Virginia Bautista (Excélsior)
El escritor cree que en Twitter o Facebook los avatares resultan más importantes que la persona misma
CIUDAD DE MÉXICO,.- Una pareja se encuentra en un restaurante: ella revisa mensajes de texto y él habla por celular. ¿Están reunidos realmente? Una persona capta diversas obras de arte, pero no sólo toma fotos, sino que ve toda la muestra a través del aparato.

Dos jóvenes filman un video de sí mismos haciendo el amor, porque si no se ven a través de "la realidad filtrada" piensan que el hecho no existió.

"Tenemos una vida espectral. El principal cambio de conducta de los últimos años es que hoy nos representamos a nosotros mismos a través de aparatos y de las redes sociales", afirma el escritor Juan Villoro, quien reúne en el libro ¿Hay vida en la tierra? cien historias escritas a los largo de 17 años, que sirven para retratar las costumbres contemporáneas.

"Y esta vida espectral no tiene que ver con nosotros, sino con avatares o dobles involuntarios que adquirimos: alguien puede suplantarte en Facebook, puede aparecer una opinión distorsionada sobre ti en Wikipedia, alguien te puede calumniar en Twitter.

El fantasma de ti mismo es, en ocasiones, más importante que tu propia realidad", comenta en entrevista.

El novelista y cuentista nacido en 1956 se pregunta: "En este mundo donde recibimos tantos estímulos y nos expresamos en tantos niveles, pero sin tener control de lo que hacemos, ¿dónde queda la realidad, dónde está lo cotidiano?

En un mundo de pins, passwords, códigos cibernéticos. ¿Quién eres tú y cómo te conduces?

"Y, sin embargo, seguimos enamorándonos, ilusionándonos, tenemos supersticiones, nos hartamos, soñamos. ¿Cómo ocurre lo cotidiano en un entorno de tantos simulacros? Eso es lo que quise captar", explica.

Los textos que integran el volumen de 434 páginas, con el que la editorial Almadía celebra su título número cien a lo largo de siete años del sello, buscan "reinventar el costumbrismo" en zonas no tan exploradas.

"A veces estamos tan abismados en las grandes noticias que no nos damos cuenta en cómo cambia nuestra vida o nuestras formas de comportamiento colectivo por la invención de la tarjeta de crédito o el internet", añade.

El también cronista y ensayista señala que su libro, para el que reescribió los artículos, crónicas o relatos publicados en distintos periódicos y revistas, se ubica en México y hay muchas referencias a nuestra "muy peculiar" identidad nacional.

"Los mexicanos consideramos, por un lado, que México es un desastre y, al mismo tiempo, que como México no hay dos. Hacemos un diagnóstico apocalíptico de la realidad en su conjunto, pero nos la pasamos carnavalescamente en las fiestas y en el desmadre que organizamos. Esta tensión entre ambas cosas ha dado lugar a muchas de estas crónicas", indica.

El narrador que regresa al país después de vivir tres años en Barcelona destaca que estos textos son cierta forma de cobrar venganza.

"La literatura surgió para subsanar dolores. La muerte, el sufrimiento, el exilio, la enfermedad, han dadolugar a grandes novelas. Las latas y molestias que vivimos a diario pueden volverse llevaderos a través de la literatura. Es una manera de cobrar venganza con humor de la lata que nos damos".

El también autor de literatura infantil dice que la observación -"abrir los ojos significa detener la realidad"- fue el principal método para descubrir estas historias escondidas en lo "infraordinario".

Sobre el periodo en que se leerán estas crónicas, considera: "Estamos en un momento muy crítico. Lo peor que nos ha pasado en la alternancia democrática es la pérdida de la expectativa. Es muy grave cuando un país no sólo siente que las cosas están mal, sino que carece de una ilusión concreta para cambiarlas.

"Recuerdo el entusiasmo que muchos tuvimos en 1988 con Cuauhtémoc Cárdenas, o en 2006 con López Obrador, que eran posibilidades esperanzadas de cambiar una realidad. Hoy llegamos a una contienda en la que hay pocas esperanzas, en la que votaremos por el menos malo y donde hay un descrédito muy grande de la clase política. Pero estos relatos sirven para recordar que en medio de un desastre macro nos la podemos pasar muy bien en la anécdota diaria", concluye.