Pumas y Chivas, ‘grandes’ que no transmiten nada

Deportes
/ 14 septiembre 2021

Claro que hay temporadas malas, rachas negativas y crisis en todos los equipos grandes del mundo. A todos les ha pasado, al Milan, al BayernMunich, al Real Madrid, a River Plate o a Boca Juniors; es parte deeste deporte, pero de eso a que los conjuntos con mayor penetración,afición, no transmitan nada, debe ser muy preocupante.

Penoso, enverdad que fue penoso el espectáculo que brindaron Pumas y Chivassobre la cancha del Olímpico Universitario. Se han transformado endos equipos a los que el calificativo de “equipo grande”les queda gigantesco. No emocionan, no transmiten pasión. Se hanconvertido en grisáceos, como si fueran los Tecos, Lobos BUAP oalgún equipo de esa categoría en la historia del futbolmexicano.

Directivos como Leopoldo Silva y Ricardo Peláez se hanempeñado en destruir a sus instituciones... Y ahí van, cada vez máscerca de lograrlo. Ni a sus seguidores, ni a cualquier otra personaque se haya encontrado el partido por televisión, se animó apermanecer en éste más de 15 minutos. Penoso y desagradable.

La”grandeza” de estos dos clubes ha quedado en el pasado. Seles llama así solamente por costumbre, porque —por comportamiento—están muy lejos, y más cuando al enfrentarse entre ellos muestranun patético nivel futbolístico y nada, en verdad nada, que sea paradestacar. Al Guadalajara, la grandeza se le quedó atorada en aquellode que juega con puros mexicanos, y a Pumas se le ha convertido en unmito, un recuerdo, ser la mejor cantera de México, algo que ya no esdesde hace tiempo.

Y que no vengan con la ridícula cantaleta yjustificación de que les hacían falta piezas importantes. Porque,incluso con su plantel completo, son plantillas comunes, corrientes,para lo que se supone que representan dentro de la historia delfutbol mexicano. Incomprensible que alguien como Víctor ManuelVucetich no pueda hacer funcionar a las Chivas, y si no puede, que sehaga a un lado. No importa si es porque los jugadores no loentienden, no lo quieren o no tienen la capacidad. Bajo su mando, elGuadalajara da tristeza y pena.

La misma pena que dan los Pumas,que navegan sin rumbo y cuya directiva pensó que anunciando lallegada de Miguel Mejía Barón el equipo iba a inyectarse delorgullo que por lo menos debería mostrar sobre la cancha.

Estosdos equipos son un fiel reflejo de la incapacidad total, de ladecadencia futbolística y hasta económica de instituciones que sequedaron en el pasado, cuando se ganaron ese mote de “grandes”,pero que han tirado a la basura el legado de muchos personajes quehan pasado por sus filas. Porque hoy, Pumas y Chivas no solamente sonel hazmerreír de la Liga, sino que además ya no transmiten nada másque vergüenza.

Claro que hay temporadas malas, rachas negativas y crisis en todos los equipos grandes del mundo. A todos les ha pasado, al Milan, al Bayern Munich, al Real Madrid, a River Plate o a Boca Juniors; es parte de este deporte, pero de eso a que los conjuntos con mayor penetración, afición, no transmitan nada, debe ser muy preocupante.

Penoso, en verdad que fue penoso el espectáculo que brindaron Pumas y Chivas sobre la cancha del Olímpico Universitario. Se han transformado en dos equipos a los que el calificativo de “equipo grande” les queda gigantesco. No emocionan, no transmiten pasión. Se han convertido en grisáceos, como si fueran los Tecos, Lobos BUAP o algún equipo de esa categoría en la historia del futbol mexicano.

Directivos como Leopoldo Silva y Ricardo Peláez se han empeñado en destruir a sus instituciones... Y ahí van, cada vez más cerca de lograrlo. Ni a sus seguidores, ni a cualquier otra persona que se haya encontrado el partido por televisión, se animó a permanecer en éste más de 15 minutos. Penoso y desagradable.

La ”grandeza” de estos dos clubes ha quedado en el pasado. Seles llama así solamente por costumbre, porque —por comportamiento—están muy lejos, y más cuando al enfrentarse entre ellos muestran un patético nivel futbolístico y nada, en verdad nada, que sea para destacar. Al Guadalajara, la grandeza se le quedó atorada en aquello de que juega con puros mexicanos, y a Pumas se le ha convertido en un mito, un recuerdo, ser la mejor cantera de México, algo que ya no es desde hace tiempo.

Y que no vengan con la ridícula cantaleta y justificación de que les hacían falta piezas importantes. Porque, incluso con su plantel completo, son plantillas comunes, corrientes, para lo que se supone que representan dentro de la historia del futbol mexicano. Incomprensible que alguien como Víctor Manuel Vucetich no pueda hacer funcionar a las Chivas, y si no puede, que se haga a un lado. No importa si es porque los jugadores no lo entienden, no lo quieren o no tienen la capacidad. Bajo su mando, el Guadalajara da tristeza y pena.

La misma pena que dan los Pumas, que navegan sin rumbo y cuya directiva pensó que anunciando la llegada de Miguel Mejía Barón el equipo iba a inyectarse del orgullo que por lo menos debería mostrar sobre la cancha.

Estos dos equipos son un fiel reflejo de la incapacidad total, de la decadencia futbolística y hasta económica de instituciones que se quedaron en el pasado, cuando se ganaron ese mote de “grandes”, pero que han tirado a la basura el legado de muchos personajes que han pasado por sus filas. Porque hoy, Pumas y Chivas no solamente son el hazmerreír de la Liga, sino que además ya no transmiten nada más que vergüenza.