costumbre estrictamente observada de defender a los huéspedes, parte de un antiguo código de honor aisló a Al-Qaeda.

El gobierno central de Pakistán podía hacer demasiado poco para romper este esquema social. Las zonas bárbaras de la región administrada por los jefes tribales locales han sido ingobernables por siglos. El británico Raj fracasó y el Gobierno paquistaní nunca trató lo suficiente. En la década de 1980, durante la insurrección contra la administración soviética en Afganistán, las agencias tribales tenían resguardos para los jihaidistas como Bin Laden.

El dinero saudita construyó cientos de escuelas para la juventud local radicalizada y se forjaron alianzas para subvertir la administración soviética respaldada por el régimen afgano.

Entre tanto, la cacería de Bin Laden prosigue. Recientemente, todo se ha regresado al punto de partida -la región de Tora Bora. Este verano, unos 500 jihaidistas -de Talibán y Al-Qaeda, cada vez más indistingibles- infiltraron el área, después de que 3 soldados de las fuerzas especiales estadounidenses fueron muertos por una bomba colocada a la vera del camino a principios de agosto, los estadounidenses lanzaron la operación escoba por los escondites de Bin Laden respaldados por ataques aéreos.

El reportero de Newsweek en la zona, observó pasar pequeños convoyes de vehículos Humvee y camionetas pick up Ford del Ejército Nacional Afgano. En el camino pasó por unas docenas de tumbas árabes no marcadas de los bombardeos del 2001, pedacería de granadas detonadas, balas corroídas y pedacería de partes de equipos militares, algunos ya muy viejos. Panfletos volaban por doquier. Estos alertaban a los locales de que las tropas estadounidenses cazarían a la gente que diera albergue a los terroristas. Los panfletos mostraban fotografías llamativas de hombres enmascarados de apariencia malvada con ojos muy blancos y brillosos; uno de ellos tenía la palabra OSAMA en un círculo rojo con una banda diagonal atravesada.

El reportero de Newsweek y su guía caminaron junto a una serie de tanques de guerra soviéticos destruidos pintarrajados de graffiti triunfalista árabe; son las reliquias de la lucha contra la ocupación soviética de Afganistán. Al final del camino, llegaron al viejo complejo de cuevas de Bin Laden, justo arriba de un desfiladero conocido como el Valle de Malawa. En una amplia saliente se encontraba la vieja alberca, ahora seca, sin embargo, todavía con una vista espectacular. Había habido rumores de avistamientos del Sheik y su cuerpo de guardaespaldas. Sin embargo, eran sólo rumores.