Ortega se fue sin humillación

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Deportes
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    En su despedida como presidente deportivo del Guadalajara, Rafael Ortega asegura que se va sin humillación alguna.

    Guadalajara.- Fue señalado y exhibido. Jorge Vergara lo responsabilizó por el "error" contratar a Fernando Quirarte y posteriormente a Ignacio Ambriz. Le atribuyó parte de la culpa en el fracaso de Chivas.

    Sin embargo, Rafael Ortega mantiene la amabilidad que le caracteriza al llegar a la sala de prensa.

    En su despedida como presidente deportivo del Guadalajara asegura que se va sin humillación alguna.

    El anuncio de que dejaba la presidencia deportiva del equipo lo hizo la directiva justo después del 0-5 en Quito. Ignacio Ambriz se quejó de las formas en que el equipo de Johan Cruyff le informó que no entraba en planes. Pero Rafael Ortega no se siente ofendido, pues revela que fue él quien tomó la decisión.

    "Las formas fueron correctas. No hay ninguna humillación. Me dieron la oportunidad hace 10 años (de ser jefe de servicios médicos) y me llena de felicidad, luego me dicen que sea presidente de este club que quiero tanto. Puedo decir que fueron muy correctos en su momento, que no lo hayamos dado a conocer es otra cosa. No me genera ninguna molestia, yo estoy feliz y agradecido con ellos (directivos)", señala.

    Y enseguida el ahora ex directivo explica: "Cuando se hace la contratación de Johan Cruyff, con toda la tranquilidad les externo, en el momento oportuno, que veía la necesidad de regresar a la dirección médica. Angélica y Jorge me respetan, ellos querían que siguiera de presidente".

    Ortega no puede borrar el semblante nostálgico de su rotro, pero reitera que su salida del puesto, no de la institución, se ha dado en buenos términos: "De manera natural se platicó, de una manera transparente, sin agresión hacia mi persona, fue una forma educada y correcta, pero yo lo que creo conveniente es regresar al área médica que es lo que más disfruto. Nací para ser médico y seguiré en Chivas mucho tiempo".

    Los señalamientos de Vergara no le incomodan. Ortega es un caballero aún en la tempestad. "A mí no me da pena. Cuando te equivocas, te equivocas y ya. No tengo ningún reproche en lo más mínimo. Aunque el equipo hubiera calificado o sido campeón, yo ya no sigo. Es una decisión profesional. No hubiera seguido ya en la presidencia deportiva y no por la llegada de Cruyf, sino porque la etapa estaba terminada, me apasiona la medicina y tenía cosas que hacer", sentencia.

    Reitera, con honestidad, su responsabilidad en otro de los errores cometidos previo al actual torneo. "Yo consideraba que era un grupo con madurez que había logrado en 2011, yo nunca solicité los refuerzos, porque veía al equipo con un crecimiento importante. No me faltó apoyo, tuve lo que necesitaba", asegura.

    En el recuento final, sonríe al recordar los viajes del Rebaño Sagrado a diversas poblaciones de Jalisco para entrenar. Esa idea que implementó, considera, es su legado. "Quisiera que se queden con el hecho de que Chivas tiene que estar siempre cerca de la afición, debemos entender que el equipo es un medio parallevar felicidad a gran parte del país. Me gustaría que se queden siempre con ese compromiso de llevarle alegría a la gente", asevera.

    Cuando llega el momento de partir, resume su gestión de 15 meses en cinco palabras: "No me arrepiento de nada". Poco después, el jefe de los servicios médicos se acomoda el saco, se pone de pie y abandona la sala de prensa.

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