Joseph Contreras
Ahora ganando terreno en occidente, el poder gay está creciendo mundialmente, aún en la tierra del machismo
Después de ocho años juntos, Gilberto Aranda y Mauricio List se casaron en una capilla de la Ciudad de México en el barrio de Coyoacán en abril pasado, y ataron el nudo ante 30 amigos y parientes. El padre de Aranda quien no estuvo de acuerdo, no fue invitado al enlace.

Para los recién casados, la ceremonia significó el fruto del movimiento de los derechos de los gay que han luchado desde hace mucho tiempo para ganar reconocimiento en México. La ciudad capital ha legalizado civilmente uniones gay apenas desde hace un mes. "Después de años de marchas y protestas", dice Aranda, de 50 años, se ha establecido un reglamento oficial, "un mar de cambio está llegando".

El mar de cambios se extiende más allá de la Ciudad de México, una capital cosmopolita que es hogar de una floreciente comunidad de artistas e intelectuales.

La creciente madurez del movimiento de los derechos gay en el occidente está teniendo un marcado efecto en el mundo en desarrollo. En Estados Unidos, el partido Republicano está en problemas en parte porque éste ha hecho un fetiche de su oposición al matrimonio gay. Cuando menos algunos homosexuales en ciudades como Nueva York cuestionan por qué ellos continúan llevando a cabo desfiles de "orgullo", como si todavía fueran una minoría encerrada y no parte importante de Manhattan.

Desde 2001, los países de Europa Occidental como Bélgica, los Países bajos y España han ido aún más lejos que los Estados Unidos, colocando a los compañeros homosexuales en los mismos fundamentos legales que sus contrapartes heterosexuales. Y ahora, el principal desarrollo de poderes de Asia, América Latina y Africa están siguiendo el camino liberal -algunas veces imitando los modelos de Occidente, algunas veces no-pero en todos los casos están sentando precedentes que podrían extenderse hasta los fortines remanentes de la homofobia oficial.

Occidente abre camino

En México, el decadente estandarte y prestigio de la Iglesia Católica y Romana ha envalentonado a los activistas de los derechos gay y a sus aliados a establecer legislaturas y consejos ciudadanos para pasar nuevas leyes legalizando las uniones civiles de personas del mismo sexo, empezando con la Ciudad de México en noviembre. La elevada influencia de la tolerante cultura pop en Occidente ha alentado a los gay y a las lesbianas a proclamar su sexualidad en marchas como la que se efectuó en la ciudad brasileña de Sao Paulo en junio, la cual atrajo a 3 millones de participantes, según información de los organizadores del evento. Fue el evento más grande de todos los tiempos en Brasil.

Los modelos de Occidente también ayudaron a inspirar a Sudáfrica a legalizar las uniones civiles en noviembre de 2006, convirtiéndose en el primer país en el mundo en desarrollo en hacerlo. En China, la tendencia se remonta al clima de la reforma económica que se dio en la década de 1980, terminando la persecución de la era de Mao Zedong, quien consideraba a los homosexuales como productos del "amoldamiento de estilo de vida del capitalismo".

Entre los movimientos de ala izquierda en muchos países en desarrollo, la globalización es un chivo expiatorio favorito para toda clase de enfermedades del planeta. Sin embargo, aún esos que se resisten al libre mercado económico ortodoxo de los conservadores de occidente, son rápidos para reconocer el liberalismo social -incluyendo respeto a los derechos de la mujer y a todas las clases de minoría- que es la principal exportación legal y cultural de Occidente. "Yo pienso que eso ayudó a que España y otras partes de Europa hayan pasado leyes similares", dice el activista mexicano, de los derechos homosexuales, Alejandro Brito. "Esos tipos de leyes se están convirtiendo más en tópicos acerca de derechos humanos que temas gay".

Gente clave ha acelerado la tendencia en algunos países. Algunos activistas singularizan a unas cuantas celebridades políticas de desestigmatizar su causa, incluyendo a Nelson Mandela, quien de buena gana estrechó la sugerencia del actor Sir Ian McKellen de que él apoyara una prohibición de la discriminación con base en las preferencias sexuales en Sudáfrica en primer lugar, después de la constitución del Apartheid, y el ex primer ministro Tony Blair, cuyo gobierno fue el primero en reconocer las uniones civiles entre parejas del mismo sexo. Ellos también señalan hacia jueces activistas en Brasil, Sudáfrica y la Corte Europea de Derechos Humanos, que han presentado iniciativas de ley que unilteralmente otorgan nuevos derechos a las comunidades gay, lesbianas y transgénero. Éstas incluyen una orden judicial para que los gay sean admitidos en las fuerzas armadas de los estados miembros de la Unión Europea.

Latinoamérica y su ejemplo de aceptación

El más grande y quizá más sorprendente cambio está en Latinoamérica, el hogar original del machismo. En 2002, el Consejo de la ciudad de Buenos Aires aprobó la primera ordenanza de unión civil gay, y las uniones del mismo género son la ley de la tierra en cuatro estados brasileños ahora. El año pasado, un homosexual abiertamente declarado, diseñador de modas, fue electo al Congreso Nacional de Brasil con casi medio millón de votos. En agosto un juez de una corte federal en el estado brasileño de Río Grande do Sul rompió el marco legal a través de ordenar que las instituciones del sistema nacional de salud subsidien el costo de las operaciones de cambio de sexo en los hospitales públicos, de este modo sitúa a la "reasignacion" sexual a la par con las cirugías de corazón y tratamientos contra el sida como procedimientos que vale la pena sean respaldados por los impuestos.

Para fines de año, Colombia se podría convertir en el primer país en Latinoamérica en garantizar a las parejas gay y lesbianas plenos derechos para seguros de salud, herencia y beneficios de seguridad social. Un proyecto de ley conteniendo esas reformas se está trabajando actualmente en el Congreso Nacional. Y hasta Cuba se ha convertido en una fuerza fundamental. En la década de 1960 y a principios de la década de 1970 los homosexuales en Cuba eran puestos en una lista negra o aún se les enviaba a trabajos forzados en el campo junto con los testigos de Jehová, sacerdotes católicos y otros tan mencionados inadaptados sociales. Los pacientes de VIH eran encerrados en instalaciones sanitarias tan recientemente como 1993.

Varias ciudades cubanas ahora acogen gays y lesbianas en los festivales de cine. El programa de impacto que levantó olas en la isla fue "The Hidden Side of the Moon" (El Lado Escondido de la Luna), una telenovela acerca de un hombre casado que se enamora de un hombre y posteriormente resulta positivo en los exámenes de VIH.

El impulso por "maneras de pensamiento más modernas" (las minorías, las feministas y los homosexuales) tiene raíces que se remontan al fermento político que estremeció a la nación a finales de la década de 1960 y 1970, dice Braulio Peralta, autor del libro de 2006 sobre derechos gay en México, "Los Nombres de la Lluvia".