"El sexo y los desnudos, siempre que estén justificados, me parecen bien. Además, yo estoy muy a gusto con mi cuerpo", dijo Paz Vega
Borja Bas/El País
Madrid, España.- A veces un tropezón no basta para sacarte del mapa en Hollywood. Paz Vega empleó todo su armamento sensual como bailarina psicópata en The Spirit, donde compartía plató con Samuel L. Jackson o Scarlett Johansson. Un previsible salto al estrellato que, sin embargo, acabó resultando el mayor bluff de las navidades pasadas. Pero ni eso ha podido cambiar su signo. A sus 33 años, esta sevillana ha aprendido que existen muchas puertas a la meca del cine. Y Paz entra y sale por ellas con soltura.
Desde que, según sus palabras, "Hollywood vino a visitarme a mi casa" con Spanglish, avanza sin prisas en el mercado internacional. En los dos últimos años ha vivido el angustioso secuestro de su hija junto a Simon Baker, el prota de El mentalista, en Not forgotten; ha estado de barbacoa en Malibú junto a Shannen Doherty, la Brenda de Sensación de vivir ("la primera serie a la que me enganché"), porque participan juntas en Burning palms; y ha rodado con el ganador de un Oscar a la mejor película extranjera. Este último, Danis Tanovic, responsable de En tierra de nadie, le ofreció el papel de novia de Colin Farrell sin hacerle siquiera casting. En Triage, él es un fotógrafo de guerra que regresa a Dublín traumado de Kurdistán y ella, la novia española comprensiva. Completa el reparto el imponente Christopher Lee, abuelo en la ficción de Paz, que asegura que "cuando le tienes delante no puedes pensar en el Drácula que interpretaba para la Hammer, es una persona muy amable y dulce".

EP3. ¿Romperás alguna vez con el estereotipo de novia latina?

Paz Vega. Hace poco participé en una película, The human contract, en la que no tengo nada que ver con lo latino, hago de marchante de arte. Lo que no puedes hacer es huir de lo que eres. Y yo soy española. Hay que trabajar con eso y sacarle el máximo partido. Yo no aspiro a los papeles de Nicole Kidman, obviamente, pero es que Nicole Kidman tampoco puede aspirar a papeles que pueda hacer yo.

EP3. ¿Y puedes aspirar a los papeles de Penélope Cruz?

P. V. A esos, sí, obviamente.

EP3. ¿Coincidís mucho?

P. V. La verdad es que no. La última vez, en su estreno de la película italiana No te muevas. Hace años, imagínate.

EP3. Penélope encontró en el productor Harvey Weinstein un inmejorable padrino. ¿Hacen falta para triunfar allí?

P. V. Yo no he tenido padrinos. Cuando trabajé con Morgan Freeman [en Dame 10 razones] le pusieron esa etiqueta, pero es una persona con la que trabajé y a quien guardo mucho cariño. Nada más.

EP3. ¿Te quedaste un poco chafada tras el fracaso de The Spirit?

P. V. Chafada, no. Pero me reconfirmó que en esto no hay secreto. De repente, una película como ésta que han estrenado ahora y que ha costado 7.000 dólares y ya lleva recaudados cuarenta y tantos millones...

EP3. ¿Paranormal activity?

P. V. Ésa. De repente, funciona. Y una con actores y un director de primera línea falla. El cine es una ciencia inexacta.

EP3. ¿Una mujer joven, casada y con hijos puede alcanzar el éxito en Hollywood?

P. V. Yo no busco triunfar. Busco seguir trabajando. En España ahora está más difícil, surgen más proyectos en Hollywood. Aunque yo vivo muy al margen de todo lo que es esa industria, voy muy a mi bola. Estoy con mi familia y mis niños, hago mis películas y ya. Por eso no espero más. No me voy a involucrar más de lo que estoy.

EP3. Muchas actrices relegan la maternidad hasta que se les agota el reloj biológico. ¿A ti te ha traído inconvenientes en tu carrera?

P. V. Seguro que sí. Y que los seguirá trayendo. Depende de cuáles sean tus prioridades. Yo, afortunadamente, encontré a la persona adecuada hace tiempo [Orson Salazar, su marido y representante], y a los dos nos apetecía ser padres. Además, esto es como una droga. Primero tienes un hijo, luego, otra, le coges el gusto y quieres muchos. He perdido oportunidades, sí, pero, como yo digo, películas hay miles y un hijo se tiene una vez. Lo tengo muy claro: mi idea es formar una gran familia.

EP3. ¿Volverías a ser empresaria nocturna?

P. V. No creo. La vida va por épocas. En la de salir, mi chico y yo montamos una discoteca en Madrid. Pero eso ya pasó.

EP3. Ahora sois socios de una clínica estética en Madrid. Para ti ¿cuál es el límite en el uso del ácido hialurónico y el botox?

P. V. El límite está en siempre ser tú. El otro día me preguntaban: "¿Estás de acuerdo con la cirugía estética?". Y no es cuestión de estar de acuerdo. Es que, de la misma manera que uno se cuida por dentro, hay que cuidarse por fuera. Para mí está bien. No sólo porque viva de mi imagen, sino porque, si la ciencia te da la posibilidad de sentirte bien, ¿por qué no?

EP3. Hace poco abogabas por la ausencia de Photoshop desde la portada de una revista. ¿Reniegas de él?

P. V. En la cara, sí. Siempre que no sea para quitar un granito o unificar el tono de la piel. Para eso sí lo autorizo, e intento tener yo la última palabra, pero no para cambiar la expresión. Me da muchísimo miedo. Y en el cuerpo, para corregir alguna arruga del vestido o el volumen de una prenda que no queda bien. Pero no me gusta engañar y luego ser otra en pantalla. Yo soy yo, esté más gorda o más delgada.

EP3. Con los años, ¿se gana o se pierde en pudor?

P. V. El sexo y los desnudos, siempre que estén justificados, me parecen bien. Además, yo estoy muy a gusto con mi cuerpo.

EP3. Entonces, ¿repetirías hoy una película como Lucía y el sexo?

P. V. Sí, sí, perfectamente. Lucía y el sexo es una película fabulosa que, además, me ha dado mucho. Ahora lo tomaría con mucho menos apuro que como lo tomé en su momento. Cuando leí el guión, recuerdo que me asusté muchísimo y pensé: "Por un lado es una oportunidad para trabajar con Julio Medem, pero por otro es un trabajo por el que voy a estar muy expuesta". Fue un shock. Pero si me la ofrecieran hoy, ni me lo pensaba.

EP3. ¿Crees que debería aplicarse en España el modelo francés de dos avisos y desconexión a quienes descarguen películas ilegalmente de Internet?

P. V. No tengo una postura muy agresiva en ese sentido. Comprendo que es una época difícil para todos y que la gente quiere divertirse. Y, para quien no tiene dinero para ir al cine, entiendo la posibilidad de descargarse una película ilegalmente por Internet. A lo mejor la solución no va por cortarles la conexión. Yo tengo amigos que se descargan películas, pero ¿qué les digo? Ya sé que muchos de los que hacemos cine no veremos un duro de eso. Que cada uno decida. Yo, desde un punto de vista artístico, quiero que se vean, lo material no importa.