Por Francisco Rodríguez / Semanario Vanguardia
Obed fue uno de los trabajadores que murió en la explosión: este viernes pasearía en la Alameda de Torreón a su sobrina
Torreón, Coahuila.- Obed Carlos Rodríguez Hidrogo, de 47 años, dormía cuando escuchó la explosión en la carretera federal 30, tramo Monclova-Cuatro Ciénegas. Se levantó del campamento donde contaba las horas para seguir construyendo la ampliación de la carretera Nadadores-Sacramento; para la empresa JIMSA. Él y sus compañeros llegaron al lugar, a metros de donde estaban. La segunda explosión le tocó a él.

Su hermana Claudia, la cuarta de cinco hermanos, ni siquiera sabía dónde quedaba tal lugar. Ella recibió una llamada a su casa en el Paso, Texas. Su mamá, doña Carmen, aún recuerda el sonido del teléfono. Ella tenía cuatro días de vacaciones en los Estados Unidos.

A Claudia le dijeron que su hermano Carlos estaba grave debido a un accidente de carretera. A los 10 minutos le hablaron para decirle que ya había muerto, era mentira, Carlos murió al instante.

Su cuerpo quedó más de 40 horas en la parte trasera de un tráiler solitario. Su familia no había respondido por él, se perdieron su cartera, documentos, credenciales y fotografías familiares.

Minutos antes del entierro, su hermano Alejandro cuenta por qué el cadáver de Carlos fue el último en recoger: "Nos decían que ya venía, que lo traía el DIF, que el Gobierno, pero no llegaba. Nos hartamos y fuimos por él".

Ayer por la tarde, Alejandro, su hermano Armando, Claudia y su padrastro Jaime López, manejaron hasta Monclova, reconocieron el cuerpo y regresaron.

Aunque el cadáver de Carlos fue el último (originario de Torreón) en recogerse después de la explosión, ahora es el primer cuerpo en enterrarse.

EL ENTIERRO

Entre Tecates y San Matías, hermanos, primos y amigos de Carlos excavan el espacio donde será enterrado. En el panteón de la colonia San Antonio de los Bravos.

Aún recuerda Alejandro cuando vio las noticias el lunes por la mañana, "tendría que ser mucha coincidencia", se dijo. Decidió no hacerle caso y acudir al trabajo, igual que sus otros hermanos. Por la tarde recibió una llamada, la coincidencia no fue tanta.

Hoy Alejandro se encuentra cargando el féretro de su hermano. Al entierro llegaron más de 50 personas arriba de un camión. Entre ellos, los tres hijos de Carlos: Carlos, Saida y Edgar. Los dos primeros ya casados y el último de 12 años. Todos de distintas mujeres. El menor, hasta antes de la muerte, vivía con él.

Carlos Rodríguez Hidrogo, dicen los que le conocían, era un hombre tan bueno "que por eso mejor se fue". Murió mientras buscaba ayudar al prójimo. Dicen sus hermanos que tenía trabajando muchos años para la empresa JIMSA. Se iba 15 días a trabajar y después regresaba a descansar tres.

Este viernes 14 le tocaba descansar. Había planeado festejar "el grito" con la familia y pasear a su primera nieta (hija de Saida) de un año, por la Alameda.