Agncia
Cd. de México.- Los traficantes de drogas sospechosos usualmente no se ven de esta manera. Pero Sandra Avila Beltrán administraba a toda una banda. La mujer castaña de 46 años de edad fue acusada en Florida hace tres años de cargos de conspiración e importación de cocaína en conexión con un decomiso de 9.6 toneladas de droga en 2001, y su arresto en una cafetería de un sector elegante de la Ciudad de México el mes pasado, hizo encabezados en los diarios porque ella es una de las únicas dos mujeres enlistadas entre los principales traficantes de drogas en México.
Conocida como "La Reina del Pacífico", Avila Beltrán se ganó su apodo en parte por supuestamente ayudar a desarrollar rutas de contrabando a través de la Costa del Pacífico para el cártel Valle del Norte de Colombia desde la década de 1990.

"Es inaudito en el sentido de que nunca habíamos visto una mujer dentro de los cárteles del crimen organizado alcanzar una posición elevada en décadas", dijo el asistente del secretario de Seguridad Pública Patricio Patiño, a Newsweek, en una entrevista exclusiva. "El ascenso de Sandra tiene que ver con dos circunstancias: sus nexos con una familia que ha estado involucrada en tráfico de drogas durante tres generaciones, y una belleza física que la hizo sobresalir como mujer".

Las conexiones familiares ciertamente han jugado un papel importante en la saga del reinado de las drogas en México. Las autoridades en el país dicen que Avila Beltrán es sobrina de Miguel Angel Félix Gallardo, el que una vez fuera padrino del comercio de drogas en México, quien está cumpliendo una sentencia de 40 años por el asesinato de un agente de la Administración contra las Drogas en Estados Unidos, en 1984.

Su importante tío Juan José Quintero Payán fue extraditado a los Estados Unidos por cargos de tráfico de drogas en enero. Por su lado materno, los Beltrán estuvieron involucrados en contrabando de heroína en la década de 1970, y posteriormente diversificada en cocaína cuando explotó el mercado estadounidense para esa droga, de acuerdo con Michael Vigil, un ex jefe de operaciones internacionales en la U.S. Drug Enforcement Administration.

Vigil, quien pasó 17 años investigando a narcotraficantes de México, dice que Avila Beltrán nunca se contuvo de emplear la violencia que caracteriza esa actividad. "Sandra era despiadada", dice Vigil, quien ahora es vicepresidente en la firma de consultoría en seguridad de Nueva York, S.O.S. International. "Ella acostumbraba las típicas tácticas de intimidación de las organizaciones mexicanas".

La igualdad también en el narco

Pero sería equivocado ver a Avila Beltrán como un caso aislado. Cada vez más mujeres se están involucrando en la ilícita industria de narcóticos dominada por hombres. En Brasil, donde es consumida más cocaína que en ninguna otra parte en las Américas además de Estados Unidos, un estimado de 10 mil mujeres están haciendo tiempo para el contrabando de drogas. Y no todas son "mulas" de bajo nivel como el personaje de la película "María Llena Eres de Gracia", interpretado por Catalina Sandino Moreno.

Algunas de las mujeres que han avanzado en la cadena alimenticia frecuentemente les son dadas la responsabilidad del dinero y asuntos de contabilidad, dice un experto. "Antes, nosotros asumíamos que el papel que jugaba la mujer en los delitos era solamente el de víctima", dice Denisse Frossard, una prominente juez penal en Brasil y autora del recientemente publicado libro "La Mujer en la Mafia". "Ahora ellas cada vez más están encabezando operaciones criminales, y el tráfico de drogas se está haciendo cada vez más femenino que nunca".

En un número de ejemplos, las mujeres han sido promovidas a posiciones de mayor responsabilidad debido a que sus maridos, hermanos o novios han sido puestos fuera de actividad por muerte o detención. Es verdad que otra prominente mafiosa de México, Enedina Arellano Félix, una pariente lejana de Avila Beltrán, supuestamente ha tomado los reinos del cártel de su familia después de que el hermano de Enedina, Ramón, fue asesinado en un tiroteo con la Policía en el puerto de Mazatlán hace cinco años y dos de sus hermanos fueron capturados en incidentes separados.

La vida amorosa de Avila Beltrán también ha sido un factor clave en su supuesto ascenso meteórico. A finales de la década de 1990 ella se vio involucrada con el traficante colombiano Juan Diego Espinoza Ramírez, y a través de él conoció a Diego Montoya, cabeza principal del cártel de Valle del Norte en Colombia, quien fue arrestado por las autoridades en ese país el mes pasado. Relaciones estratégicas

Avila Beltrán se convirtió en una especie de "cinturón de transmisión" entre el sindicato de Montoya y los cárteles mexicanos situados en el estado de Sinaloa, en la costa del Pacífico, y Ciudad Juárez, a través de la frontera con Estados Unidos, dice Patiño.

Avila Beltrán movía dinero entre los dos países y organizaba logísticas para la entrega segura de embarques de cocaína desde Colombia. Su padrino del hampa, de acuerdo con Patiño, era el formidable traficante establecido en Sinaloa, Ismael "El Mayo" Zambada García, quien fue acusado por el gran jurado federal en Washington hace cuatro años con cargos por conspiración para la importación y distribución de 2 mil 796 kilos de cocaína con un valor estimado de 47 mil 400 millones de dólares.

Avila Beltrán tuvo un breve amorío con Zambada, dice el ex oficial de la DEA, Vigil, y ella también trabajó con otros sindicatos establecidos en Sinaloa, flojamente agrupados bajo la tan mencionada alianza de la Federación. "Ella estaba muy bien tutoreada por su novio colombiano, y él le dio a ella mucha extensión en la coordinación y contrabando de drogas a través de la frontera con Estados Unidos", señala Vigil. "Sandra es atractiva y encantadora, y fue capaz de desarrollar una gran cantidad de contactos políticos (dentro de México), y en lo individual proporcionaba tremenda asistencia a los colegas colombianos de Espinoza Ramírez".

El primer marido de Avila Beltrán fue un comandante deshonesto de la Policía Judicial mexicana, llamado José Luis Fuentes, y ella le dio al menos un hijo. Fue Fuentes quien le puso el mote de "Mi Reina", le dijo Avila Beltrán a las autoridades después de su arresto. El policía usaba sus ganancias procedentes del comercio de drogas para enviar a su esposa a comprarse ropa y joyas en París y Estados Unidos, y le compró condominios frente al mar en Puerto Vallarta y en otros centros vacacionales del Pacífico.

Fuentes fue posteriormente asesinado por alguno de sus ex-colegas de la Policía Judicial Federal en Sinaloa en la ciudad de Novolato, y el siguiente marido de Avila Beltrán fue Rodolfo López Amavizca, que era otro oficial corrupto. El entonces titular del Instituto Nacional para el Combate a las Drogas, López Amavizca estuvo con Avila Beltrán solamente un breve tiempo a mediados de la década de 1990; más tarde él fue asesinado en un cuarto de hotel en la ciudad de Hermosillo por sospechosos del narco en el año 2000.

Cambio de alianza

Cuando asesinaron a López Amavizca, Sandra se fue con Espinoza Ramírez, apodado "El Tigre", pero su supuesto involucramiento en el comercio de drogas no fue conocido inmediatamente por las autoridades estadounidenses y mexicanas. Vigil dice que Avila Beltrán apareció por primera vez en el radar de la DEA a finales de 1990 a través de informantes que la implicaban directamente en actividades de contrabando.

El decomiso de diciembre de 2001 de un enorme embarque de cocaína a bordo del barco "Macel" en el puerto de Manzanillo del Pacífico mexicano reforzó la evidencia contra ella, debido a que grabaciones en su teléfono celular encontrado en el barco subsecuentemente ligaron los cargos con Avila Beltrán y Espinoza Ramírez, quien también fue arrestado en la Ciudad de México la noche de la captura de ella el mes pasado.

En 2002, el hijo adolescente de Avila Beltrán fue secuestrado en la ciudad de Guadalajara, y los 5 millones de dólares demandados por los secuestradores sorprendieron de sobremanera a las autoridades policiacas cuando ella reportó el rapto. En el evento, Avila Beltrán personalmente se hizo cargo de las negociaciones con los secuestradores de su hijo, y procuró liberarlo a cambio de un pago de 3 millones de dólares, dice Patiño.

Las autoridades mexicanas desde entonces observaron más de cerca las finanzas y los negocios de Sandra Avila. En octubre de 2002 el abogado federal emitió un boletín acusándola de tener dinero lavado de origen colombiano a través de la compra de 225 terrenos, dos casas y un salón de bronceado en la ciudad de Hermosillo.

Los hábitos de vanidad y la gastronomía de Avila Beltrán ayudaron a las autoridades mexicanas a rastrearla en la Ciudad de México. Ella con frecuencia cenaba en el restaurante cantonés Chez Wok, en el exclusivo distrito de Polanco y en esa misma zona elegante, a unas cuadras estaba la lujosa estética a donde ella acudía.

"La Reina del Pacífico" está detenida en una cárcel en la Ciudad de México, mientras espera el resultado de las investigaciones para su extradición a los Estados Unidos.