Notimex
México.- El laureado organista Víctor Urbán, de 74 años de edad, afirmó que "si no se es espiritual, no se puede ser organista, se debe tener un profundo sentimiento religioso, una convicción para poder transmitir lo mismo que los autores de esta música quisieron decir".
En un comunicado de Conaculta, el destacado organista, cuyo nombre lleva el XI Festival Internacional de Organo, que en su honor se celebra del 1 de febrero y hasta el 5 de marzo, en el Estado de México, Distrito Federal, Tlaxcala y Querétaro, confesó a sus 52 años de concertista, que siente nervios cada vez que se dispone a tocar ese instrumento.

A lo largo de su carrera ha interpretado más de mil obras distintas, algunas en una sola ocasión y otras repetidas veces para audiencias que van desde los jerarcas católicos, hasta campesinos de pequeñas comunidades de México.

Urbán es organista titular del Auditorio Nacional y tiene premios en todo el mundo por su profesión. Sin embargo, eso no obsta para que un escalofrío le recorra el cuerpo antes de cada interpretación.

Urbán es un organista de tercera generación. Su padre y su abuelo interpretaron este instrumento profesionalmente y él no dudó en adoptarlo desde que escuchó a José Estrada, uno de los mejores intérpretes que dio México en los años 50 y 60.

"Cuando tenía seis años lo escuché tocar y le dije que quería estudiar lo que él sabía. El se rio, porque yo era un niñito, pero yo estuve seguro de que eso era lo que quería hacer toda mi vida. Después Estrada fue mi maestro", dijo el virtuoso.

El músico, quien también fue director del Conservatorio Nacional de Música y de la Escuela de Bellas Artes del Estado de México, es un hombre sencillo, no se envanece de sus reconocimientos y para él cada persona que lo escucha tocar, es importante.

"Mucha de mi música se la dedico a Dios. Cada interpretación es como la fuerza de una oración, soy un católico convencido que defiendo la música sacra como un elemento inseparable de la religión", precisó.

El acto de tocar es para él "como presenciar una gran obra de arte", que lo llena por dentro. Johann Sebastian Bach y César Franck son sus compositores favoritos, por las imágenes fantásticas que son capaces de crear sus obras. Sabe que esa música es especial porque fue escrita para Dios y, por eso mismo, le guarda respeto.

Ante el rescate de partituras antiguas y la grabación de esas obras, Urbán se siente complacido, pero tiene una propuesta concreta para la difusión de la música sacra: su regreso a los templos y las ceremonias religiosas.

"El canto gregoriano, la polifonía y el órgano deben volver. Los jerarcas de la iglesia deben insistir para que así sea y esta música se promueva", dijo Urbán.

"Estoy en contra de la música hecha con guitarras o batería dentro de los templos, porque no es música sacra. A mí, el mariachi en una iglesia no me gusta, pero sí en un palenque; no me gustaría tocar mi música en una corrida de toros, no es su lugar. Es lo mismo exactamente".

Víctor Urbán es organista titular de la Iglesia de San Ignacio de Loyola, en la colonia Polanco, en la Ciudad de México. Hizo la carrera de composición en el Conservatorio Nacional de Música con maestros como José Pablo Moncayo y Blas Galindo y prefiere ser conocido como intérprete y "elevar el espíritu de quienes lo escuchan tocar".

"Me tranquiliza el hecho de que ahora hay una nueva generación de organistas jóvenes y de que el público para la música sacra crece cada vez más en México. El Festival es una pequeña aportación que hacemos para que la tradición perdure", concluyó.

En ese acontecimiento participan Stephan Kofler, organista, clavecinista y fundador del Festival Internacional de Organo de Merano, Italia, y el norteamericano Kevin Clarke, compositor, organista y director del coro en la Iglesia de La Encarnación, de Dallas, uno de los centros episcopales más grandes en los Estados Unidos.