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"Fue como si el cielo ardiera". Así, con esa sola frase, Ofelia Ramírez describe la impresión que sufrió al darse cuenta del estallido de un ducto de Pemex en la entrada al municipio de Maltrata.
Cd. Mendoza, Veracruz.- A sus 80 años repite constantemente que a eso de las 4 de la mañana "se oyó el tronidazo y comenzamos a correr para arriba, porque empezamos a oír cómo ardía el monte, y luego al ver la flamada mejor nos fuimos".

Vecina de la comunidad de Salinas -antes La Estancia- la mujer mira a lo lejos la columna de humo negro que a ratos se ilumina con las flamas que reavivan las rachas de aire y recuerda que no es la primera vez que le toca una explosión de este tipo.

Hace 40 años, dice, en el cerro del Borrego, en Orizaba, también le tocó ver cómo estalló un ducto de la paraestatal, pero sin que se tuvieran mayores consecuencias.

"Ya era de noche cuando oímos el tronidazo, oímos que se reventó el tubo y vimos la lumbrada, parecía que ardía el cerro, levantamos al vecino, pero nos dijo que no pasaba nada, pero de pronto todo se iluminó y dijimos mejor vámonos, de repente vaya a explotar más y nos quema, mejor vámonos".

Pero para doña Ofelia no pasó del susto, si bien abandonó su vivienda, sólo fue por un rato y al poco tiempo regresó para seguir su vida normal y atender una pequeña tienda en esta comunidad.

Para Dorotea Cortés y su familia el susto les obligó a salir de su casa y cuando intentaron regresar a ella, personal del Sistema Municipal de Protección Civil ya no se los permitió.

"Estábamos durmiendo y de pronto oímos las sirenas de las patrullas, le hablé a mi esposo y le dije que algo estaba pasando, salimos a la calle y nos dimos cuenta de que estaba el incendio y corrimos pa'l cerro", relata la mujer que junto con su esposo, su hija, un nieto y su yerno tuvieron que irse a un albergue de Ciudad Mendoza.

"Nos espantamos mucho y cuando quisimos regresar a nuestra casa ya no nos dejaron porque el río Chiquito estaba contaminado y nos dijeron que era peligroso, por eso nos tuvimos que venir".

Ella, como otras mil 500 personas de la región de Maltrata, tuvieron que abandonar sus viviendas para ponerse a salvo tras el estallido de los ductos, pero sobre todo por el combustible que se derramó en el río Chiquito, que atraviesa los municipios de Nogales y Ciudad Mendoza.

Ya al filo del mediodía, luego que se les ofrecieran desayuno y comida, poco a poco fueron regresando a sus viviendas, no sin antes dárseles cubrebocas para evitar intoxicaciones por los restos que pudiesen quedar.