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La Garita de Alajuela, Costa Rica.-Pasó una década, pero la espera no fue en vano: casi diez años después de ser liberados, finalmente han comenzado a reproducirse ejemplares de una especie avícola en peligro de extinción que habían nacido en cautiverio en el sur de Costa Rica.
La guacamaya, o lapa roja (Ara macao), con su larga cola y sus tonos amarillos y azules, fue por mucho tiempo presa favorita de cazadores, que casi la exterminan. En algún momento pobló todo el país, pero ahora sobrevive únicamente en dos zonas protegidas: el parque nacional Carara en el Pacífico central y el parque nacional Corcovado, en el Pacífico sur.

"Empezamos el proyecto con la idea de crear una tercera población genéticamente viable. Las lapas nacen en cautiverio en el Centro de Reproducción de Animales en Vías de Extinción (CRAVE), que opera en el parque privado ZooAve. Desde 1998 empezamos a liberarlas para un total de 100, pero la meta es llegar a 200 individuos", explicó a la AP la bióloga Laura Fournier.

Pasaron diez años antes de que se comprobase el éxito de la misión, al detectarse los primeros nacimientos entre las guacamayas liberadas.

"A las lapas les toma entre siete a nueve años para empezar a reproducirse, y ya en el 2007 registramos 16 pichones. En lo que va de este año ya llevamos seis más y tenemos unas cuatro parejas con huevos. Todo este tiempo solo estuvimos esperando que esto sucediera", dijo entusiasmada Fournier.

El ZooAve es además uno de los tres centros de acopio para animales decomisados por funcionarios del ministerio del Ambiente (Minae) o entregados por particulares de forma voluntaria. Actualmente es la casa de 86 guacamayas, incluidas 27 parejas que están en el programa de reproducción.

"Y nos siguen llegando. El Minae acaba de traernos dos pichoncitas que estaban como mascotas en una finca", destacó Fournier al señalar que las aves que deben quedarse es porque, tras nacer en cautiverio, no están en condiciones de sobrevivir en el bosque. "Incluso no saben alimentarse solas", añadió.

Lo que sí es totalmente natural es la reproducción. "Las lapas son monógamas, las ponemos juntas y ellas se emparejan solitas. A veces hasta pierden la pareja y aún así aceptan otra", relató.

A los ocho meses de nacer, cuando las crías están listas para ser liberadas, no se trata solo de abrirles la puerta y que salgan volando. Son sometidas a exámenes físicos y clínicos para detectar enfermedades infectocontagiosas y parásitos, así como anormalidades de conducta.

Luego se hace el largo viaje: unas ocho horas hasta Golfito, ciudad ubicada en el Pacífico sur a unos 310 kilómetros de la capital. De allí el traslado sigue otros 16 kilómetros por mar hasta la playa, o otro kilómetro después se arriba al Centro San Josecito.

"Que el centro se encuentre tan aislado no es una casualidad, ya que se eligió este lugar precisamente para evitar liberar animales cerca de asentamientos humanos. Además está rodeado por el parque nacional Piedras Blancas, lo que ofrece un hábitat adecuado y protegido", dijo Fournier.

Para José Joaquín Calvo, director de Vida Silvestre del Minae, este tipo de planes ha colaborado en disminuir la presión sobre la especie, quese encuentra en la lista de peligro de extinción. "A nivel nacional siempre se da la extracción de pichones y también de adultos cuando pueden, a pesar de los esfuerzos del gobierno", comentó Calvo, al agregar que otros animales víctimas de este comercio son los pericos, loros y los monos.