Redacción
Saltillo, Coah.- Parecía demasiado temprana la despedida, pero así era, porque el momento había llegado y los dos comandantes caídos tenían una nueva cita con el destino, aunque esta vez sería la última. Rumbo al homenaje.
Compañeros, familiares y amigos les rinden homenaje luego de que cayeron en cumplimiento de su deber

Faltaban pocos minutos para las 15:00 horas en el reloj principal de la capilla Renacimiento, cuando los deudos cayeron en la cuenta, entonces se dispuso que los cuerpos de Hugo Sandoval y Víctor Uresti "abordaran" las carrozas que los llevarían hasta el sitio donde les tenían preparado el gran festejo.

Ya en el edificio de la Secretaría de Seguridad Pública, los féretros de madera fina que contenían los restos de los oficiales se abrieron paso entre la multitud que los aclamababa, porque los bañaron de aplausos en su entrada triunfal al recinto, donde por años sirvieron estoicamente. Mientras, las guardias de honor e interminables deferencias para los caídos se multiplicaban a cada instante, los familiares recibían los presentes que les harían recordarlos para siempre.

Tras 27 minutos de emotivas actividades, los ataúdes reanudaron su marcha y los extintos agentes estatales realizaron su último recorrido, cuando muchos de sus compañeros guiaron las cajas hasta la carrozas que instantes después se enfilaban rumbo al panteón Santo Cristo. El funeral de dos amigos.

Mientras la tarde parecía vestirse de luto, centenares de amigos y familiares guiaban sus destinos, en donde al filo de las 16:00 horas, se tenía contemplado el último adiós. Cuando la muchedumbre llegó a las afueras del cementerio, los vehículos fúnebres aguardaron el momento. A vuelta de rueda y seguida de una tensa calma, las unidades que llevaban los cuerpos de los infortunados policías deambuló por varios pasillos del panteón. Minutos más tarde, el sol dejó caer sus rayos a plomo sobre los caminantes.

Con una mezcolanza extraña de risas y llanto, los dolientes se apostaron bajo los toldos blancos donde fueron colocados los cajones de caoba que contenían los restos de sus familiares, listos para despedirse de ellos. Abrigada por la cálida brisa de un viento que parecía benevolente y hasta resignante, una joven mujer decidió cantarle una canción a Víctor Uresti, buscando cumplir la promesa que le había hecho cuando todo era felicidad. Con el ánimo por los suelos pero haciendo un último esfuerzo, la cantante improvisada sacó su quebrada voz para complacer al comandante, que vestía impecable su traje verde de la Policía Federal Preventiva, como en otros tiempos.

Después de eso, las palabras de aliento entre los allegados de los caídos se escucharon en las bocinas improvisadas para la ocasión, dando paso a lo que sería el triste final de la historia. A pocos metros de donde estaban, las fosas abiertas daban paso a la cruel realidad y los lamentos se convirtieron en tensa calma cuando comenzó el descenso de los ataúdes. Primero fue el turno de Víctor, que entre prolongados aplausos fue recibido por la tierra, mientras las sirenas de las patrullas ululaban otorgándole el último minuto de alabanza antes de pasar al mundo de los recuerdos. Enseguida, Hugo fue acompañado hasta su última morada por los vítores de los cadetes estatales, que formaban una monumental valla humana semejante a la instaurada por los policías de la dependencia en activo.

Un triste final
Cuando los servicios fúnebres terminaron por completo, muchos aspirantes a policías hicieron una larga fila para colocar sobre las tumbas centenares de coronas, donde las rosas blancas y rojas brillaban tanto como las margaritas que les hacían comparsa. Al final de la jornada, un hombre se paró en medio de la nada para anunciar a grito abierto que el recuerdo de los oficiales fallecidos seguirá vigente, con la serie de misas que se ofrecerán en su honor en los próximos días.

Cronología

14:45 horas
* El cortejo fúnebre sale de las capillas de velación situadas en el bulevar Nazario Ortiz Garza, custodiado por una gran cantidad de unidades policiacas de diversas corporaciones.

15:00 horas
* El contingente que resguarda los restos de los comandantes caídos hace su arribo al edificio de la Secretaría de Seguridad Pública, comenzando así el homenaje que se tenía previsto.

15:15 horas
* Diversos jefes policiacos hacen una guardia de honor ante los féretros de los infortunados policías, mientras una banda de guerra les rinde tributo en medio del protocolo festivo.

15:27 horas
* Una caravana de patrullas inicia el recorrido de las carrozas que se dirigen al panteón Santo Cristo, donde acompañarán a los comandantes en el último adiós.

16:00 horas
* El convoy cruza el umbral del panteón, seguido de una gran multitud; se afinan los detalles para la culminación de los honores fúnebres.

16:48 horas
*Comienza la triste despedida de los oficiales que murieron en el cumplimiento de su deber; los deudos brindan algunas palabras a los presentes.

17:20 horas
* Los comandantes son sepultados y los presentes comienzan a retirarse, luego de llenar las lápidas con centenares de arreglos florales.