Silvio Berlusconi, con un retrato al fondo de Veronica Lario
El Pais
Veronica Lario prepara en silencio la batalla legal - Está dispuesta a todo por defender los derechos de sus hijos
Una viñeta satírica de Jena, en las páginas de La Stampa de este viernes, daba el tono del estado de ánimo de Silvio Berlusconi: "Próxima ley ad personam: la mujer del primer ministro no podrá divorciarse". El cuadro se completaba con el relato del Consejo de Ministros del jueves, trazado por Corriere della Sera el viernes, en el que se cuenta que un Berlusconi ausente, silencioso, atormentado, no abrió la boca durante toda la reunión.

Esta semana ha resultado una verdadera pesadilla para el jefe del Gobierno italiano, al que no consuela ni el 12º puesto en la lista de hombres más poderosos del planeta elaborada por la revista Forbes (el Papa Benedicto XVI es el undécimo). Obligado a aprobar deprisa y corriendo una desmesurada reforma de la justicia para salvarse de los procesos pendientes, enfrentado con su aliado Gianfranco Fini, el último asalto acaba de comenzar con la petición de divorcio planteada por Veronica Lario ante los tribunales.

La ex primera dama parece haber agotado su paciencia. Desde mayo ha guardado un prudente silencio a pesar de los ataques lanzados contra ella por la prensa más afín al primer ministro. Pero Lario no parece haber conseguido su objetivo de lograr una partición igualitaria del imperio mediático del que, de hecho, ya es su ex marido. El miércoles, un día antes de que Corriere della Sera anunciara la petición de divorcio judicial con daños, Veronica Lario hacía las maletas y se refugiaba en su casa de Suiza, en una localidad próxima a Saint Moritz, junto a su hija Eleonora. No ha hecho ninguna declaración, ni siquiera ha confirmado que haya dado curso a la demanda, siguiendo los consejos de su abogada, Cristina Morelli. Sabe que el silencio puede ser su mejor arma y sólo está dispuesta a romperlo, dicen quienes la conocen, para defender a sus tres hijos. Si fuera necesario.

Más que el reparto de la fortuna de Berlusconi -a quien Forbes sitúa en el puesto 70 de los más ricos, con una fortuna de 6.500 millones de euros-, el problema principal residiría en la asignación de cargos para cada hijo dentro del entramado de Fininvest, el holding que agrupa todas las sociedades del primer ministro.

Marina, de 44 años, y Pier Silvio, de 40, hijos del primer matrimonio con Carla Dall'Oglio, ocupan ya la presidencia de Fininvest y Mondadori (grupo editorial) y la vicepresidencia de Mediaset (televisión privada), respectivamente. Marina ha defendido a su padre contra viento y marea todos estos meses, pero le ha dado más de un disgusto, el último cuando aparecieron unas fotografías en las que se la veía bailando en el Billionaire de Montecarlo, en evidente estado de embriaguez y con un vestido tan escueto que dejaba al descubierto un pecho siliconado.

Poco después, Silvio Berlusconi tuvo que pagar 20.000 euros a la agencia del conocido paparazzo Fabrizio Corona para que no se publicaran unas fotos similares de su hija Barbara, de 25 años, primogénita de Veronica, que al parecer aspira a la presidencia del grupo editorial, en manos de su hermanastra y con la que no mantiene muy buenas relaciones. En agosto, Barbara desató la furia de Berlusconi con una entrevista publicada sin previo aviso en Vanity fair, en la que afirmaba que un político no puede hacer distinciones entre lo público y lo privado.

De momento se mantienen al margen Eleonora (24), graduada recientemente en la Universidad estadounidense de Saint John's, y Luigi (21), todavía estudiante en la Bocconi de Milán. Para ellos el padre habría reservado ya hueco en Endemol (productora de televisión) y Mediolanum (empresa financiera), respectivamente. Queda por resolver el interés de Barbara en Mondadori.

Otra cuestión importante es el acuerdo sobre el reparto económico. En la actualidad, Berlusconi posee el 65% de Fininvest (valorado según la cotización en bolsa en unos 8.000 millones de euros) y cada uno de sus cinco hijos tiene un 7%. A eso hay que sumar un buen número de casas y villas, yates y acciones, además de las posibles cantidades depositadas en el extranjero.

Por su parte, Veronica Lario es desde hace tiempo independiente. Figura como única propietaria de la Finanziaria il Poggio, que posee varios inmuebles, uno en Milán, valorado en 11 millones, el Palacio Borromini de Segrate, de 6,5 millones, y varios apartamentos en Cerdeña y Bolonia, que valdrían alrededor de 800.000 euros. Además, mantiene la propiedad de una casa en el barrio londinense de Kensington (3 millones) y un edificio en Nueva York. En total, su patrimonio se calcula en 20 millones de euros, una cifra que ahora podría aumentar bastante.

Cuando Berlusconi se divorció de su primera mujer, en 1985, el acuerdo se cerró en poco más de dos millones de euros. Pero, desde entonces, el imperio del magnate metido en política no ha parado de crecer.