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Washington, D.C.- Barack Obama dudó bastante antes de embestir, lo que puso nerviosas hasta a sus propias filas. El estilo de campaña del aspirante demócrata a la candidatura por la Presidencia estadounidense es demasiado dócil, demasiado afable, muy poco agresivo, opinan sus correligionarios.
Durante meses no hubo nada que obstaculizara la campaña a través de todo el país de su rival, la senadora Hillary Clinton. El senador de Illinois y los demás aspirantes del Partido Demócrata se vieron obligados a salir a la ofensiva para mantener vigentes sus posibilidades de acceder a la candidatura para la Casa Blanca.

"Fight in Philly", así anunciaban con bombos y platillos los canales de televisión el debate de los siete candidatos aquel 30 de octubre en Filadelfia.

"Obama se quita los guantes de seda", opinó un comentarista.

"Todos contra Hillary Clinton", diría en uno de sus títulos el "New York Times". Pero aún está abierto quién será el beneficiario del cambio.

Eran seis hombres y, en el centro, la senadora por Nueva York, "a la que los hombres le gritan". No es un lugar sencillo para la mujer del ex presidente.

"Yo me opuse a George Bush y a su política errada", se defendió Clinton. Pero eso sonó débil ante la recriminación de Obama, quien afirmó que la senadora, en 2002, había votado a favor de la guerra de Irak. "(La senadora) vota por la guerra y luego aclara que fue un voto por la diplomacia... cambia de opinión según lo que le convenga políticamente", declaró Barack Obama.

Por primera vez la senadora Clinton estaba bajo fuertes presiones, por primera vez el piso no era tan firme bajo sus pies. "Minimizar daños y perjuicios", ése fue el lema entre los partidarios de Clinton al día siguiente.

Si en Estados Unidos se utiliza la fómula "double talk", doble discurso, para describir a un candidato, dicha persona tendrá dificultades en la campaña electoral. Pero no fue el afroamericano Obama, sino otro de los aspirantes, John Edwards, quien más arremetió contra la senadora.

"La senadora Clinton afirma que ella es la candidata para el cambio, pero defiende un sistema totalmente deteriorado y corrupto". Declaraciones fuertes.

"Dice querer poner fin a la guerra, pero también afirma que quiere mantener tropas en Irak. Eso no es lo que yo entiendo por querer poner fin a la guerra", desafiaba Edwards.

En torno al tema de Irán sucede algo muy similar: su reciente aprobación de una ley del Gobierno que declara a la Guardia Revolucionaria iraní una organización terrorista es una especie de "cheque en blanco" para la política del presidente George W. Bush, opina su opositor.

Así todo, hay que monitorear la popularidad de Hillary Clinton. Siete hombres vs. una mujer. Ya con esta constelación se podrían ablandar los corazones de las electoras, especuló un analista político del "Washington Post".

En las encuestas, más del 50 por ciento de los demócratas apoyaban a Hillary Clinton antes de aquel debate, mientras que un 30 por ciento prefería a Obama como candidato. Edwards figuraba último, en tercer lugar.

Muchos ya ven a Clinton claramente como la favorita. Pero justamente en Iowa, donde el 3 de enero tendrán lugar las primeras elecciones primarias, la distribución de los votos puede ser bastante distinta. Iowa, el Estado occidental dedicado al agro, donde los miembros del partido en parte todavía votan en gimnasios y bares, es impredecible. Para todos los aspirantes. (DPA)