NOTIMEX
Nueva York, EU.- Durante la campaña electoral en Estados Unidos se está hablando mucho de la raza y del sexo, pero también de la edad, de si el candidato republicano John McCain es demasiado viejo para ser presidente.
El debate está en si sus 71 años -que serían 72 en caso de que gane las elecciones de noviembre y con ello se convertiría en el presidente más viejo en jurar su cargo en la historia del país-, son un inconveniente o no para lograr sus aspiraciones.

La demócrata Hillary Clinton juega la carta de que sería la primera mujer presidenta, su compañero de filas y rival en las primarias, Barack Obama, la de que sería el primer afroamericano, pero el ex veterano de Vietnam no puede jugar la de que sería el presidente más viejo.

Aunque tampoco lo oculta -algo que sería imposible-, intentando, eso sí, bromear o quitar importancia al asunto. Como cuando dijo recientemente en un mitin 'ya sé que no soy el candidato más joven, pero sí el que tiene más experiencia'.

Además, los otros contendientes se han encargado de recordárselo. Por ejemplo, en los últimos meses Obama ha hecho varias referencias 'al medio siglo de experiencia' que acumula el senador por Arizona, no sin cierta ironía.

Lo más usual es que, al igual que Hillary, le asocie con 'políticas del pasado'. 'Y nosotros queremos ser la opción del futuro', añade a continuación.

Las encuestas también reflejan que una amplia parte de la gente muestra cierta preocupación por tener a un presidente mayor de 70 años. Además, cuando se hace la pregunta de con qué palabra identifican al republicano gana de largo 'viejo'.

Otra de las cuestiones que salta de vez en cuando es si sólo estaría en la Casa Blanca un mandato (de cuatro años), en vez de los dos a los que puede optar como presidente. McCain lo ha descartado, pues señala que sería visto como un presidente saliente desde el primer día.

Desde la campaña de Obama y de Clinton han señalado que no usarán el tema de la edad para atacar al veterano de Vietnam. Los estrategas creen que presionar demasiado sobre este asunto podría ser contraproducente.

Los ataques más directos se los dejan a otros miembros del partido (como el congresista John Murtha) o de su círculo que tienen una edad parecida, conscientes de que los únicos que pueden sacar a relucir este tema son ellos pues no pueden ser acusados de 'discriminar por la edad'.

En lo que sí tendrá que ver, según los analistas, su edad es a la hora de elegir quien le acompañara en la fórmula como vicepresidente.

La lógica es que escoja a alguien bastante más joven para compensar la balanza, sobre todo si finalmente se enfrenta a Obama, de 46 años. Hillary tiene 60.

Eso sí, de momento su avanzada edad no se ha dejado notar demasiado en su campaña, que marcha a un ritmo frenético, con mítines casi a diario, ruedas de prensa y volando de una punta del país a la otra cada semana, con días en los que apenas duerme cinco horas.

McCain, con heridas de guerra por los cinco años de tortura y cautiverio que sufrió en Vietnam, sobreviviente de un cáncer de piel, recuerda a menudo la vitalidad de su madre Roberta, de 96 años, que a veces le acompaña en los mítines. 'Lo llevo en los genes', suele decir.

En la historia reciente se han dado casos de mandatarios de avanzada edad, como Ronald Reagan que tenía 73 años cuando ganó la reelección en 1984 (69 cuando llegó por primera vez a la Casa Blanca).

Su equipo de campaña, consciente de este hecho, le presentó durante los meses previos como un hombre activo y atlético.

Bob Dole tenía esa misma edad cuando se lanzó para intentar arrebatar la presidencia a William Clinton en 1996, lo que no consiguió.

Muchos recuerdan cómo era el propio Reagan el que sacaba el tema, casi siempre en clave de humor.

Como por ejemplo cuando señáló que 'quiero que sepan que no haré de la edad un asunto en esta campaña' para luego añadir, entre las risas de los presentes, que 'no voy a explotar por intereses políticos la juventud e inexperiencia de mi oponente'.

Pero Dole no corrió la misma suerte 12 años después, cuando el equipo de Clinton tuvo éxito al presentarle como una reliquia del pasado ante un futuro abierto a las nuevas tecnologías (internet acababa de aparecer, por ejemplo).

Además, el aspirante republicano tampoco ayudó a su causa. En una ocasión se refirió a los Dodgers cuando jugaban en Brooklyn, cuando el equipo de béisbol se mudó a Los Angeles en 1958. En otra, tropezó y se cayó del estrado, una imagen que llegó a las primeras planas.

Los analistas señalan que los estrategas de McCain deberán sacar de estos dos casos -el de Reagan y el de Dole- las lecciones adecuadas para situarse en el peor y en el mejor escenario.