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México, D.F. .- El futbol mundial es perseguido por una sombra que conforme pasa el tiempo se vuelve más grande y oscura. Esta sombra que se esconde con el nombre de violencia ha cobrado centenares de vidas y un sin número de heridos en todo el orbe.
Y aunque se han sumado muchos esfuerzos, de momento no existe un antídoto para erradicarla de los estadios. Por su puesto, México no está exento de este fenómeno, aunque cabe resaltar que al menos en nuestro país es relativamente nuevo, sin embargo, avanza a pasos agigantados.

El tema preocupa en demasía a nuestras autoridades que desde hace algún tiempo han tomado cartas en el asunto, pues no se quiere llegar a lo que sucede en otros países de Latinoamérica y Europa, donde asistir a un estadio representa un peligro mortal.

El más reciente episodio de violencia en el país se suscitó el sábado pasado en el partido que disputaron Cruz Azul y Jaguares en el estadio Azul, cuando el chileno Ismael Fuentes, defensa del equipo chiapaneco, impactó de un manotazo el rostro de Miguel Sabah en la disputa del esférico.

Esta situación provocó el enojo de los jugadores celestes, quienes corrieron a reclamar de manera airada al andino, pero sus rivales de Chiapas respondieron con empujones, originándose así una batalla campal de grandes dimensiones, que si bien no tuvo mayores repercusiones, si tardó varios minutos en terminar.

Otro caso reciente de arrebato en nuestro futbol, pero en las tribunas se dio en Veracruz el pasado 25 de abril. En esa ocasión, un aficionado del equipo Tiburones Rojos agredió con un tambor a un policía, quien tras el impacto cayó cinco filas abajo provocándole varias contusiones.

Sin embargo, espectadores que asistieron a dicho encuentro afirman que previamente el uniformado golpeó con su tolete a un acompañante del agresor. Lo cierto es que la violencia velozmente se va apoderando de un espectáculo que hasta hace unas cuantas décadas era de corte familiar, al menos en México.

Grupos de animación de América, Tigres y Pumas, tan sólo por mencionar algunos, ya representan una auténtica amenaza a la seguridad, no sólo para el balompié nacional, sino para la sociedad en general.

Y es que a fuerza de ser sinceros fueron los propios clubes los que dieron pauta a esta violencia al permitir que la "barras" echaran sus raíces en suelo mexicano, aunque tampoco se les puede culpar, pues la falta de identidad de algunos aficionados mexicanos, quienes se han dedicado a imitar a las "barras bravas" de Argentina es, sin duda, un factor determinante.

El primer club que implementó en México esta manera de apoyar a los equipos fue el Pachuca (en 1995), que en su afán por revivir el futbol en una plaza que por varias décadas careció de un equipo de Primera División, contrató a un "experto" procedente de Sudamérica para que introdujera nuevas formas de alentar a los Tuzos y encender la pasión en las tribunas hidalguenses.

Lo que se desconocía es que este nuevo método sólo vendría a infectar el medio futbolístico local.

Una vez que se "argentinizó" la porra de Pachuca ("barra Ultra Tuza", la cual fue convertida a porra familiar hace un año por la propia directiva blanquiazul) no pasó muchotiempo para que surgieran nuevos grupos de animación con la categoría de "barras" y con ello la semilla de la violencia empezara a germinar hasta llegar a episodios como el que protagonizaron aficionados de Tigres y Pumas el pasado 29 de marzo.

Resulta que previo a dicho cotejo, los seguidores de ambos equipos iniciaron una batalla campal en el estacionamiento poniente del estadio Universitario, resultando siete personas heridas una de ellas de gravedad producto de una puñalada en el abdomen.

El año pasado el diario "Olé" de Buenos Aires publicó un artículo en el que reveló que los aficionados violentos del futbol argentino dan clases sobre sus métodos a los seguidores de varios equipos de México y Colombia.

Según el reportaje titulado "Colegio de animales", publicado en febrero de 2007, los miembros de las "barras bravas" de los clubes de Buenos Aires enseñan sus tácticas violentas a los "barristas" mexicanos y colombianos, y por sus clases cobran en dólares, lo anterior, sin duda, explica muchas cosas.

Y es que en Sudamérica los capítulos de barbarie son el pan nuestro de cada día, sobre todo en Argentina, donde la violencia ha rebasado por completo a clubes y autoridades.

El 15 de marzo pasado en ese país un seguidor de Vélez Sársfield apareció muerto en las cercanías del estadio de San Lorenzo minutos antes de que ambos equipos se enfrentaran en la quinta jornada del Torneo Clausura. El partido fue suspendido por el deceso, pero la decisión lejos de enfriar los ánimos originó más incidentes.

A la fecha, ya son 178 la cifra de fallecidos en incidentes vinculados al más popular de los deportes en Argentina en los últimos 69 años.

Las muertes de afionanados argentinos al balompié comenzaron en 1939, cuando en un partido entre Lanús y Boca Juniors murió un niño de nueve años.

Empero, la mayor tragedia del futbol en Argentina ocurrió en junio de 1968, cuando 71 personas fallecieron asfixiadas y 66 resultaron heridas en el estadio de River Plate, luego que millares de fanáticos intentaron abandonar el inmueble tras una serie de incidentes violentos, pero una de las salidas estaba cerrada, provocándose la tragedia.

El 3 de marzo de 2005, el ex portero del Colón de Santa Fe, Laureano Tombolini, reconoció públicamente que los futbolistas argentinos pagan dinero a los parciales violentos para evitar agresiones y proteger a sus familias.

También en algunos casos la violencia en el futbol puede estar íntimamente ligada a la política como sucede en Italia, donde el gobierno asegura que la extrema derecha lleva a los "barras bravas" a acciones subversivas.

Estos actos de violencia desataron el año pasado una crisis política en Italia a finales del año pasado tras la muerte de un aficionado del Lazio, quien fue alcanzado por una bala disparada por un policía, lo que provocó olas de desmanes de los "tifosi" en todo el país, una vez que las autoridades decidieron no suspender la jornada.

Pero no sólo mueren aficionados en Italia, también policías como fue el caso del agente Filippo Raciti, a quien le explotó un petardo en la cara durante grescas entre seguidores de Palermo y las fuerzas del orden en la isla de Sicilia en el clásico de la región disputado en el estadio "Angelo Massimino" de Catania también el año pasado.

Pero sin duda, el capítulo de violencia con más repercusión en la historia del futbol mundial fue el que ocurrió el 29 de mayo de 1985 en la final de la Copa de Campeones de Europa entre Liverpool y Juventus.

Tras una reyerta entre seguidores de ambos equipos se produjo una avalancha en las gradas, en el acto murieron 39 personas (34 italianos, 2 franceses, 2 belgas y un inglés). Esta tragedia es hasta hoy una de las que más víctimas han resultado en una cancha de futbol.

A raíz de este lamentable hecho, se expulsó a todos los equipos ingleses de las competiciones europeas por cinco años y al Liverpool por 10 años (sanción que luego fue reducida a seis).

Estos casos de violencia en el futbol parecen ser el reflejo de lo que sucede en la sociedad mundial y hasta ahora las medidas que se han tomado no han tenido el efecto esperado, situación que tiene bastante preocupados a los dirigentes de este deporte.