La Policía de Indonesia ha dejado incomunicados a los dos españoles y al brasileño que, junto a otros 31 compañeros de Greenpeace, fueron detenidos por encadenarse a las excavadoras de una empresa papelera que desforesta las selvas
La Policía de Indonesia ha dejado incomunicados a los dos españoles y al brasileño que, junto a otros 31 compañeros de Greenpeace, fueron detenidos por encadenarse a las excavadoras de una empresa papelera que desforesta las selvas.

El madrileño Jesús Roller Fernández, el coruñés Pablo Méndez López y el brasileño Agnaldo Almeida Vasconselos, permanecen confinados, junto con ciudadanos de Alemania, Bélgica, Filipinas, Finlandia e Indonesia, en las dependencias policiales de la localidad de Pangkalan Kerinci, en la isla de Sumatra.

"La policía está interrogando a los activistas y existe la posibilidad de que los extranjeros sean deportados", aseguró a Efe Bustar Maitar, responsable de las campañas forestales en Greenpeace-Indonesia.

Los activistas fueron movilizados por su ONG para realizar una campaña en la península de Kampar, una región selvática en pleno proceso de deforestación, y llamar la atención sobre este problema, ligándolo al cambio climático de cara a la cumbre de Copenhague, en diciembre.

La acción incluía repercusión mediática, formación de comunidades locales y la construcción de varias presas en los canales abiertos por el gigante papelero APRIL para desecar extensas zonas de bosque que ha obtenido del Gobierno para su explotación, un paso previo a su tala.

"Estamos aquí para combatir la deforestación, el cambio climático y los intereses de algunos a corto plazo", aseguró a Efe Roller en Tanjung Sesenduk, unos días antes de su detención.

Méndez agregó que participar en esa campaña era "su grano de arena" en la lucha contra el calentamiento global.

"Estamos construyendo una presa para evitar que este ecosistema se deshidrate. Estos suelos son especialmente ricos en nutrientes y CO2 (dióxido de carbono) gracias a la temperatura y la humedad del trópico y morirá si le quitan el agua", explica Roller.

La desecación de estos bosques húmedos, denominados turbera, provoca que todo el dióxido de carbono atrapado en el suelo -fruto de la descomposición acelerada de materia vegetal- pase a la atmósfera, lo que acelera el cambio climático.

Los expertos estiman que el 4 por ciento de las emisiones humanas globales de CO2 provienen de la destrucción de turberas en Indonesia.

Kampar, considerado por Greenpeace el epicentro de la deforestación en Indonesia, es una extensión de unos 700.000 hectáreas -el tamaño del País Vasco-, de bosques húmedos, en su mayoría turberas.

Desde 2002, el 43 por ciento han sido talados o degradados y el gobierno ha entregado el resto en concesiones productivas a papeleras, madereras y plantaciones de aceite de palma -en auge por los biocombustibles-, preservando sólo 40.000 hectáreas.

Greenpeace sostiene que talar estos bosques, además de acabar con un rico ecosistema y acelerar el cambio climático, es ilegal en la legislación indonesia y exige al Gobierno que le retire a APRIL los permisos.

La empresa, por su parte, niega cometer cualquier infracción y defiende el derecho a continuar con sus operaciones.

"Es David contra Goliat. Vivimos en una aldea global y lo que está pasando aquí afecta al planeta entero", argumenta Méndez.

"Están arruinando el entorno. Los beneficios económicos (que generen estas empresas) son pan para hoy y hambre para mañana", sentencia Roller.

Indonesia, el tercer país por masa boscosa, y es ya el tercer mayor emisor de CO2, por detrás de China y Estados Unidos, debido principalmente a la deforestación.

El presidente indonesio, Susilo Bambang Yudhoyono, se ha comprometido a reducir las emisiones de CO2 hasta un 41 por ciento si los países industrializados le apoyaban financieramente.