Liliana Zamora / Colaboración Especial
Mazatlán, Sinaloa.- El último día del novenario desaparecieron. De la mujer de Rodolfo Velarde Sandoval no se ha vuelto a saber nada. Ni siquiera rumores.
Claudia, la vecina, especula que ella abandonó el pueblo El Habal para irse a vivir con uno de sus cuatro hijos a Mazatlán. No es fácil aceptar que te maten a tu esposo sin deberla ni temerla. "Era tan trabajador... Tan responsable", dice Claudia.

Sin embargo, hoy se cumplen tres meses del asesinato de Rodolfo Velarde, un vendedor ambulante que de la vendimia de quesos y yogur logró construir una casa de media cuadra en el pueblo.

El comerciante, presumía no tener enemigos, pero el 7 de junio fue asesinado por el saltillense Juan Manuel Aguirre cuando abordaba su camioneta, luego de haber surtido un abarrote en las calles Colón y Los Cedros, en el centro Mazatlán.

-¿Por qué lo habrán matado?, le pregunto a Claudia.

"Sabe Dios. Era muy bueno. Aquí en el pueblo nos sorprendimos mucho... Era muy respetable", añade.

Rodolfo es uno de los tres hombres asesinados por Juan Manuel Aguirre, a quien se le conoce simplemente como "El Aguirre".

Según la Procuraduría General de Justicia del Estado de Sinaloa, "El Aguirre", de 47 años y originario de Saltillo, operaba en los estados de Sinaloa y Coahuila y vivía en la calle Once de la colonia Mirasierra. Hoy, Juan Manuel está preso por esos delitos.

El primer cargo

La primera misión para "El Aguirre" en Mazatlán, fue el 28 de abril de este año.

De acuerdo a investigaciones de la Unidad Especializada en Aprehensión, "El Aguirre", contactó a un hombre que él mismo identificó como "Ramiro".

Éste lo llevó a la colonia Juárez. Allí donde vivía Raymundo Lizárraga Osuna, un vendedor de carnes al que observó hasta grabarse su rostro en la memoria.

En esa ocasión -declaró Juan Manuel a la policía que investiga más crímenes por 100 mil pesos- "El Ramiro" le entregó una motocicleta Cross azul marino (robada), una pistola escuadra Pietro Beretta, calibre. 380 con silenciador y una mochila tipo escolar azul con negro.

El día del atentado, el 30 de abril, Raymundo estaba sentado en una silla que había recargado en la reja de la cochera de su casa. Lo acompañaba su esposa.

"El Aguirre" llegó a pie. Su moto la estacionó en la esquina del hogar de Raymundo. Metió la pistola por entre la reja de la cochera, apuntó a la cabeza y disparó. Horas más tardes, el comerciante murió en un hospital.

Juan Manuel cobraba 100 mil pesos por cada asesinato. Solamente se cercioraba que le depositaran la cantidad pactada en su cuenta bancaria. Segunda mision

Rodolfo Velarde, el vendedor de quesos de El Habal, fue el segundo encargo que le pagaron a "El Aguirre". Ese día, después de haberlo asesinado, huyó rumbo a la colonia denominada Prados del Sol. Después al hotel donde se hospedaba.

Pero este crimen fue en abonos. No al contado como Raymundo Lizárraga. Esa vez, la tarde del 7 de junio, solamente le depositaron 70 mil pesos. Los 30 mil pesos restantes se los entregaron después.

Tras el crimen, "El Aguirre" recibió unanueva encomienda de "Ramiro": Matar siete días después, al empresario Gustavo Sánchez Flores. "El Aguirre" tuvo tiempo de pedir ayuda para el siguiente crimen. Según las investigaciones, pidió apoyo de dos personas identificadas como Mario Edgardo Márquez Olvera y Refugio Francisco Salinas Lara. Ambos, residentes de Saltillo, Coahuila.

La operación fue certera. El empresario Gustavo Sánchez de 33 años fue muerto a balazos el 15 de junio en un negocio de aluminios ubicado en la calle Campeche, en la colonia Sánchez Celis. Eran las 12:00 pm. "El Aguirre" también utilizó la pistola con silenciador.

Sus cómplices Juan Manuel, Mario Edgardo y Refugio Francisco escaparon en un automóvil blanco, pero cuando transitaban por la calle Oaxaca se enfrentaron con un grupo de policías que habían sido alertados.

En el segundo tiroteo, en la colonia Adolfo López Mateos, los homicidas fueron apresados. El empresario Gustavo Sánchez fue el último blanco. La policía no sabe si "El Aguirre" pudo cobrar finalmente los 100 mil pesos que le pagarían por el trabajo o si tenía más pendientes en su agenda de ejecuciones.