Varias personas asisten a una ceremonia religiosa en la catedral de Puerto Príncipe, Haití hoy, día en que se conmemora el primer aniversario del terremoto que causó unos 300,000 muertos y dejó 1.2 millones de desplazados. Foto EFE
Eva Font Mendiola/DPA
"Pocos estudiantes pueden obtener una plaza en la universidad pública, mientras que los pobres no pueden ir a las privadas. Por eso hay tanta delincuencia juvenil", lamentaba Kendalie.
Nueva York, EU.- Joseph Kendalie, de 20 años, y Yoldine Estimé, de 17, son dos jóvenes de la ciudad de Hinche, situada en la parte central de Haití. Un año después del terremoto que azotó su país, las dos jóvenes reclaman que el gobierno y la comunidad internacional no se olviden de lo que consideran más importante para la reconstrucción del país: educación.

Kendalie y Estimé estuvieron la víspera del primer aniversario del terremoto en la ONU participando en un panel sobre niños y Haití. Ambas forman parte de una entidad juvenil de su ciudad apoyada por la organización cristiana World Vision, que les ha estado costeando sus estudios durante varios años.

"Pocos estudiantes pueden obtener una plaza en la universidad pública, mientras que los pobres no pueden ir a las privadas. Por eso hay tanta delincuencia juvenil", lamentaba Kendalie.

La joven, que quiere ir a la universidad en Hinche para estudiar comunicación y sociología, recordaba que la mayoría de centros universitarios desaparecieron porque estaban ubicados en la capital, Puerto Príncipe, una de las zonas que más sufrieron el sismo.

"Tenemos un problema con la educación en Haití, ya que muchas universidades se derrumbaron por el terremoto", explicaba Kendalie.

"Cuando ocurrió el terremoto, aunque nuestra escuela no se derrumbó porque nuestra ciudad no estuvo afectada, estuvimos un mes sin poder ir a clase", añadía. "Además, los niños de Puerto Príncipe se desplazaron a Hinche y no había sitio para todos ellos en las aulas".

Algo, que, un año después, dijo Kendalie, ha mejorado, "aunque los niños vayan a escuelas provisionales montadas con carpas".

Pero ni Kendalie ni Estimé, ni sus compañeros en Haití, quieren simplemente reclamar. Quieren, dicen, participar directamente en la reconstrucción o, más bien, recreación de su país: "A los niños no se les da la oportunidad de ser escuchados", lamentó Kendalie.

"Queremos tomar parte en la reconstrucción. Queremos tener el derecho a vivir bien, a que se nos proteja, a que podamos participar".

Por su lado, Estimé, que estudia secundaria, añadía: "Queremos ser respetados, más escuelas y universidades, un programa académico, que se eduque a los padres".

Un año después del sismo que quitó la vida a al menos 230.000 personas en el país más pobre del Hemisferio Occidental, Estimé ve futuro en Haití: "A pesar de lo que ha pasado, tenemos mucha confianza en Haití y en que mejore".