Foto: Vanguardia/Archivo
La Jornada
Es imposible expresar la gran riqueza del mensaje que nos da la música
México, DF. Para Vladimir Ashkenazy (Gorky, 1937) es imposible discernir cuál de sus dos facetas dentro de la música le es más entrañable y gozosa: si la de pianista o la de director de orquesta.

Ello, no obstante de que es una leyenda viva del piano, ganador de varios de los más importantes premios de la especialidad en el mundo, entre ellos el Chopin, de Polonia, y el Chaikovsky, de Rusia, así como la nada despreciable friolera de cinco premios Grammy.

Es imposible para mí decir cuál me da más placer. Para ser justo, la música, per se, es el objetivo principal para realizar lo que hago, señala el artista ruso naturalizado islandés.

La música clásica o de concierto –yo la llamo la gran música– contribuye enormemente a la conciencia base y los más altos ideales de nuestra vida. Espero, por ello, que pueda seguir enriqueciendo existencias y manteniéndose en poder de la humanidad el mayor tiempo posible.

Este es sólo uno de los temas que Ashkenazy trata en la entrevista con La Jornada a propósito del par de presentaciones que ofrecerá en México al frente de la Orquesta Filarmónica de Londres, hoy y mañana, como director invitado.

La primera será en el Auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes (Cenart), con un programa que incluye obras de Ralp Vaughan Williams, Ludwig van Beethoven y Johannes Brahms. La segunda será en el Auditorio Nacional, con un programa de naturaleza rusa, que incluye obras de Mijail Glinka y Piotr Ilych Chaikovsky.

–¿Tiene para usted un sentimiento o emoción especial tocar o dirigir música rusa?

–Ya que pregunta acerca de la música rusa, tengo que admitir que sí, soy un gran aficionado, pero mi gusto no se centra exclusivamente en ella y, por tanto, no quiero ponerla en una categoría especial.

"Mi repertorio es extenso e incluye una amplia gama de obras de autores tan diversos como Mozart, Brahms, Schubert y otros grandes compositores; es imposible para mí mencionarlos en orden de preferencia. Ciertamente, la de Rusia es una contribución muy importante a la gran música del mundo".

–¿Piensa que todavía es factible hablar de nacionalidades en el arte? ¿Es posible, por ejemplo, escuchar música rusa totalmente pura en la actualidad?

–No creo que uno deba ser ser forzosamente ruso para poder identificarse con la música rusa. Por ejemplo, creo que las interpretaciones de Furtwängler de las sinfonías de Tchaikovsky están entre las mejores.

Por supuesto que me considero ruso y el concepto de lo nacional, relacionado con ciertas áreas, todavía está vigente, aunque el mundo se está tornando cada vez más unificado. Pero hoy día podemos tener acceso a cualquier rincón del mundo y a cualquier aspecto de sus diversas culturas tan fácilmente que cada vez es más complejo hablar de sentido de pertenencia de un determinado país. Trato de absorber lo más que pueda de diversos países y culturas, y estoy disfrutando grandemente.

"Para mí, los diferentes compositores y sus obras no deber ser puestos en categorías en función de las nacionalidades. Me siento muy privilegiado de tener la oportunidad de realizar la gran música que compusieron y aplico toda mi energía en hacerla lo mejor que puedo. Es un legado que tanto tiene por ofrecer, que las palabras son insuficientes para expresar la alegría que esta música nos da y la visión que nos ofrece para la comprensión de nuestra propia existencia".

–¿Con cuál de sus facetas se siente usted más cómodo y contento, con la de director o como pianista?

–Me gusta inmensamente tanto tocar el piano como la dirección. Me es imposible decir cuál me da más placer. Para ser justo, la música, per se, es el propósito principal para hacer lo que estoy haciendo. Creo que hasta ahora he logrado mantener bastante buen equilibrio entre ambos enfoques. Todo mi empeño está centrado en hacer la música de la mejor manera que me sea posible. Ese es, pues, mi principal objetivo.

–¿Cuáles son, entonces, las principales diferencias entre tocar el piano y dirigir una orquesta? Son varios los pianistas que afirman que el piano es una orquesta completa.

–No hay ninguna diferencia espiritual. La única diferencia son los aspectos técnicos. En el caso de la dirección, en primer lugar, cómo lograr comunicar a la orquesta las ideas que tiene uno de la música y, en segundo, que la orquesta las entienda y lleve a cabo el mensaje del director.

–¿Es cierto que una orquesta puede ser el modelo de una sociedad democrática real?

–La orquesta, como cualquier grupo humano, está llena de diversos personajes y ambiciones. Y, al igual que cualquier otro grupo y en función de las circunstancias, no está exenta de situaciones complejas y conflictos entre algunos individuos o secciones, los cuales no son fáciles de identificar de inmediato fuera de escena.

"Por cierto, estoy muy impresionado con la forma en la que los representantes de la Orquesta Filarmónica de Londres están al tanto de la existencia, la prosperidad y la riqueza de la agrupación."

–¿Cuál es para usted el significado social de la música de concierto y las orquestas sinfónicas?

–¡Puede escribirse un libro sobre ese tema! La música tiene mucho que ofrecer. Las palabras no son suficientes para expresar la alegría que nos da, la inmensa riqueza de su mensaje y la idea que este gran logro de la humanidad brinda para la comprensión de nuestra existencia.

Las personas que finalmente encuentran la manera de entender esta gran música y que la hacen parte de su vida, se benefician de ella espiritualmente a un grado tan alto que casi es imposible de obtener de otra manera.

Creo que la música clásica o de concierto –yo la llamo la gran música– contribuye enormemente a la conciencia base y los más altos ideales de nuestra vida. Espero, por ello, que pueda seguir enriqueciéndola y manteniéndose en poder de la humanidad el mayor tiempo posible.

–¿Coincide en esa percepción extendida de que las orquesta sinfónicas se encuentran en riesgo de desaparecer?

–En cierto modo estoy de acuerdo con eso. Sólo puedo decir que, desafortunadamente, es muy problemático mantener el funcionamiento de las instituciones de buena música. Las autoridades gubernamentales muy rara vez se interesan en apoyarlas.

Este no es un situación privativa de nuestros tiempos, siempre ha existido y era parte de la vida de grandes compositores, como Bach o Beethoven.

Los músicos tienen que trabajar mucho para ganarse la vida y espero que siempre haya esas personas de diferentes sectores de la sociedad que nunca dejarán de apoyar a los músicos, orquestas y otras instituciones musicales.

"Me gustaría que la buena música estuviera expuesta a más personasñ enriquecería su vida y sus experiencias a un grado difícil de describir."