El "test de estrés", cuya publicación es inminente, pone cada vez más nervioso a los mercados financieros y hace al sector especular sobre la salud de los pacientes. "¿Cómo de estable es mi banco?", se preguntan tanto accionistas como clientes
Nueva York.- Desde hace semanas, los mayores bancos de Estados Unidos vienen somentiéndose a una especie de "electrocardiograma" ordenado por el gobierno en Washington para analizar su estabilidad.

Hasta ahora, el Estado, como médico encargado, se mantiene en silencio. Pero se espera que los resultados comiencen a llegar esta semana desde Washington a los bancos. El objetivo de la investigación anunciada hace dos semanas por el gobierno es analizar de pies a cabeza a los 19 bancos líderes estadounidenses con activos de negocio superiores a 100.000 millones de dólares.

De esos bancos, el que no esté preparado para afrontar un recrudecimiento de la crisis económica, deberá recibir una nueva inyección financiera, de ser necesario de parte del Estado. El abanico de los pacientes es grande: desde bancos altamente rentables como J.P. Morgan Chase hasta el Citigroup, uno de los mayores perdedores de la crisis mundial.

Bajo la dirección de la Reserva Federal, expertos estudian con modelos de cálculo la capacidad de supervivencia de los bancos en dos escenarios diferentes acerca de un empeoramiento de la economía. ¿Qué pasaría si hubiera una tasa de desempleo superior al diez por ciento y los correspondientes impagos de créditos? ¿Qué posibilidad de sobrevivir tienen las empresas si el mercado doméstico se contrae otra vez en una cuarta parte?

Muchos expertos aplauden el test, al considerarlo el chequeo más profundo llevado a cabo hasta ahora, como medida de precaución ante un nuevo agravamiento de la crisis. Otros se quejan sin embargo de que los escenarios simulados no son los suficientemente pesimistas. El profesor de banca de la universidad alemana de Colonia Thomas Hartmann-Wendels parte de la base de que no fueron contemplados en la investigación algunos efectos negativos, aunque opina al mismo tiempo: "En un test de estrés se puede aniquilar a cualquier banco por sólido que sea, si se emplean suposiciones lo suficientemente negativas".

Todavía más estrés genera la espinosa cuestión de cuántos detalles de los resultados quiere desvelar el gobierno. Si el informe pone de manifiesto una debilidad de los bancos, expertos temen que se produzca de nuevo un círculo vicioso, como durante las peores turbulencias de la crisis financiera en otoño (boreal): las cotizaciones bursátiles de las "ovejas negras" podrían de nuevo caer, los clientes retirar su dinero y con ello empeorarse radicalmente la situación.

Los rumores difundidos en un blog a principios de semana sobre los supuestos resultados demuestran lo nerviosos que están los mercados. Las cotizaciones de algunos bancos empezaron a caer, hasta que el Tesoro echó el freno de mano. "Ni siquiera nosotros tenemos todavía los resultados", afirmó un portavoz, tratando de extinguir el fuego.

La Fed quiere presentar este viernes primero los métodos utilizados en el test. Después, se discutirán los resultados a puerta cerrada con los bancos, antes de que se publiquen a principios de mayo resultados concretos. De todas maneras, todavía no se sabe lo concretos que serán.

El secretario del Tesoro, Timothy Geithner, dio a conocer por lo menos que una "mayoría de los bancos" dispone de suficiente capital. Según versiones de prensa de hace días, todos los institutos han aprobado en principio el test de estrés, aunque algunos bancos necesitan nuevas inyecciones por seguridad. También para la analista estrella Meredith Whitney el resultado está claro de antemano: "Más inyecciones de dinero".

Igualmente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) afirmó el martes que las pérdidas por créditos en problemas y otros valores tóxicos a raíz de la crisis podrían ascender a más de 4.000 millones de dólares, casi el doble de lo que se temía y una buena parte de ellas gn Estados Unidos.

Pero la cuestión acerca de nuevas ayudas es la cola de ratón de nuevos problemas y un agitado debate político acerca del rostro del capitalismo en Estados Unidos. El gobierno afirma que no estatalizará bancos, pero los conservadores hacen saltar la alarma en vista de que el Citigroup ya tiene una cuota estatal que podría ascender pronto hasta el 36 por ciento.

El presidente Barack Obama dijo hace poco: "No podemos construir esta economía de nuevo sobre el mismo montón de arena". Y dejó claro al mismo tiempo: Quien necesite dinero deberá también "rendir cuentas". Los dineros de los contribuyentes no se tiran en "un agujero negro", dijo.

Directivos bancarios como el jefe de Citigroup, Vikram Pandit, deberán temer por su puesto si sus entidades necesitan más ayudas. Obama no esperó mucho con el titular de General Motors, Rick Wagoner.

Bancos como Goldman Sachs y el Bank of America quieren devolver pronto las ayudas estatales, por miedo a un aumento en la voz del gobierno en asuntos internos de las entidades. Geithner dijo no obstante que esto no se producirá tan rápidamente y que la decisión depende de los resultados del test y de la necesidad de créditos por parte de las empresas.

Antes de aflojar la mano sobre los bancos, Obama quiere todavía en opinión de expertos forzar algunos cambios, por ejemplo rebajas en los horrendos intereses de las tarjetas de crédito, en algunos casos superiores al 30 por ciento. Muchos ciudadanos estadounidenses caen por ello cada vez más en la crisis.

Para mañana jueves, Obama ha citado a los jefes de los bancos en la Casa Blanca, siguiendo más bien el lema: "El que paga, manda".