Brenda Delabra
El famoso Ironman de Saltillo realmente empezó con el pie derecho su reto luego de que ya tomó el avión a Belice
El rocío de la madrugada aún se sentía, las calles solitarias de Saltillo y uno que otro automóvil deambulando iluminaba el pavimento, sobre la calle José Cárdenas, aguardaba el sueño de los integrantes de la familia Estrada Ramírez, justamente en el día que ha cambiado el rumbo de sus vidas por completo.

Bajo el destello de las estrellas, las manecillas del reloj marcaban las 6:05 horas, tiempo en que Jesús Eduardo Estrada Flores saltó de la cama para enfundarse en sus jeans, la camisa de uno de sus patrocinadores y lucir la gorra que vestirá durante 51 días.

La luz del comedor se encendió, Eduardo abrió las puertas de su hogar a Vanguardia mientras terminaba de ordenar maletas, pasaporte y demás papelería, como si fuera a un viaje de placer. Sus hijos Eduardo e Isaac se alistaban para ir a la escuela y su esposa Leticia, afinaba su arreglo personal.

Corriendo los segundos la calma de ver amanecer un nuevo día se volvió una mezcla de sentimientos, Leticia hacía cuentas, revisaba los teléfonos celulares, Eduardo se movía del baño a la recamara, de la recamara a la oficina, preguntaba "¿ya está todo listo?".

Su hijo mayor, Eduardo Eliud, veía el vaivén de sus padres mientras desayunaba unas quesadillas y un jugo, Isaac apenas abría los ojos para darse cuenta de que había llegado el día en que su padre tomaría el vuelo a Belice.

Habían pasado ya 25 minutos, era hora de partir. El Ironman llamó al chofer que desde las 5:30 horas esperaba el banderazo para tomar carretera, la instrucción "sube las maletas por favor", parecía que todo estaba listo, pero las pertenencias de Eduardo seguían en el interior de su hogar, ya que el equipaje a bordo era el de su esposa.

La hora de la despedida llegó faltando 20 minutos para las 7:00 horas. El nerviosismo se apoderó del hombre que logró romper cinco bloques de hielo, mientras Leticia decía: "Cuídense, los amo mucho", Eduardo Estrada Flores abrazaba a sus hijos, principalmente a Isaac, quien se quedó en casa, con Eduardo su hijo mayor fue diferente, ya que sus padres antes de tomar carretera lo llevaron a la Universidad.

Al llegar a la escuela Eduardo Eliud bajó de la camioneta, Leticia decía "despídete de tu padre" y Eduardo Estrada bajó también para abrazar a su hijo quien con lágrimas y una entrecortada voz dijo: "Más te vale que ganes y que regreses. Te quiero mucho, cuídate".

El sentimiento embargó en ese instante a los integrantes de la familia. estaban por dar las 7:00 en punto y el tiempo para que Leticia volara a las 8:00 horas a Belice se agotaba, pero la preocupación de madre la hizo marcar a Eduardo para darle un mensaje.

"¿Sí me oyes?, acuérdate que somos un equipo y hay que sacar esto adelante. Te amo, sé el mejor en la escuela, como siempre", finalizando la llamada comentó: "Eduardo es el mayor, todo este tiempo no demostró nada, hasta ahorita le puede que su papá se vaya, hasta ahorita le cayó el 20".

Ya tomandola carretera Saltillo-Monterrey el Ironman y su esposa se entregaban la papelería respectiva, para no tener confusiones en el aeropuerto.

Cruzando la primer caseta de cobro, Eduardo Estrada externo algunas palabras en las que retomó su historia, la idea que surgió para lanzarse a esta aventura de la que no sabe si va a regresar con vida o logrará vencer el físico para lograr su mayor sueño atlético.

"Lo que voy a realizar lo hago por mi propia conveniencia, por mis propios gustos, por mi deseo, y que pase lo que pase soy yo, simplemente prefiero quedar en la raya o morirme en otras palabras, luchar por mis sueños por los que deseo forjar, que es llevar más allá la capacidad del cuerpo humano", dijo convencido.

A pesar de ir en contra de los pronósticos, el coahuilense no baja la guardia y la duda de la gente no le infunde nerviosismo, al contrario, le da ánimo para llegar hasta la meta que ha planteado en Toronto, Canadá.

"Quizás la emoción de todo esto, la línea de toda la gente en se podrá no se podrá, porque no existe un hombre en la Tierra que lo haya ni siquiera intentado, no hay una lógica para prepararte bajo el esquema de alguien, cada paso que des vas a ir poniendo tu huella".

Rastro que piensa dejar no sólo en el aspecto físico, ya que para alcanzar el objetivo Eduardo le ha apostado a la mente, sin embargo, reconoció que su principal motor es la familia que ha formado con Leticia, quien se limitó a escuchar la conversación; su madre y sus amigos.

-¿Qué es lo más difícil que se ha topado Eduardo para lograr este reto?-

"Me he topado con el llanto de mi madre que no quiso bajar porque no quiso ver una despedida, unos hijos que son fuertes y que en el trayecto de todo el tiempo nunca los había visto llorar como fue hace rato, una esposa que a la buena y a la mala ha dado todo lo que tiene por mi".

Al llegar al aeropuerto Internacional Mariano Escobedo, Eduardo bajó sus maletas y pasó a documentar su equipaje, la salida estaba dispuesta a las 9:40 horas, aún había tiempo de tomar un café.

Las 9:25 marcó el reloj digital de Eduardo, es hora de partir hacía la puerta 11, justo a dos pasos de la línea divisoria Leticia abrazó fuerte al hombre con el que ha compartido más de 15 años de su vida, deseándole suerte y con lágrimas, un beso que selló la partida, un allá nos vemos y te amo.

Eduardo se despidió dando una palabras de agradecimiento a los que le han apoyado en su proyecto, entre ellos a Armando Castilla.

Revisado el boleto, el cuerpo de Eduardo y sus ilusiones desaparecieron en la escalera electrica.

El avión despegó y se perdió entre la densa bruma que cobijaba el municipio de Apodaca.