La Jornada
La distancia entre los pómulos, comparada con la altura de la cara, es un indicador, explican
México, D.F. .- Las tendencias agresivas de un hombre están escritas en sus facciones, según un estudio que ha descubierto un vínculo entre la irascibilidad y la forma del rostro masculino.

La distancia entre los pómulos del varón, comparada con la altura de su cara, es un buen indicador de la probabilidad de que estalle de ira cuando se le provoca, lo cual podría ser un rasgo evolutivo que data de hace miles de años, afirman científicos.

Una investigación entre estrellas del hockey sobre hielo en Canadá descubrió una correlación significativa entre la proporción ancho-alto de la cara y el tiempo que pasan los jugadores en el "banco de castigo" por cometer faltas.

Los científicos no lograron encontrar un nexo similar entre la agresividad y los rasgos faciales femeninos, lo cual los indujo a creer que los hallazgos podrían contribuir a explicar por qué existe tal diferencia entre el rostro masculino y el femenino.

"Escogimos jugadores de hockey porque en ese juego abundan las conductas agresivas y se consideran una forma aceptable de tener buen desempeño. También podríamos medir esta agresividad en términos del número de minutos de castigo", señaló Justin Carre, de la Universidad Brock, en Ontario.

El estudio incluyó tres grupos de hombres tomados de la población general, de equipos universitarios y profesionales de hockey. En los tres, encontraron una correlación estadísticamente significativa entre la forma del rostro y las tendencias agresivas.

"Juntos, estos hallazgos sugieren que la proporción facial ancho-alto sexualmente dimórfica podría ser una `señal reveladora' de la propensión a la conducta agresiva", expresan los científicos en la revista Proceedings of the Royal Society B.

La forma del rostro se determinó midiendo la distancia entre los puntos exteriores de los pómulos y dividiéndola por la que hay entre las cejas y la punta del labio superior.

Trabajos anteriores habían hallado diferencias entre los sexos en términos de forma facial: en general el rostro de los hombres es más ancho en relación con la altura que el de las mujeres, independientemente de la talla del cuerpo.

El "dimorfismo" sexual en el rostro sugiere una larga historia evolutiva, basada en preferencias de apareamiento a lo largo de muchas generaciones. Algunos estudios indican también que las mujeres buscan un rostro más masculino para predecir ciertos rasgos en el hombre, por ejemplo si será buen padre o se le puede considerar más atractivo sexualmente que otros.

"Juntos, estos descubrimientos sugieren que las personas pueden hacer inferencias precisas acerca de los rasgos de personalidad y las disposiciones de conducta de otros con base en ciertas señales que da el rostro", expresaron los científicos.

Carre señaló que las diferencias en rasgos faciales entre los sexos se producen al despuntar la pubertad, a consecuencia de la proliferación de hormonas sexuales, en particular la testosterona en los muchachos. También es posible que ésta influya en las tendencias agresivas, añadió.

"Proponemos que los rasgos físicos que se vuelven evidentes en la pubertad son resultado de diferencias en testosterona, y que ésta podría ser la causa determinante de la proporción ancho-alto del rostro", aseveró.

La etapa siguiente es determinar si es posible juzgar con precisión la forma facial de una persona y usar esa información para formarse un juicio acerca de su personalidad. "Se trata de ver si las personas son sensitivas a estas diferencias en la proporción ancho-alto", concluyó Carre.