María de las Heras/El País
La mayoría de los electores que votan por el PRI son mujeres, y es bien sabido que la mayor parte de la estructura de base priísta está conformada precisamente por mujeres.
Madrid, España.- Alguien me comentó que cuando se discutían las reformas para ampliar la despenalización del aborto que hoy aplican en la Ciudad de México, uno de los legisladores que en lo personal se mostraba favorable a modificación esgrimía argumentos contrarios a la aprobación de la ley aduciendo que de aprobarse, la contrarreforma que vendría en el resto del país sería terrible.

Voz de profeta tuvo el legislador. Como la Contrarreforma que enfrentó a Lutero, en México la reacción no sólo ha impedido un avance similar en el resto del país, sino que ha acarreado modificaciones legales que hacen retroceder los precarios avances que se tenían en el terreno de los derechos de las mujeres. Hoy son ya 17 los Estados de la República Mexicana que han endurecido las penas y cancelado atenuantes a quienes abortan, incluso cuando el embarazo sea producto de una violación.

Inexplicablemente, ha sido el Partido Revolucionario Institucional el que ha promovido y aprobado las contrarreformas ante la indiferencia de su presidenta nacional, Beatriz Paredes, de quien no sólo por ser mujer, sino por presumirse liberal, se podía esperar todo menos que contemplara impávida lo que los legisladores de su partido han hecho ya en más de la mitad de las entidades federativas. Será por eso que el 48% de las personas que entrevistamos en esta nueva entrega de la encuesta semanal para elpais.com se unen a las duras críticas que ha recibido la presidenta del Revolucionario Institucional por parte de no pocos líderes de opinión.

¿Alguien puede entender el por qué los priístas se están prestando a jugar el papel de Torquemada? Yo en lo personal, como casi el 80% de los electores, no puedo creerles que lo hagan por cuestiones éticas o ideológicas, pero tampoco le encuentro la lógica electoral por ningún lado.

La mayoría de los electores que votan por el PRI son mujeres, y es bien sabido que la mayor parte de la estructura de base priísta está conformada precisamente por mujeres. Si según la encuesta que presentamos hoy aquí su actuar les puede costar el favor del 46% del electorado nacional, y damos por hecho que los fundamentalistas tradicionalmente votantes del PAN no se van a sentir de repente proclives al tricolor, pues entonces ¿dónde está la ganancia electoral?

Tampoco podemos decir que las modificaciones legales que están haciendo los priístas responden a una demanda de la sociedad, porque si bien apenas el 29% de los electores piensan que se debería dar a las mujeres el derecho a decidir sin cortapisas continuar o no con un embarazo, tal y como lo permiten las leyes en la Capital del país, lo cierto es que más del 70% está de acuerdo con otorgarles ese derecho al menos cuando existan causas de fuerza mayor como podría ser una violación o que el embarazo ponga en peligro de muerte a la madre. Ahora resulta que, como la inmensa mayoría de los mexicanos está de acuerdo con lo que dictaban las leyes locales, entonces el PRI decide modificarlas para volverlas absolutamente intolerantes.

Si la explicación no es ideológica, ni electoral y ni responde a una demanda social generalizada, entonces la única explicación que encuentro es que, como Don Quijote, con la Iglesia se han topado.

Por lo visto los militantes del partido político fundado por el anticlerical General Calles, los que otrora se enfrentaron al poder eclesiástico desatando con ello la sangrienta guerra de cristeros, los que estatutariamente se proclaman laicos y pomposamente defienden la separación absoluta entre la Iglesia y el Estado, esos mismos, los priístas, son ahora los que están modificando las constituciones estatales para introducir en ellas conceptos dignos de concilio vaticano.

Por lo visto el PRI está más interesado en comprarle a la Iglesia indulgencias para tramitar su salvación eterna, que en dar una respuesta a la sociedad consistente con sus principios ideológicos y con el sentir de la mayoría de los mexicanos.

Lo que no acaban de entender lo señores legisladores y dirigentes nacionales que los acompañan, es que la decisión de interrumpir un embarazo es tan fuerte para una mujer, va tan en contra de sus instintos primarios, que cuando lo ha decidido no hay cárcel o infierno que la pare. Lo que lo único que van a conseguir es que las mujeres que tienen dinero busquen atención en donde no se les trate como criminales, y las mujeres que no tienen dónde caerse muertas y que por desgracia son las más, a ellas no les habrán dejado más remedio que caer en manos de carniceros. Ante la desesperación y la muerte, no hay simulación priísta que se justifique.