Nadie mata por indiferencia
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Si usted está leyendo esto es porque el mundo no se acabó ayer viernes 21.
VANGUARDIA aplicó una encuesta a los saltillenses; se les preguntó ¿Qué haría en el último día de la existencia de la Tierra, en caso de que el 21 de diciembre fuese el fin del mundo?
El 30 por ciento de los encuestados dijo que estaría con los hijos, con la familia convivir con ellos, abrazarlos y decirles que los quiere; el 19 por ciento respondió que lo que haría sería rezar, darle gracias a Dios por todo e ir a un templo. El 11 por ciento pediría perdón.
Me pregunto, ¿no se supone que eso lo podemos hacer diario o al menos de manera frecuente? ¿Por qué esperar al fin del mundo para darle tiempo y cariño a la familia, rezar y dar gracias a Dios?
Un 13 por ciento se divertiría en fiestas, borrachera o viaje. Un 6 por ciento afirmó que se preparó estando bien con sus seres queridos, viviendo al máximo, estando bien con Dios, divirtiéndose.
Volvemos a lo mismo, ¿por qué no hacer esto todos los días? Para vivir bien no debería ser necesario que nos amenacen con el fin del mundo, mediante campañas publicitarias.
Desgraciadamente trabajamos bajo presión.
Para quien sí se terminó el mundo fue para un indigente en Saltillo. La nota sobre la muerte -aparentemente por frío- del indigente dice: "Nadie fue enviado para auxiliar a Manuel Ezequiel Ramos, señalaron comerciantes del sector. Llamé a una ambulancia, al 065, pero nunca llegó, no mandaron a nadie para que lo ayudara, ya a las 05:00 horas que volví para checarlo lo encontré ya muerto".
La persona más indolente, indiferente, poco solidaria e irresponsable se llama "Nadie". Mencionan mucho al señor "nadie", pero ¿quién es nadie?
Nadie somos todos, cuando doblan las campanas doblan por tí. Cuando muchas personas ven un necesitado, ninguna lo ayuda, porque espera que alguien más lo haga. Somos muy poco solidarios ante la desigualdad de ingresos.
Cuántas veces pasan a nuestro lado personas necesitadas y pocas veces les damos la mano; en esta época del año el bombardeo de mensajes publicitarios programa el cerebro diciéndole: "Tienes que gastar".
Estamos ocupados en hacer pendientes, ensimismados en nuestros propios problemas y preocupaciones irrelevantes. Problemas como: Ir a cobrar un cheque al banco y hacer fila, cuando hay personas que no saben lo que es un cheque y nunca reciben uno.
Problemas como aquel que tiene tanto dinero, que no encuentra ni en qué gastarlo y que, aunque compre y consuma cada vez más, sigue sintiéndose vacío e insatisfecho.
Mientras aquí tenemos problemas para bajar de peso, en Africa o en algunos ejidos se mueren de hambre.
Nos agobian preocupaciones como el elegir entre tanta ropa qué ponerse, cuando hay personas que sólo tienen un cambio de ropa y mueren de frío del clima y de la indiferencia.
Nos molesta tener que arreglar el carro y andar a pie unos días, cuando hay personas que a diario se mueven a pie, en bici o en transporte público.
Nos quejamos por sentirnos mal por la mañana porque cenamos y tomamos mucho desvelándonos en la fiesta, mientras hay personas que no durmieron, ni cenaron porque están cuidando un enfermo en un hospital público.
Cuando nos olvidamos un poco de nuestros "grandes" problemas y volteamos a ver -sin indiferencia- los de los demás, somos cada vez más felices. Que vivamos una feliz Navidad.