Jason Clayworth / AFP
Des Moines, E.U.- Con apenas el uno por ciento de la población estadounidense, este pequeño y rural estado se convierte en el centro de la vida política del país cada cuatro años, con el inicio de las primarias partidarias con vistas a la carrera por la Casa Blanca
En los últimos 35 años, ningún aspirante a la Presidencia logró la investidura de su partido sin un buen desempeño en este modesto estado del centro-norte del país, donde cada cuatro años -en este caso a partir del 3 de enero- se celebran las votaciones que inauguran oficialmente la carrera por la Casa Blanca.

Una vez más, este año los 16 aspirantes a las candidaturas demócrata y republicana hacen campaña sin descanso en cada uno de los 99 condados de Iowa.

De ahí que sus casi tres millones de habitantes, blancos en su mayoría, tienen cada uno la posibilidad de reunirse con el candidato de su preferencia a tomar un café, o incluso charlar con ellos en las tiendas de su barrio.

En ese sentido, el demócrata Joe Biden dejó su atuendo de traje y corbata que luce como presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, y en cambio se le vio de overol azul haciendo reparaciones en una escuela.

De hecho, ¿dónde sin ser en Iowa hubiera sido posible ver al ex gobernador republicano de Massachusetts Mitt Romney dar vuelta a chuletas de cerdo sobre una parrilla en la feria provincial?

Hay otros que comparten los pasatiempos con potenciales electores, como el republicano Mike Huckabee, quien hace unas semanas participó en una cacería de faisanes en Iowa.

La ventaja de tener un buen desempeño en donde se organizan las primeras elecciones partidarias es que puede lograrse un efecto de bola de nieve en los demás estados.

Por eso, cada cuatro años se puede ver el mismo ritual: el candidato y su comitiva de un centenar de personas se desplaza rodeado de un pequeño ejército de reporteros que lo retratan saludando, estrechando manos, besando a las ancianas y ayudando a los niños a cruzar la calle a la salida de la escuela.

"Sentarse en un café o cocinar las costillas de cerdo en la Feria Estatal de Iowa los muestran como personas comunes. La gente quiere sentir esa conexión personal" con el candidato, estimó Goldford.

La semana pasada, el desayuno de Jody DeGard fue interrumpido por alguien que golpeó a su puerta. "Es increíble", dijo extasiada por la sorpresiva visita a su hogar del senador negro Barack Obama, segundo favorito en los sondeos para la investidura demócrata.

Pero no todo el mundo recibe esos gestos inesperados con igual alegría.

"Alguna gente desconecta los teléfonos y se va del Estado sólo para alejarse de todo eso", asegura Steffen Schmidt, un profesor de ciencias políticas de la Universidad del estado de Iowa que reside en Iowa desde 1970.

La campaña suele no iniciarse hasta un par de meses antes del caucus de Iowa, pero esta vez la apuesta es alta dado que es la primera vez desde 1928 en que ningún presidente o vicepresidente en ejercicio disputa la candidatura partidaria.

Desde que en 1976 un casi desconocido Jimmy Carter recorrió Iowa en bicicleta para adjudicarse las primarias y finalmente llegar a la Casa Blanca, los medios ponen la mira en el pequeño Estado rural donde se vota en los caucus: cientos de asambleas electorales partidarias que designan públicamente a los delegados que representarán a cada postulante en la Convención del partido.