LA JORNADA
México, D.F. .- Con una población de 150 millones de jóvenes, de los cuales poco más de 33 por ciento no estudia ni trabaja, el principal reto para los países iberoamericanos no sólo es aplicar políticas públicas transversales para atender la emergencia juvenil, sino reconocer que "un foco rojo es la práctica educativa, donde el joven sencillamente es un extraterrestre, porque no se tiene idea de quién es, y esto nos puede condenar al subdesarrollo", alertó Eugenio Ravinet, secretario general de la Organización Iberoamericana de la Juventud (OIJ).
En entrevista con La Jornada, destacó que actualmente hay un "divorcio" entre las sociedades y sus jóvenes, pues a pesar de que "nunca antes en nuestra historia como naciones habíamos tenido un número tan importante de jóvenes, debido al bono demográfico, también prevalece una mayor indiferencia hacia sus necesidades, que los hace prácticamente invisibles".

En nuestras sociedades, indicó, no hay ni las ganas ni el interés de comprenderlos o de dialogar con ellos, y son "pocos los estados y los políticos que tienen claro que son la clave del futuro, por lo que hay que invertir decididamente en ellos para garantizar que tengan acceso a las mejores condiciones de formación, y con ello fortalecer la construcción de una mejor sociedad para el futuro".

Agregó que la criminalización de la juventud es un fenómeno mundial, que no afecta únicamente a los países en vías de desarrollo, donde prevalece una estigmatización del joven como símbolo de "irrupción o rebeldía, por lo que se les asocia a problemas de delincuencia e inseguridad, mientras que en Europa, se les etiqueta por considerar que su único interés es pasarla bien, sin preocuparse por su realidad".

Nos ha costado reconocer, afirmó, que "no hay una juventud, sino juventudes e identidades que van desde aquellas que pueden ser compartidas por millones, hasta algunas microscópicas, pero que representan un enorme abanico de realidades juveniles que no podemos ni siquiera catalogar por su diversidad".

De visita en México, como parte de las acciones del Año Iberoamericano de la Juventud, destacó que los jóvenes representan lo que puede ser una sociedad en el futuro , y advirtió que ante los diagnósticos nacionales que revelan a un sector juvenil poco tolerante, con prácticas violentas y con escasa comunicación con sus padres, las condiciones de "tensión y angustia que revelan, podrían generar que en 15 o 20 años se tenga un México muy estresado, y si ya se ha dado la voz de alarma, lo más urgente es atender las causas y desactivar un problema".

Ravinet afirmó que dos de los principales problemas que afectan a los jóvenes iberoamericanos son la educación y el empleo, factores "totalmente conectados en sus desgracias, pues están recibiendo una formación que no les sirve para ingresar al mercado laboral".

Necesitamos una educación, insistió, "en su más amplio sentido, es decir, para impulsar sociedades más tolerantes, innovadoras, una enseñanza más justa y paritaria; porque por mucho tiempo se ha pensado que educación es aprobar matemáticas, química o física, pero hay una serie de herramientas que están dentro de la educación no formal que también deben ser consideradas como tareas educacionales".

No se trata, advirtió, de sólo construir más escuelas, sino espacios donde maestros y estudiantes puedan levantar una comunidad de aprendizaje, y superar un sistema educativo donde la "transmisión de información es la gran meta".

En Iberoamérica se ha dejado de lado la formación para la democracia, para la vida en comunidad, pero también el fortalecimiento de valores como la tolerancia y la solidaridad, y agregó que a pesar de que los jóvenes "han demostrado que sí tienen gran interés por temas de la agenda pública, como el medio ambiente, la salud o la injusticia social, no tienen espacios de participación y los canales institucionales, como los partidos políticos, no los toman en cuenta ni se sienten identificados".

Por ello, afirmó que uno de los temas más urgentes en los países de la región es aplicar políticas públicas transversales que respondan a las necesidades de la población juvenil, pero sin aplicar "etiquetas o estigmatizaciones, como el binomio de juventud y violencia, que sólo revela la tremenda ignorancia que aún se tiene sobre lo que es ser joven".
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