Agencias
Cancún, Q. ROO.- Y la odisea culminó con un sabor agridulce, con un premio de menor valor al imaginado. Al igual que los 5 mil atlantistas que acudieron al partido de vuelta de las semifinales ante el Guadalajara, Gonzalo Amaya esperó ansioso el silbatazo final de Armando Archundia, pero su festejo fue tan profundo como efímero.
Lo que le interesaba era formarse para intentar adquirir boletos para la final, sobre todo porque la lógica indicaba que el Santos no se repondría de la desventaja de tres goles ante los Pumas.

Y a las 11:00 de la noche del sábado anterior inició su aventura.

"Atlantista desde siempre", como él mismo se define, Amaya Martínez fue la primera persona en comprar entradas para el encuentro del próximo domingo, luego de que la directiva azulgrana comenzara la venta de boletos este martes a las 17:00 horas.

Fue entonces cuando el clamor de cerca de dos mil personas terminó, pero sólo por unos instantes.

La ansiedad por llegar a la taquilla traicionó a varios, quienes arremetieron contra los elementos de seguridad que intentaban poner orden, el cual se reestableció hasta que la alegría provocada por tener una entrada invadía a quienes salían con el codiciado premio.

Aunque Gonzalo no abandonó el inmueble con la sonrisa que imaginó tener.

"La cosa era comprar cuatro boletos y a la mera hora nos dijeron que nada más dos", lamentó Amaya, quien se los dará a sus hijos "porque ellos tienen muchas ganas de ir".

"Yo veré cómo le hago", agregó, antes de que un suspiro lo traicionara. "Ya me voy a descansar, porque esto fue una chin.".

En total, 66 horas por dos boletos para un hombre que nació en el DF, aprendió a querer los colores azulgranas y al que el destino lo trajo a este puerto quintanarroense.