Lourdes de Koster
Cd. de México.- Los periodistas que han pedido a las autoridades federales que frenen las agresiones del narcotráfico en contra de periodistas, únicamente han encontrado como respuesta un "cuídate mucho".
Francisco Castellanos, corresponsal de la revista Proceso en Michoacán, recordó que cuando junto con otro grupo de reporteros levantó la voz y pidió al ex procurador Eduardo Medina Mora un respuesta, éste le respondió "cuídate mucho".

Durante el panel "El riesgo y las consecuencias de la autocensura. ¿Cómo combatir la autocensura?", que fue moderado por Darío Fritz, periodista independiente, y en el que participaron también Héctor Padilla, del El Imparcial de Hermosillo y Marco Lara Klahr, también reportero independiente -éste último coautor de "Los Amos de México"-, los ponentes coincidieron en que la autocensura es uno de los principales enemigos en las redacciones de los medios de información.

En algunos periódicos, recordó Castellanos, la violencia en contra de sus reporteros obligó a sus directivos -principalmente en provincia- a suprimir la publicación de la sección policiaca y en otros casos se tomaron medidas extremas para proteger la identidad de los comunicadores.

Cuando se trata de un asunto que se va a firmar, que es delicado, hay mucho miedo. "Hay una ley mordaza, pero con una pistola en la boca", insistió Castellanos.

Para Marco Lara Klahr, los periodistas se han vuelto cómplices de esta autocensura y habló de las "Zonas de Riesgo" editado por la SIP, en donde se advierte que los periodistas no se deben "meter" en ciertas rutas del narcotráfico. Dijo que sería mejor llamarlas zonas de vulnerabilidad.

"Hay un problema preocupante en las redacciones, la parte laboral de los reporteros que cubren notas de seguridad, porque a veces nos portamos como policías, petulantes y prepotentes. Nosotros no somos fuerza beligerante".

Mientras los periódicos estén pagando 2, 4 y 5 mil pesos por coberturas de temas especiales, será más vulnerable la situación del reportero. Un periodista barato, es un periodista desechable.

Tampoco existe una política editorial permanente y seria cuando se trata de aclarar un caso de un periodista desaparecido.

Marco Lara sostuvo que no se puede permitir que "la sociedad exija que cumplamos con un papel de informar, cuando en los periódicos no se reconoce el trabajo y la responsabilidad de cada reportero".

Continuó: "¿Cómo podemos exigir que cuando se trata de atentados a periodistas, se haga justicia? Y cuando se trata de conciudadanos que viven o enfrentan injusticias, no se haga lo mismo; es decir, tiene que haber coherencia entre los comunicadores".