Msdid, España.- ¿Siguió Visconti los pasos de la vida de su Tadzio en "Morte a Venezia"? ¿Qué habría pensado William Wyler al ver a su héroe Harold Russell subastar su Oscar? Nicholas Philibert se atreve a retomar las vidas de sus actores no profesionales en el documental "Retour en Normandie".
El cineasta francés, tras el éxito de "Etre et Avoir" (2002), salda su deuda con el pasado y regresa treinta años después a comprobar qué fue de los vecinos del pueblo normando que protagonizaron "Moi, Pierre Rivière, Ayant Egorgé ma Mére, ma Soeur et mon Frère" (1975).

Aquella película recreaba el diario de un taciturno joven que asesinó a toda su familia en 1835 y ahora, Philibert sigue la pista, entre otros, del chico que lo interpretó, Claude Hébert, que tras el éxito del film en Francia, dio tumbos hasta convertirse en sacerdote en Centroamérica.

Pero, ¿qué habría pasado si otros directores hubieran tenido ese mismo gesto con aquellos actores que, surgidos de la nada y sin vocación cinematográfica, vieron cómo se cruzaba en sus vidas la celebridad?

El caso más famoso es el del adolescente sueco Björn Andresen, al que Visconti convirtió en la quintaesencia de la belleza y objeto de deseo de Dirk Bogarde en "Morte a Venezia".

"Tenía dieciséis años y Visconti me llevó a un bar gay. Los camareros del local me hicieron sentir muy incómodo. Me miraban descaradamente como si fuera un plato de carne", explicaba.

El intérprete de Tadzio se vio totalmente sobrepasado por unas circunstancias que se sumaron al suicidio de su madre cuando era pequeño y a los afanes de su abuela, quien le crió, por vivir de la fama del joven, que también se vio envuelto -y absuelto- en el asesinato del actor bisexual Sal Mineo.

Ahora, casado y con tendencia a la homofobia, prohíbe allá donde va que se proyecte ninguna imagen de la película basada en la novela de Thomas Mann. "Mi carrera es una de esas pocas que empezó en la cumbre absoluta y luego todo fue hacia abajo. Eso es desolador", reconocería.

Andresen podría haber compartido consuelos con Harold Russell, el soldado que, tras perder las dos manos en la Segunda Guerra Mundial, fue reclutado por William Wyler por su clásico caduco "The Best Years of Our Lives" (1946), en la que interpretó a un personaje basado en su propia vida.

Dos Oscar, uno como secundario y otro honorífico, fueron el pistoletazo para una carrera que él mismo decidió no seguir y, ya en 1991, Russell subastó por 60.500 dólares una de las estatuillas para poder solventar su situación económica y pagar la operación de cataratas de su esposa.

La Academia de Hollywood puso el grito en el cielo e intentó impedirlo, pero Russell se defendió: "No sé cómo alguien puede juzgarme por eso. La salud de mi mujer es mucho más importante que las razones sentimentales".

El médico budista Haing S. Ngor, tras sufrir cuatro años de tortura y persecuciones bajo el régimen de los Jeremes Rojos en Camboya, afirmaba: "Quizá en mi vida pasada hice algo mal que hirió a la gente, pero en la vida presente he pagado por ello".

Cuando Rolland Joffé rodó "The Killing Fields" en 1984 contó con él para encarnar al asistente de un periodista estadounidense en Camboya y sus vivencias aportaron un verismo a su interpretación merecedor del Oscar.

No faltó producción sobre su país en Hollywood que no intentara tenerlo en el reparto, pero, tras sobrevivir al genocidio camboyano, Ngor falleció en Los Angeles al ser disparado por una pandilla callejera de ladrones de joyas en 1996. Se especuló sobre la venganza política, pero nunca quedó demostrada.

En Brasil, el realismo de la película "Pixote" (1981), de Héctor Babenco, se sustentó en la interpretación del pequeño Fernando Ramos da Silva, seleccionado entre 1.300 aspirantes y que reprodujo la vida de los niños pobres abocados a la delincuencia en su país.

El joven actor siguió los pasos de su propio personaje y, tras la notoriedad alcanzada con la película y siendo incapaz de memorizar los guiones por su analfabetismo, vivió una terrible vuelta a los suburbios que finalizó en 1987, cuando fue tiroteado por la policía a los diecinueve años.

Un año más tarde, Nick Cave y los Bad Seeds dedicaban al malogrado actor su disco "Tender Prey".

En España, la llegada de la democracia trajo numerosos ejemplos con su cine realista, de suburbios, que tomó a jóvenes valores de la calle: José Antonio Valdelomar González, el protagonista de "Deprisa, Deprisa" (1981), robó un banco antes del estreno de la película y murió en 1992 de una sobredosis en la cárcel.

Unos meses antes falleció en las mismas circunstancias José Luis Manzano, protagonista de las películas "El Pico" (1983) y "La Estanquera de Vallecas" (1987). "El Vaquilla" -muerto en 2003- y su sosias en "Perros Callejeros" (1977), Angel Fernández Franco -en 1991- fueron otros sonados ejemplos en los que personaje y actor se fundieron en una sola realidad.