Pascual Escandón
Receptora de transplante invita a seguir viviendo después de la muerte
Cuando ella despertó de su letargo prolongado, una ráfaga de aire helado la sacudió; ésta salía de los labios del médico al decirle su mal, una insuficiencia renal ¿Cómo era esto posible si se acababa de casar y tenía grandes proyectos?

Era apenas para Érika Chávez Mena el inicio de jornadas de sufrimiento al lado de sus seres queridos. Sus riñones no responderían más y un final triste era más cercano que un milagro.

"Se me cayó el mundo. Es una sensación terrible. Comenzó con un vómito; luego de emergencia me llevaron al hospital. Tenía que ser hemodializada para seguir viviendo", dijo.

Sin embargo, la esperanza era lo último que podía perder, aunque la empresa fuera de lo más duro posible: mantenerse viva en espera de conseguir un riñón compatible.

En ese lapso debía asistir diariamente a que le conectaran varios tubos y permanecer ahí hasta por cuatro horas, mientras su piel iba tornándose de un color gris opaco, señal que le angustiaba.

No quedaba sino aguardar pacientemente, pues la lista de espera era desalentadora. Pero tenía algo que comenzó a valorar más que nunca: el apoyo de su familia, tan vital como la ciencia y la tecnología de los transplantes.

Las paradojas de la vida no se comprenden tan bien como se platican. En una calle de Monterrey un automovilista hería de muerte a una niña de 10 años, y gracias a que sus padres accedieron a que donara sus órganos, se recuperaron dos riñones.

Era abril de 2005, el milagro comenzaba a ver la luz. Luego de ser citada para su posible intervención quirúrgica, la ilusión de recuperar su salud le hacía recuperar la fe, aunque todo era incierto, pues habría que practicarse un sinfín de estudios clínicos.

Uno de los riñones de la niña le tocó a Érika. Era la segunda oportunidad de vida. Tras la operación que duró cerca de ocho horas, el momento triunfal llegó tras saber que había sido un éxito: el riñón nuevo funcionaba.

Ahora la mujer se ha convertido en activista de la donación de órganos. Esa experiencia le dio el ánimo de pugnar por que las personas en su sano juicio acepten dar algo que les pertenece, pero que al morir no se van a llevar.

Érika participa en el Grupo deapoyo para Pacientes con Insuficiencia Renal, en el que a través de su testimonio y el de otros que aún no reciben el transplante se dan ánimos.

El sentimiento que la embarga no se puede describir en tan corto espacio; sin embargo, basten sus palabras para invitar a la donación de órganos: "Permítanse seguir viviendo después de la muerte".