México, D.F. .- Diego Rivera (1886-1957), maestro del muralismo mexicano, vuelve a tener quince años en la exposición inaugurada hoy en la capital mexicana y que explora con motivo del cincuentenario de su muerte su aprendizaje artístico.
"Diego Rivera. Nacimiento de un pintor" reúne hasta el 30 de marzo de 2008 en el Museo Mural que lleva el nombre del artista muestras de sus primeros años con el lápiz y el pincel, desde que ingresa en la Academia de San Carlos en 1898 hasta que parte a Europa en 1906."Todavía no hay elementos mexicanos, se está formando en los cánones europeos", narró la investigadora y comisaria de la muestra, Susana Pliego, al recorrer los ejercicios de dibujo de un primerizo Rivera, de cuya muerte hará medio siglo este 24 de noviembre.El muralista, uno de los máximos exponentes del arte de su país, es objeto este año diversos homenajes y exposiciones en México, que tienen su cenit esta semana con el aniversario de su desaparición.Rivera comenzó a recibir clases en la Academia de San Carlos con sólo diez años en la materia de dibujo nocturno, y un año más tarde a tiempo completo.Aprende perspectiva, paisajes y ornato, entre otras materias, de maestros como José María Velasco y Andrés Ríos, cuya obra puede verse en la exposición, además de trabajos de sus compañeros y libros con los que estudiaba.También pueden verse fotografías en las que, apenas adolescente, Rivera muestra una faz orgullosa, con las maneras y la seguridad de un genio del arte.El gran atractivo de la muestra son dos libretas con bocetos de Rivera que hasta ahora nunca habían sido expuestas, una con dibujos de un vía crucis y otra con imágenes realizadas en su travesía por el Atlántico hacia Europa.El bloc con imágenes religiosas está fechado, probablemente, en Querétaro (centro de México) en 1906, antes de partir al Viejo Continente, realizada quizás por encargo de un sacerdote para ganar algún dinero."Llegando a Europa él sería uno de los exponentes más importantes del cubismo, y ya se ve en este momento una geometrización de las formas en las velas de los barcos, en las caras de los personajes", explicó Pliego respecto a la segunda libreta ilustrada."Recuerdo (...) a un mentecato de 20 años de edad, tan vanidoso, lleno de granos de juventud y deseos de ser el dueño del universo, como los otros majaderos de su edad", dice una frase del propio artista junto a los dibujos realizados en el barco.El muralista rememora la juventud "ridícula, aunque sea la de Gengis Kan (sic) o Napoleón" y reconoce como "lo más lamentable y sublimemente cursi" su momento clamando al mar en la noche fragmentos de "Así habló Zarathustra", de Friedrich Nietzsche.Una de las libretas fue proporcionada por la hija del muralista, Guadalupe Rivera Marín, mientras que la otra se hallaba en poder de un coleccionista privado.La exposición está dominada por el mural "Sueños de una tarde de domingo en la Alameda Central" (1947), que plasma en uno de los parques más característicos de Ciudad de México el habitual retrato de la sociedad de la época, sus alegorías y su ideario comunista.El mural se hizo célebre porque en él Rivera escribió "Dios no existe", aunque posteriormentesustituyó la inscripción por la polémica que generó.Junto a él, Guadalupe Rivera Marín, fruto del matrimonio del artista con Guadalupe Marín, señaló dichosa el punto en el que ella aparece, con su primer hijo en brazos, "el primer nieto de Diego Rivera".